Cerdito con aro.

Hace días, viendo el programa de televisión First Dates con Carlitines, salió una muchacha… Bueno, bueno, bueno. O yo estoy desfasada y no comprendo las cosas o no sé.
La muchacha tenía hecho un alisado brasileño, llevaba unos pendientes plateados -más largos que un día sin pan-, y unas gafas de alta graduación. Hasta aquí, correcto. Pero es que también tenía una pila de “pirsis”… Y unos pechotes, grandes como melones (que ya te digo yo de antemano que eran de silicona)… Y al sonreír resulta que le faltaban varios dientes.
Y mira, lo de los pendientes es un caso aparte; sobre todo el de la nariz. Uf, cada vez que veo a alguien con ese “pirsi” me viene a la cabeza la imagen de un cerdo escarbando con el hocico en la tierra. Oye, qué quieres qué te diga, no lo puedo evitar. El “pirsi” de la nariz me mata.
-Desde luego, hay que joderse lo mal que invierten algunos el dinero, coño-. Le dije a mi marido-. Porque mucho “pirsi”, que parece que le hayan taladrado la cara pues la tiene llena de agujeritos, y mucho tetamen, y resulta que está “mella”. Y digo yo: ¿no sería mejor que el dinero que ha empleado en ponerse tanto tetoncio y en mandar hacerse tanto agujero lo hubiera empleado en ir al dentista?
-Lo mismo quería ponerse implantes y se equivocó-. Dijo él.
-Sí, claro. Y en vez de ponerse los implantes en la boca se los ha puesto en el pecho.
-Todo puede ser.
-Ya. Pues esta “apaña” porque si con lo joven que es está “mella”, no te digo cómo estará cuando llegue a mi edad.
Y esa es otra. Si la gente que lleva el pendiente en la nariz se cree que ha innovado algo, de eso nada. La moda esa ya la patentaron los cerdos. Así que, que no vengan ahora a querer quitarles el mérito.