Desde la playa, en la orilla, mientras las templadas aguas del mar que bordean una isla afrodisíaca mojan mis pies, fijo la vista al horizonte. A la derecha los árboles parecen crecer directamente de las rocas; las nubes, más allá, avanzan hacia el lado contrario. Y allí, el sol va descendiendo lentamente. Entre colores rosados irá desapareciendo para volver a aparecer al otro lado del mundo, justo en las antípodas del punto exótico en el que me encuentro.
Pero no quiero, me niego a que ocurra. Por ello la cámara de fotos que tengo dentro de mi cabeza ha sacado esta instantánea, para que esta hermosa puesta de sol nunca se borre de mi memoria.
Cuando los ruidos invadan la soledad de mis días y las tinieblas le roben luz a las madrugadas, recordaré que en esta misma Tierra hay mil paraísos. Todos están aquí, en mi planeta. Y les cubre un maravilloso universo.