Parterre francés del parque del Retiro. Madrid. España. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

AL ATARDECER

Sin dejar de estar atrapada en la gran ciudad
vengo a tu encuentro para internarme en ti.
Qué cercas te tengo, qué afortunada me haces sentir.
Cuántos desearán conocerte
cuántos más dejarán su efímera vida lamentándose por no haber podido encontrarte.
Al atardecer acudo a ti porque añoro tu belleza.
Vengo para perderme en la infinidad de laberintos que escondes.
Vengo buscando soledad.
Vengo para sentir tu presencia dentro de mí
pues sé que tu espíritu me puede envolver.
Respiro todos tus aromas, se elevan al aire invadiéndolo.
Los colores y formas que veo mientras ando por tus veredas
me invitan a soñar con mundos que solo existen en mi imaginación.
Acudo a ti cuando siento nostalgia.
Acudo a ti cuando quiero escuchar una canción
o cuando voy escribir una carta de amor.
Acudo a ti cuando extraño a un ser querido
y cuando quiero escribir un relato para el amigo que se marchó.

EL AMIGO QUE DUERME CON LOS ÁNGELES

Hará tres o cuatro años perdí a un gran amigo, se llamaba Enrique y tenía más de ochenta años. Era mi vecino, vivíamos puerta con puerta y solíamos venir a pasear al Retiro. Me enseñó muchos rincones de este bello parque, y otros más de Madrid.
Enrique amaba la vida y quería vivir; amaba el Retiro y a la ciudad de Madrid.
Todos los días nos saludábamos y hablábamos. Mi hijo fue el nieto que nunca tuvo, yo fui la hija que deseó; y él fue para mí el padre que me faltó.
Me he parado aquí, en el Parterre, y no puedo evitar entristecerme por recordarle. Seguro que me reñiría porque era una de las personas más alegres y felices que he conocido y no le gustaba nada verme triste; sin embargo hubo un tiempo que yo casi siempre lo estaba. Estuve muy triste y él me consoló. Soy consciente de que a poca gente le importa o interesa… A él sí le interesó, y no le importó la diferencia de edad para establecer una bonita y sólida amistad. Me ayudó muchísimo. Cuánto me quería, y cuánto le quise yo. Y a mi hijo Iván; cuánto se querían los dos.
Su hermano y yo le encontramos muerto. Nadie pudo salvarle, yo no pude salvarle. En cambio él sí me salvó a mí. Me salvó de muchas cosas, pero sobre todo me salvó de mí misma.
Te echo de menos mi querido amigo. Y me acuerdo mucho de ti.
El rellano de mi casa de Moratalaz se quedó vacío y en silencio.
Tenía intención de cambiar de domicilio y cuando te comentaba que quería marcharme tú siempre decías: no, no te vayas ¿Vas a dejarme solo?
Cómo imaginar entonces que el que se marcharía para dejarme sola serías tú.
Sin ti ya nada volverá a ser igual en mi Moratalaz. Porque sin ti nada es igual.

(Dedicado a Enrique).

“Hiciste de todo por mí, y aunque no compartamos sangre, siempre te llevaré dentro… Fuiste alguien muy importante. Nunca te olvidaré Enrique”.

(Palabras escritas por mi hijo Iván Gamero Olivares el domingo, 28 de octubre de 2018, en Moratalaz. Madrid. España).

Enrique e Iván. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez en España.