Estoy cuadrado.

La otra mañana, mientras Carlos estaba en el gimnasio y yo iba a nadar un ratuco a la piscineta, me para un vecino y me dice:
-Bon dia, reina. ¿A nadar?
-A ver, algo hay qué hacer, que este cuerpo mío no se mantiene solo-. Le contesté.
-Pero si a ti no te hace falta nadar, si estás muy bien.
-Ay, si yo no sé cómo estoy, ¿No ves que en mi casa no hay espejos?
-Ay, así no te desgastas, ché.
-Ay, pues por eso no los tengo, ché.
-Con espejos o sin ellos, ya te digo yo que estás muy bien, vecina; que lo vemos todos.
-Ya. Eso dice mi marido.
-Por cierto, tu marido está “cuadrao”-. Y mirando el barrigón del vecino, que parece que tenga adosado allí el Bombo de Manolo, le dije:
-Vecino, yo no sé si mi marido está “cuadrao”, porque al ser de letras no entiendo mucho de matemáticas y de cubos, pero mientras que no se ponga redondo, va bien la cosa.