El Beso. Escultura del artista peruano Víctor Delfín. Parque del Amor (inaugurado el 14 de febrero de 1993). Miraflores. Lima. Perú. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Al principio creímos que habría remedio. Porque el ser humano no pierde la esperanza y se aferra a un clavo ardiendo; sin embargo pronto descubrimos que lo pasado dejaría una huella irreparable.
No había marcha atrás. No podíamos cambiar la situación. No debíamos perder más tiempo.
Tomamos la decisión. Fue premeditada y de mutuo acuerdo.
De madrugada le oía llorar y veía su deterioro, no solo físico, también psíquico. Y sentía su hondo sufrimiento.
Cual mensajera predestinada habría de terminar con todo. No era la única persona que podría ayudarle, otros tenían facultades para hacerlo; pero… Era tan complicado. Llevar a cabo la acción conllevaba represalias. Y como la angustia o la sensatez, el miedo acechaba.
Para el que ha tenido una vida normal, envuelta en la rutina y sin vivir con intensidad… Es duro. Nadie debería pedir a otro un imposible pero… ¿Y para el que gustaba deambular durante horas las calles de su ciudad o corría por el asfalto de las carreteras, o se perdía los fines de semana por los senderos de los bosques?
De cualquier modo perder la movilidad para quedarte tetrapléjico y verte relegado a una silla de ruedas es muy injusto.

¿Locos? Ni se te ocurra tildarnos de locos por la decisión que tomamos. Loco es el que conduce en dirección contraria -por ir bebido o drogado- y arrebata vidas.
A nosotros, una persona descerebrada, nos robó la felicidad.
-¿Me amas?-. Preguntó aquel atardecer.
-Con toda la fuerza de mi corazón-. Respondí.
-Entonces demuéstramelo. Y ayúdame.
-Ya lo hago mi amor. Te cuido, estoy a tu lado…-. E interrumpiéndome dijo:
-No cariño, no me ayudas.
-¿Por qué dices eso? No te comprendo.
-Si de verdad me amas, te suplico: dame tu mejor prueba de amor-. Y mirando hacia la ventana añadió -.Necesito otro tipo de ayuda porque necesito dejar de sentir dolor. Quiero liberarme de estas cadenas para poder volar. Tengo que evaporarme ¿Lo entiendes?
-Sí, claro que lo entiendo, pero…¿Qué será de mí si desapareces?-. Pregunté con tristeza mirándole a los ojos .- Tú lo eres todo para mí. Eres el motor de mi vida. Si te vas mi corazón se morirá porque sin ti nada tendrá sentido ya-. Entonces él, tomándome de la mano, dijo:
-Ven conmigo, evaporémonos.
-Estás pidiéndome…-. La frase quedó entrecortada.
-Te estoy pidiendo que vengas conmigo. Emprendamos juntos el viaje hacia la eternidad-. Y tras una breve pausa añadió .-Perdóname corazón: he sido demasiado egoísta.
-Oh, no. Tú no eres egoísta. La egoísta soy yo pues sabiendo de tu agonía quiero que te quedes. Pero tienes razón: quedarse aquí es prolongar un absurdo.
-No. Lo que es absurdo es lo que te acabo de proponer.
-Depende cómo se mire. Para mí no lo es.

Transcurridos seis meses desde que Marta y Marcos tuvieran esta conversación, ella se las ingeniaría para almacenar un total de ciento ochenta pastillas antidepresivas.
Por no habían tenido hijos ni tener familiares a quien dejar herencia no hicieron testamento.
Sin herederos optaron por dilapidar sus ahorros. Y dándose el capricho, hicieron realidad el sueño de su vida: dar la vuelta al mundo en barco.

El 14 de febrero se cumplían cuatro años del fatídico accidente de tráfico en el cual una mujer -conduciendo bajos los efectos del alcohol y los narcóticos- empotró frontalmente su coche contra el del matrimonio. Fue la responsable de que la columna vertebral del hombre se fracturara a la altura de las cervicales. Caprichos del destino, las mujeres salieron ilesas.
Hoy, día de San Valentín, la pareja se prepara para celebrar un último aniversario.

Marta fue muy meticulosa.
Sobre la mesa había dos vasos de agua, dos cuencos y varias cajas con píldoras. Una vez que puso en cada cuenco noventa pastillas comenzó el ritual suicida: “una para ti, otra para mí. Y ahora un sorbo. Una para ti, otra para mí… Una para ti…
…Y antes de que el reloj marcara las 00:30 horas los enamorados, sin despedirse el uno del otro, le dijeron adiós a la vida.
Ahora juntos, vuelan en otro tiempo; en otro lugar. Y son felices en un mundo carente de hostilidad, existiendo en un vida exenta de martirio.