La calabaza Ruperta.

Me dice mi editora, y gran amiga, Chiqui, que desde que me he venido a vivir con Carlitines a Tabernes estoy escribiendo mucho. Y que a ver si en vez de Tavernes, el pueblo se va a llamar “Tavernas”, porque además de escribir y escribir, nota que estoy muy espiritosa. Y todo podría ser, pues para no gustarme el alcohol, dos veces por semana cae una cervecilla. Y estoy echando muchísimo de menos beber Mamajuana -o Mama Juana- que es un licor originario de la República Dominicana, que al parecer tiene efectos afrodisíacos, o eso dice mi amiga Marijosé. Y Marijosé de estas cosas entiende mucho porque es puertorriqueña, y por ende, muy espiritosa por naturaleza.

Y sí que me vendría bien tener una botelluca de Mamajuana porque desde hace una temporada nunca tengo ganas de tener sexo, y mira que yo siempre estaba como una moto; pero ahora… Qué sé yo, se me ha debido de gripar el motor.
Y eso que cada vez que voy a pasar la ITV me dice la ginecóloga que está todo bien. Pues no señora, no lo está; pero como ella es la que entiende, le tengo que dar la razón, aún sin tenerla.
Pero esto es grave. Y como intento buscar la solución lo he hablado con varias personas y con otra amiga:
-Ruperta, tengo un problema grande y gordísimo.
-Imposible, Anchoíta, si tú no tienes problemas aparentes.
-Aparentes no, pero escondidos tengo; y uno es muy serio.
-¿Y qué problema es ese?
-Que nunca tengo ganas de hacer el coito.
-Eso no es nada, lo mío es peor: yo nunca tengo ganas de hacer el amor. Y mi marido es muy fogoso y tiene entre las piernas el mismo problema que dices tener tú.
-¿Cuál?
-¿Cómo que cuál? ¿No acabas de decir tú que tienes un problema grande y gordísimo?
-Sí.
-Pues así es mi problema también, grande y gordísimo.
-Entonces… ¿Tenemos el mismo problema?
-Eso parece, porque lo que mi marido tiene entre las piernas es algo grande y gordísimo, ¿Comprendes? Así que en eso te comprendo puesto que estamos igual. Aunque en lo otro, evidentemente no.
-¿Cómo que no, Ruperta?
-No. Tú no tienes ganas de hacer el coito y yo no tengo ganas de hacer el amor.
-Pero mujer, ¡Si las dos cosas son lo mismo!
-¿Síiii?
-Sí, hija, sí.
-Pues qué atrasada estoy yo, ¿No?
-Eso parece.
Oye, ¿Y tú marido es como el mío?
-No. Si no recuerdo mal el tuyo el gordo, moreno y de Albacete. Y el mío es delgado, rubio y madrileño.
-No, hombre, me refiero a que si también es fogoso.
-Desgraciadamente sí.
-¿Y también tiene aquello grande y gordísimo?
-También, hija, también.
-Seremos desgraciadas. Con la suerte que tienen la mayoría de las mujeres…
-Mucho, Ruperta.
-Nada, Anchoíta. Nos toca jodernos y aguantarnos; y contar hasta tres.
-Eso parece, Ruperta. Eso parece.
-Desde luego yo, Anchoíta, de haber sabido todo esto, cuando mi marido me tiró los tejos le hubiera dado calabazas.
-Y yo al mío anchoas, que las tiene alergia.