Plumero multicolor.

Hace años, en el viaje que hice por tierras peruanas, conocí a una mujer nacida en Aguas Calientes, pueblo localizado a los pies del mayor atractivo turístico del país: Machu Picchu (que traducido del quechua significa Montaña Vieja).
Mi visita a la Ciudad de los Incas coincidió con el centenario de Machu Picchu (año 2011). De hecho -como bonito recordatorio- en la entrada del Parque Arqueológico Nacional, quien deseara podía estamparse un sello en su pasaporte.

Y bueno, todo esto está muy bien y tal y tal; pero mi intención no es hablaros del viaje sino de Maribel.
Maribel no había salido de Perú; y más allá de las boscosas e imaginarias fronteras de la antigua ciudadela, poco más habían visto sus ojos. Se había casado muy jovencita, estaba cargada de hijos y trabajaba de limpiadora en el hotel donde me alojé.
Por lo que sea, aquella mujer me enternecía sobremanera. Y como el dinero que ella no tenía me sobraba a mí, me propuse invitarle a Madrid un par de semanas para que viese mundo y otras formas de vivir.
Y sí, de aquellas me sobraban los dineros. Porque a un tío mío llamado Ciuco -que había nacido en un pueblo remoto de Cantabria y era más bueno que el pan- le tocaron “los ciegos”. Y como yo era su sobrina favorita y me quería como a una hija, me regaló parte de lo premiado, pues conjeturas caprichosas y extrañas del destino, a consecuencia de la diabetes se había quedado ciego.
Y como sabía que me gusta viajar más que a un tonto un bolígrafo, el hombre tuvo este gesto:
-Sobrinuca, ya que estoy ciego y solo veo oscuridad, ve tú con esas perras a ver toda la luz que no puedo ver yo-. Me dijo al entregármelo .-Luego, al regreso, vienes a contarme.

Pobre, mi tío murió un año antes de mi viaje a Perú. Una pena. Más que nada porque le gustaba mucho el arroz y le prometí que haría un viaje a China y le traería varias bolsitas con diversos tipos de granos de arroz:
-Figúrate lo que me gusta el arroz, que siendo ateo, cincuenta veces me volvería a casar por la iglesia con tu tía Manuela-. Me dijo una vez.
-¿Y eso por qué?-. Le pregunté yo.
-“Paices” boba sobrina. Pues “paqué” “vaser”. “Paque” me caiga encima una lluvia de granos de arroz.

En el año 2004 fui a China. Y en el Mercado de la Seda de Pekín compré tantas bolsitas de arroz que a la hora de facturar la maleta en el aeropuerto no hicieron más que ponerme pegas por exceso de equipaje, y, o pagaba los kilos de más o me quedaba sin arroz. “Jodios” chinos, saben más que el hambre ¡Pues no tuve que soltar 200 euros!
Bien caro me salió el arroz. Porque a ver: si pagué 100 euros en el mercado por el arroz, que lo suyo me costó sacarlo a ese precio después de estar tres cuartos de hora regateando con el vendedor…
Bah, ya da igual.
Quizá os hayáis preguntado: ¿si el tío de esta mujer había muerto, para qué quería el arroz? Buena pregunta, sí señor. Pues lo quería para llevarlo al cementerio y ponérselo junto a las flores en su tumba; pero cambié de idea.
Desde que viniera de China se la tenía jurada a los chinos del aeropuerto; y las cosas no quedarían así.
Y no, no quedaron así. Porque las bolsitas de arroz que traje de Pekín se las revendí -por el triple de lo que me costaron- a “los chinos” del pueblo de mi tío.
Al final el negocio me salió redondo: me llevé 100 euros de más. Aunque fue a costa de que pagasen justos por pecadores. Pero como dicen los asturianos: “ye lo que hay”.
En fin. Espero que donde quiera que esté mi tío Ciuco me haya podido comprender, y perdonar.

Y bueno, que todo esto a venido a colación de por qué podía permitirme invitar a Maribel a venir a España.
Aunque al principio mostró desconfianza (porque claro, no me conocía de nada) poco a poco, y a base de escribirnos por mail, la convencí. Pero como es más desconfiada que los chinos tardé diecisiete años en convencerla.
Pero vino, pero vino. Y estuvo de vacaciones conmigo -la primera quincena de julio- en un estudio que tengo en el barrio madrileño de Chueca.
Como quería enseñarle muchas cosas de Madrid, programé unas cuantas actividades. Y montamos en el autobús turístico; y la llevé al Retiro, al parque de atracciones, al zoo…
-A qué sitios me llevas Anchoíta, que ya no estoy para estos trotes-. Me diría desde lo alto de la noria de la Casa de Campo la jornada que pasamos allí.
-¡Anda Maribel, si a tus 69 años estás hecha una jabata!-. Exclamé.

Los días pasaron y llegó el día en el que Maribel se subió al avión de regreso a Perú.
Las vacaciones habrían sido casi perfectas de no ser por dos detalles: primero, al tercer día de estar en España unas personas, dirigiéndose despectivamente a mi amiga, le llamaron guachupina*. Y segundo, Maribel no comprendía por qué en Chueca algunos hombres iban de la mano de otros hombres o por qué dos mujeres se besaban en la calle ni por qué en muchos balcones y ventanas ondeaba la bandera Andina.

-Ay Maribel, esa no es la bandera Andina: es un “arco iris”, representativo del mundo gay-. Le aclaré yo.
-Entonces ¿El plumero que tienes en el cuarto de la limpieza, que pone made in China, es un producto fabricado en apoyo a estas personas?-. Me preguntó el sábado que estuvimos paseando por Gran Vía .-Como tiene los mismos colores…
Me quedé. Vaya conclusión, u ocurrencia. Pero es verdad: la bandera Andina y la del Orgullo son casi, casi iguales.
-Pues si el plumero les apoya, no seré yo quien le lleve la contraria, que por algo soy limpiadora-. Dijo convencidísima. Y añadió .-Además, la mañana que bajé a comprar el pan, recién salí de la panadería me crucé con una pareja de sudamericanos, que debían ser marido y mujer, e hicieron un comentario muy feo acerca de las lesbianas. Y yo pensé: estas cosas no están bien, así que abre tu mente y empatiza con esta gente. Porque de la misma manera que a mí me ofende que se metan conmigo diciéndome guachupina a ellos también les ofenderá que les señalen y juzguen, así, por las buenas-. Y cogiéndome del brazo, preguntó .-¿No es esta tarde el desfile de la cabalgata de la fiesta del Orgullo Gay?-. Y sin darme tiempo a responder, añadió .-Pues vamos a verlo y a pasarla bien no más; que el arco iris es el símbolo de la bandera de la Paz, y donde hay paz no puede haber guerra. Y allá donde no hay guerra reina el amor.

Bandera Andina. Chinchero. Perú. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

En resolución, qué razón tiene el que dijo que el alumno aprende del maestro y el maestro aprende del alumno. Porque en esta vida todos tenemos mucho que aprender y que enseñar.

Guachupina (o guachupino) está relacionada con la palabra gachupín, epónimo derivado del apellido cántabro Cachopines.