Quien pudiera enredarse con la brisa, con el viento…
Cual melena suelta volando en el Aire
que todo lo envuelve;
que todo lo rodea…
Que todo lo puede.

Quien pudiera fundirse con la Tierra
o mimetizarse con el alma del árbol
que aún conserva en su corteza
el dibujo del corazón
-que un atardecer otoñal de la pasada y desaparecida juventud-
le recuerda al Tiempo de forma eterna
un instante,
un efímero momento.

Quien pudiera convertirse en cenizas,
tras quemarse en una colosal y rojiza hoguera de fuego…
Quién pudiera renacer del escombro del olvido,
solo para volver a perecer
después de abrazar por última vez,
al ser a quien más se ha querido.

Quien pudiera evaporarse del Agua del mar
que agoniza de dolor, tras una larga espera.
Y… Quién pudiera, convertirse en volutas mágicas de humo
para viajar…
Entre suspiros… A otros Cielos…
Que existen en otros Mundos.