Sin duda esta es la frase que más ha repetido mi abuela cuando se reunía por las tardes con sus amigas en la cocina para merendar y hablar de los nietos.
Y la frase -como no podía ser de otro modo- iba dirigida a mí porque fui su única nieta.
Siendo muy niña me quedé sin madre y es por ello que me criaron mis abuelos maternos. La guerra que di. Era muy inquieta y nerviosa. Me movía más que la compresa de una coja y en vez de una nieta parecía que tenían cuatro. Qué paciencia tuvieron conmigo, más que el santo Job. Sino mi abuelo, el pobre murió. En el cielo ha de estar: solo por haber tenido que aguantarme en la niñez se ganó el pase para entrar al paraíso.
De cría pasaba de todo, bueno, y ahora de viejecina también.

Fotograma de uno de los capítulos de la serie de televisión The Simpsons (Los Simpson).

Fui un caso raro de esos que salen “paí”. Uno como el del dominguero que, harto de estar en casa se va al río a pescar, y tras echar la caña al agua saca un pez amarillo con tres ojos (que ya es cosa rara) y viéndole tan raro, en vez de echarle a la sartén para cenar, se lo queda de mascota y le come a besitos mientras exclama: ¡pero qué rico es mi cuchifritín!
Un suceso así bien podría haber salido en el desaparecido semanario El Caso ¿A que sí? Como yo. Yo sí tenía que haber sido noticia del Caso por rara. Porque hasta a la hora de venir al mundo fui rara rara rara.
Cuando mi madre se puso de parto hubo complicaciones y tuvieron que operarle de urgencias. Así que no nací de parto natural sino por cesárea.
Nada más sacarme de la barriga de mi madre me dieron unos azotes para que llorara; pero no lloré. Mi abuela contaba que la comadrona me zarandeaba. Nada, ni bien ni mal lloré. Por lo visto esta mujer fue la primera persona que tuvo que dejarme por imposible. Y solo cuando me puso en la cunita comencé a llorar a pleno pulmón. Entonces dieron fe de que estaba viva y que apuntaba maneras a ser un bicho. Y en el hospital, en vez de darle la enhorabuena a mi familia por mi nacimiento, le dieron el pésame.
Y así vine a la vida. Y ahora que estoy a punto de salir, pues de un tiempo a esta parte me estoy muriendo a chorros por culpa de un virus raro (mira tú qué coincidencia) le doy gracias a mis trece hijas, que son las que han estado a mi lado y me han aguantado con la misma paciencia con la que me aguantaron mis abuelos (después de mi difunto Julio, que también aguantó lo suyo).
Pero tenían razón: soy rara a más no poder. Hasta para morir estoy siendo rara, aun con dolores ando con la cosa de la broma y riendo.
Y es que esta vida no hay que tomarla en muy serio ¿Sabes por qué? Porque al final se burlará de ti o ¿Acaso crees que te vas a quedar aquí y no te vas a morir? Pues no, porque eso sí que sería raro raro raro.