Pintura de East Side Gallery (Muro de Berlín). Alemania. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Después de un largo camino
que ha durado kilómetros y kilómetros,
he caminado cabizbajo
con los pies destrozados y el alma en vilo:
tras cruzar la frontera, me paro para dar un suspiro.

La vida me robó mi verdadero nombre
pues otros me dicen “emigrante”.
Huí de mi tierra forzosamente por estar aquella en guerra
por ello mi condición de emigrante cambió.

Tras cruzar la frontera, ahora soy un refugiado.
Algunos paisanos míos
también huyeron del país que los vio nacer:
sus ideas políticas o religiosas,
distintas a las de los mandatarios
les convirtieron en gentes perseguidas.

Hoy, aun siendo un refugiado,
cierro los ojos y regreso al camino que me trajo hasta aquí:
por él siguen deambulando cientos, miles de extranjeros
que del mismo modo que yo están huyendo
sin entender realmente el por qué.
Refugiado o extranjero
tengo un corazón igual que el tuyo.
Y sin haber juzgado, me he visto juzgado y sentenciado
por los que ostentan el poder y llevan mi misma sangre.
Solo soy una persona, antes y después de cruzar la frontera.