Placa informativa del ratoncito Pérez. Calle Arenal número 8. Madrid. España. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Estoy… Indignado es poco. Y de aquesta finestra…
-Finestra no, Carlitines. Se diu vesprada-. Le he corregido yo .-Finestra es ventana.
-Como sea, Carolineta-. Me contesta él para añadir al momento .-Buena estás tú: me corriges por llamar a la tarde ventana diciendo diu.
-Es que se dice diu.
-Ya, bueno. No cambies de tema y a lo que vamos.
-¡Encima!
-Debajo. Y eso, que aquesta misma tarde voy a ir al centro de Madrid, al número 8 de la calle Arenal, a poner una reclamación al Ratón Pérez. Porque de golpe y porrazo me he quedado sin dientes y todavía estoy esperando que me traiga un regalo.
-El Ratoncito Pérez solo trae regalos cuando los dientes se caen, y no cuando te los quitan. Y a ti te los ha quitado el dentista.
-¡De eso nada monada!-. Ha exclamado él .-Una vez en el patio del colegio, los niños de mi clase, en un diente de leche que se me movía, me pusieron un hilo, y tirando de él, me lo quitaron. Y cuando llegó la noche lo puse bajo la almohada y por la mañana del día siguiente tenía yo un regalito.
Y ahora, en cambio, ni regalitos ni leches.
-Llevas razón, Carlitines. Y es raro que no te haya dejado nada… ¿No será porque los de ahora no eran de leche?
-Ni idea. Por eso voy a ir a informarme.
Como se haya olvidado de mí el Ratoncito Pérez… Me “vi” a cagar en sus muelas, o en las del dentista.
-Ay, no te enfades que se te sube la tensión.
-Es que estuve pensando. Como los dientes se quedaron en la consulta del dentista… ¿No habrá ido el Ratoncito Pérez ha dejarme el regalo allí?
-Ay, ché, pues igual sí.
-Pues como sea así y el dentista no me haya dicho nada…  Me “vi” a cagar…