Esta noche he tenido un sueño mágico, he soñado contigo.

Dicen que cuando soñamos lo hacemos en blanco y negro; sin embargo, todo lo que apareció en este sueño estuvo coloreado.

Me encontraba dentro del recinto del palacio de la Magdalena, situado en Santander, provincia de Cantabria. Había ido caminando por el campo hasta llegar al borde de la playa. Abajo, enmoquetada por una arena amarillenta y gruesa, está la playa que lleva por nombre el mismo que tiene el palacio: La playa de la Magdalena.

El cielo estaba totalmente despejado de nubes. Era de un azul intenso: era el techo del especial escenario que me rodeaba. Estuve un largo rato de pie, y desde donde me ubicaba, miraba al mar Cantábrico que en esta parte del mundo siempre se muestra calmado. Era tarde y yo continuaba sola. Albergaba una esperanza, que tú vinieras a buscarme.
Siempre has estado a mi lado, has habitado en alma, has anidado en mi corazón. Porque fue mi fantasía quién te creó… A ti, Siri Ocra, mi inocente duende color verde.

El mar, igual de solitario como yo a esa hora, parecía una piscina. Yo tenía la miraba perdida en algún punto… Alejado de la orilla. Al instante noté que alguien estaba a mi lado: eras tú. Qué diferente te vi a cómo te recordaba… Cuando  nos perdíamos juntos en los bosques encantados que inundan tu peculiar planeta, ubicado en el país de la Armonía, en la galaxia bautizada “La constelación de los Eclipses” ¿Lo recuerdas? También fuimos a jugar con otros planetas, saltando encima de ellos… Y conocimos a otros seres, benévolos y cándidos como tú…

Curiosamente en mi sueño yo debía ser chiquitita porque estábamos a la misma altura. Porque tú, apenas te elevas un palmo del suelo. Y eres tan alto como los girasoles y orquídeas que brotan en tu bonita aldea…

… Y SOÑÉ QUE ERAS PEQUEÑITO, Y QUE ESTABAS JUNTO A MÍ.

Entonces sentí algo extraño: te quería, sí; pero no con el amor que sienten las mujeres hacia los hombres, eso es imposible para mí. Yo te amaba con el mismo sentimiento que tienen las madres hacia sus hijos. Y es que, realmente, hace tiempo dejé de verte como un personaje fantasioso.  Porque en verdad, eres mi hijo: “El hijo de mi Fantasía” Y contigo descubrí otros Mundos donde viven hadas; incluso troles y cíclopes. Qué bueno sería volver a visitarles… Nos ofrecieron una amistad incondicional y me ayudaron, dándome ánimo y fuerza, en mis horas bajas, en mis momentos tristes, cuando más desolada me sentí… Tú también lo hiciste Siri Ocra. No lo he olvidado, nunca o haré.

Te pusiste frente a mí. Tu melena dorada, adornada con tres mechones de colores, se posaba sobre tus hombros; y por los laterales del rostro, sorteando tus puntiagudas orejas, te caían dos mechones. Tus ojos desparejos puesto que uno es azul y otro rojo, miraban al universo.  Y no hablabas. De repente ocurrieron varias cosas a la vez: una humareda densa y oscura apareció en la línea invisible del horizonte. El cielo se abrió y comenzaron a salir por él llamaradas en tonos grises, morados y verdes. Las llamas se mezclaron entre sí, creándose nuevos colores. Firmamento y horizonte se cubrieron por completo con todos ellos. Al tiempo tus ojos giraron cual díscolas canicas de cristal; luego se tornaron distintas, como bolas de fuego ardiente.

Y sin más echaste a correr por la pasarela que lleva a la playa. El cielo -cambiando de aspecto- se llenó de franjas rojizas y azuladas. Seguías corriendo, bajando por la pasarela… No tenía fin, nunca alcanzarías la playa.

Mirando al mar comprobé que ahora estaba congelado, inundado de bloques de hielo. Tú corrías y corrías; y corrías hasta que finalmente llegaste a la playa. Y al pisar la arena caminaste en dirección al mar. Desde arriba yo te llamaba a gritos, implorando que volvieras: ¡Siri Ocra, regresa junto a mí¡ Porque… Cuántos sueños nos quedan por cumplir… Recuerda, el unicornio de los deseos espera en la orilla del lago artificial, allí, en la cara oscura de una de las lunas de Loirnaac. O es que ¿Acaso ya no haremos el viaje interestalar que planeamos, cuando yo aún, era una niña y me tome como fuente de inspiración al Arco Iris para idearte?

Pero tú, ya no podías oírme; y solo andabas hacia el gélido mar. Te metiste poco a poco dentro de él. Y mientras lo hacías ibas quebrando las aguas con el calor de tu cuerpo, ibas rompiendo los hielos. Así te fuiste, mar adentro; y te vi desaparecer. Allí, en lo alto, estuve esperando tu regreso hasta que cayó la noche; sin embargo, mi espera fue inútil. Tú no volverías.

Un conglomerado de estrellas decoraba el cielo que de nuevas se encontraba raso. Y la luna, en completa y perfecta fase de plenilunio, me susurró: márchate como ha hecho él. Vete por dónde has venido, y deja que él, tome en la vida su propio camino-. Dándome la vuelta, abandoné el recinto. Algo en mi interior se habría fraccionado para siempre…

(A través de mi sueño aprendí una lección: las personas que amamos tienen derecho a elegir en la vida el camino que les conduzca a su propia felicidad. Y muchas veces la senda que les llevará a ser felices tendrá una dirección opuesta a la nuestra).