Carátula de la película Point Break – Le llaman Bodhi.

(Antes de que inicies la lectura, te invito a que leas mi relato acompañándote de la banda sonora original de esta maravillosa película. Love on the beach del compositor Mark Isham es la primera melodía; la más sensual y bella. Te gustará decubrirla).

https://www.youtube.com/watch?v=7GlAQCS-Xcw&index=1&list=RD7GlAQCS-Xcw

Ansioso por llegar al destino que la vida me reservaba me presenté -nunca mejor dicho- donde me habían destinado. Era buen tirador y estaba preparado para enfrentar el cuerpo a cuerpo sin atisbo de duda o temor.
Estaba ilusionado. Había nacido para ser policía, o al menos eso creía yo; sin embargo al entrar al departamento de uno de los distritos de la Ciudad de Los Ángeles comenzó a morir en mi el sentir de querer ser agente.

El actor Keanu Reeves. Fotograma de la película Point Break – Le llaman Bodhi.

Tras mi carta de presentación y la lectura de mi impecable expediente un superior escupiría alaridos. Esta nefasta primera impresión supongo que debió provocar gran impacto en mi subconsciente, y aunque la motivación continuaba viva en mi alma, el contradictorio pensamiento de anhelar que llegara el último de mi carrera profesional se materializó.
Como compañero laboral me asignaron a un astuto veterano experto en resolver las tramas propias de la sección del grupo de atracos.
Desde largo tiempo una banda de atracadores de bancos traía de cabeza al personal. Eran impecables y perfectos en sus acciones delictivas. Parecían varones y no dejaban huellas ni vestigios incriminatorios. Descubrirles sería una ardua tarea porque no había rastro de ellos.
-Son fantasmas-. Decía mi compañero.
La única pista que había era que al momento de asaltar la sucursal bancaria llevaban puestas las máscaras de cuatro ex presidentes norteamericanos. Por lo demás el atraco era limpio, no había heridos y en menos de noventa segundos lo culminaban con éxito.
Siempre se hacían con un sustancioso botín y no mostraban interés por la caja fuerte.
Desde el principio de la investigación la adrenalina hizo acto de presencia en mí. Y cada día se intensificaba más y más.
Las jornadas laborales fueron pasando. Gracias al veterano adquirí experiencia policial. Invertimos horas y horas a objeto de localizar a los misteriosos delincuentes.
Un día, desde el departamento de Científica, llegó un indicio. El análisis de un mechón de cabello de uno de los atracadores resultó concluyente. En la muestra hallaron restos de residuos marinos. El informe era revelador: constataba que procedían de determinadas zonas costeras de California.
Ahora teníamos una prueba, un hilo del que poder tirar.
¿Y si los ex presidentes practican surf? Fue la pregunta que lanzamos al aire.
Debes infiltrarte y hacerte pasar por uno de ellos-. Propuso mi compañero .-Eres joven. Debes inmiscuirte en ese mundo. Son como clanes, y has de actuar como ellos.
Ante la propuesta no di crédito. No había ingresado en la academia de Policía para codearme con melenudos que llevan vidas salvajes. Obviamente mi conducta y estilo de vida es diferente. Además en mi corazón gobernaba la dulzura, el romanticismo… ¿Cómo iba a enfrentarme a un mundo desconocido y a personas tan antagonistas a mí?
Paradigmas de la vida: lo que pensaba que no era para mí terminó convirtiéndose en una pasión, en mi adicción.
Tras infiltrarme en el surf acontecieron situaciones inverosímiles: me enamoré locamente de una chica que lo practica y encontré a mi alma gemela en la antítesis de mi ideal.
El líder de la banda de atracadores y yo éramos idénticos. Aunque habíamos elegido caminos dispares, incomprensiblemente compartíamos y teníamos demasiado en común.
Yo jugaba con ventaja, al menos al principio de la historia. Sin embargo cuando él descubrió mi verdadera identidad… Si de primeras me había llevado al límite, luego me llevaría al mismísimo infierno; al abismo y al filo de lo imposible.
Por alguna extraña razón esto me hizo sentir más vivo que nunca. Y más extraño es aún sentirme afortunado. Pocas personas experimentan las emociones que me sentido yo de la mano de este hombre.
Las cosas terminaron mal. Desmantelamos la banda y el único que sobrevivió a los infortunios fue el surfista con el que entablé una especial e inusual relación de amistad.
Tras meses de vigilancia -después de haber logrado burlar todas las operaciones policiales- dimos con su paradero.

Los actores Keanu Reeves y Patrick Swayze. Fotograma de la película Point Break – Le llaman Bodhi.

Tenía que detenerle y ponerle las esposas. Sin embargo, aun esposado no le detuve. A orillas de una playa australiana, tras verse liberado de toda atadura, se adentraría en un mar enfurecido en busca de su destino, de su objetivo final: cabalgar la ola perfecta.
Desde entonces no le he vuelto a ver. Porque no regresó.
En la filosofía que regía su existencia no había normas establecidas y los conceptos del bien y el mal solo estaban delimitados por el ser humano.
-Te veré en la otra vida-. Es la frase que pronunció al pensar que jamás volveríamos a coincidir en esta. También le oí decir-. No hay nada malo en morir haciendo aquello que te hace feliz.
Del mismo modo que yo creí haber nacido para ser policía, él -tras haberse dedicado a delinquir- lo había hecho para morir surcando olas mortales.
A día de hoy sigo practicando surf junto a la chica de la que me enamoré.

El actor Keanu Reeves y la actriz Lori Petty. Fotograma de la película Point Break – Le llaman Bodhi.

Ella es… ¿Cómo decirlo? Explosiva, romántica; salvaje, tierna.
Salvo nuestro amor no tenemos nada. Eso nos basta para ser felices.
Mis credenciales como agente policial quedaron en un lugar que yo llamo “Point Break” (Punto Roto) puesto que los lancé con desilusión y furia en las mismas aguas que se llevaron para siempre a mi amigo del alma.

(Dedicado a los actores que protagonizan el film, en especial al desaparecido Patrick Swayze).