Bremen. Noruega. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Si estás aferrado a lo material y tu máxima preocupación es el poder adquisitivo o tener un alto estatus social, malo para ti.
Si siempre necesitas estar acompañado por miedo a la soledad y no buscas tener tus propios espacios, malo para tu alma.
Si no ejercitas tu cuerpo, si no desarrollas tu intelecto, simplemente malo.
Si nunca abandonas tu zona de confort; si eres costumbrista y tu vida se ciñe a girar en torno a una invisible y rutinaria espiral donde todos los días son iguales, malo no ¡Malísimo!
Si el sentimiento de la envidia te acecha al ver como viven otros, quizá sería bueno que dieras pasos para realizar cambios. No hay excusas para no romper con aquello que no te gusta de tu vida ¿O prefieres estar dentro de un cascarón que te aprisiona?
Yo no siento envidia porque no hay nada -en este universo que me aplasta, referido al ser humano- que me dé motivos para sentirla.
El que posee bienes no persigue mis mismos sueños… Sueños que, en ocasiones, son imposibles de hacer realidad… Porque… Yo quisiera poder ver el amanecer y el atardecer desde mi ciudad; sin embargo la contaminación y los edificios me lo impiden.
Con tristeza te digo: no todos los sueños se pueden materializar.

Si tu cuerpo es esclavo de pasiones carnales; si las adiciones te dominan (alcohol, drogas, ludopatía, sexo, tabaco). Los vicios ensucian las almas. Y el alma ha de ser pura.
Si te atormenta estar a solas; sino sales a buscar la compañía de la soledad.
Tal vez seas pobre de espíritu.
Todos somos fuertes, todos somos débiles; pero todos podemos superarnos.
Si no necesitas estar en contacto con la naturaleza. Si no ves belleza en los animales, en las plantas, pues lo bello ante tus ojos es aquello que tiene valor solo porque se lo dio una persona como tú, entonces estás perdido.

No te preocupes por tener un peinado impecable… Deja que la brisa te despeine. Es puro egoísmo y la sensación de libertad es absoluta. Recuerda, no nacimos sometidos. Bastantes obligaciones nos impone la vida: no te autoimpongas tú más.
Deja que la lluvia moje tu cuerpo. Deja que las gotas de lluvia deformen tu maquillaje o pintura.
Ríete como cuando eras un niño y tu mente era neutra pues aún nada ni nadie la había llenado de absurdos conceptos prejuiciosos y/o ideas preconcebidas por terceros (que la mayor parte de las veces no las ponen en práctica pero son empleadas para someter al resto).
Y deja de mirar el reloj, y vive y disfruta de tu tiempo.