La vida se está agotando; agonizo,
me consumo, deliro.
Me restan horas; minutos, segundos, suspiros.

 

En mi presente no hay futuro, olvido;
sin embargo, me queda el recuerdo
que me llega de un pasado: el mío.

 

Hace años, casi un siglo
cuando los relojes ya dominaban el mundo
su tic tac inició mi camino.

 

Mi universo se compuso de besos y mimos.
Crecí rodeado de juegos, de amigos;
mis padres me dieron amor y cariño.

 

La adolescencia dejó tras de sí la infancia
al tiempo que me fui haciendo adulto.
El triunfo culminó la efímera existencia.

 

El tiempo trajo cambios
pero siempre existí en el país de la niñez.
Y en él moriré entre sollozos, entre gritos.

 

A las puertas de la eternidad afirmo:
quien fue feliz siendo niño
alcanzará la cima, el éxito infinito.

 

Y antes de decir hasta siempre os digo:
el que vivió amando su nación y su patria
ganará su trono en el templo divino.