Entre turgencia y turgencia

me encuentro entre tus pechos.

Y en medio de ellos

me vuelvo turgente, digo torrente.

 

En tus caderas me agarro

cual cachavas hechas de ébano.

Y a tu cintura me aferro

cuando digo: ¡ay que me caigo, que me caigo!

 

Tu melena ondea al viento

jugando al tute, digo al escondite.

Y por si acaso me hiciera viejo antes de tiempo:

ay corazón, quién fuera barrendero, digo bombero, digo campanero, digo carpintero, digo rociero, digo titiritero ¡Jolines, marinero!!! (Maldito corrector que no puedo escribir a gusto con lo inspirada que estoy. Salen todos los oficios del Mundo entero terminados en “ero” o qué; salen todos menos el que quería poner yo). A ver ahora otra vez:

 

Entre urgencias y prisas

me tropiezo con un queso de tetilla.

Y cuando voy a darle un mordisco

¿¡Pues no va y se me parte un diente y me sangran las encías!?

 

En el cinto de tus vaqueros

llevas colgado un arnés.

Quién fuera costalero, digo llavero

para ir prendido de las carnes de tu cuerpo… Bah, ya no hago más poemas que el corrector sigue descorrigiéndome, y me estropea la métrica y las rimas. Bueeeno, la última. Venga va:

 

Quién fuera zalamero

para rondarte y enamorarte.

Por desgracia solo soy zapatero

y de amores… Nasti de plasti.

 

Voy a ver un concierto de música

La Gran Pegatina se hacen llamar.

Dejo por hoy la poesía

que los muchachos ya comienzan a cantar.