(Relato ideal para ser leído a la hora de la cena).

Resulta que hará como cosa de unas tres o cuatro semanas que recibí una llamada telefónica de una tía abuela que tengo viviendo en un pueblo de la meseta, en Castilla, por la zona de Covarrubias.
Hacía tiempo que no hablábamos. Y es que me da rabia que me llame porque entre que está algo sorda y que ya de por sí no se entera bien de las cosas, tengo que andar a voces explicándole.
Unos días antes de la llamada, anduvimos en el trabajo con la cosa de la broma. Y unos compañeros míos que son unos cachondos me estuvieron vacilando:
-Oye ¿Tú sabes lo que es un dildo?.- Me preguntaron. La verdad es que no tenía la menor idea y cuando me lo dijeron, eso sí, después de haberse estado burlando de mí largo rato, dudé entre liarme a palos con todos ellos hasta hacerles bailar o mearme de la risa que me entró. Y mira, al final decidí, que ni palos “pa” bailar ni dejarlo todo “encharcao” de orines.
Pero al caso, que cuando recibí la llamada de mi tía abuela, no sé por qué me vino a la cabeza el dildo. Y le solté de sopetón en mitad de la conversación:
-Tía, me dijiste que la semana que viene vas a ver a la prima. Tiene que venir a la capital, a unas compras ¿No?
-Sí. Tiene que comprar un regalo para su padre ¿Por qué no la llamas y quedáis juntas y la ayudas? Dice que no sabe qué comprarle.
-Pues un dildo tía: le tiene que comprar un dildo.
-¿Un qué?-. Me preguntó mi tía.
-Un dildo. Yo ya tengo uno. Lo tengo guardado para luego, para la noche.
-Anda ¡Qué buena idea has tenido!-. Exclamó mi tía.
-¿Y podríais comprarme uno a mí también?
-Hombre, claro mujer!-. Le grité yo-. No hay problema. Pero mira que eres caprichosa… Culo quiero, culo veo.
-Bueno, ya sabes como soy. Y oye, pero… ¿Durará? Es que no quiero que se estropee.
-Tranquila, que durar, dura. Y no se estropea así como así.
-Pues que bien. Qué alegría me das. Porque en siete días hacemos los cincuenta años de casados tu tío y yo. Y la verdad, había pensado que podíamos ir a cenar fuera para celebrarlo; pero no sé, me apetece hacer algo diferente.
-Pues con un dildo entre manos, ya te digo yo que hacer, si haréis algo diferente.
-No me digas.
-Te lo garantizo, tía.
-Ay, qué impaciente estoy. Qué ganas tengo ya de que lo traiga. Tengo pensado sacarlo después del pescado, tras la cena. Había pensado poner merluza rebozada con un poco de ensalada. Ya sabes, algo ligerito que este marido mío ha de vigilarse el colesterol. Pobre. Se ha quitado todo lo que le perjudica.
-Pues estate tranquila que el dildo no le hará ningún mal.
-Ay, este hombre. Es que ha abusado mucho, se creía que era Supermán y que lo resistiría todo… Y ahora, mírale, comiendo hierbas todo el santo día. Si es que ha sido un pájaro… Pero a ver, hija, que te pregunte ¿Será buena cosa sacar el dildo a la hora del postre? ¿Crees que a tu tío le gustará?
-Fijo que sí, tía. Fijo que sí.- Respondí a duras penas, conteniéndome la risa.- Y te dijo más, como si fuera una tarta especial, ya buscaré yo uno personalizado expreso para él.
-Qué buena eres; y qué detallista. Porque mira, aunque sea un regalo para mí, lo mío también es de él.
-Eso.- Dije yo, contagiada por su mismo parecer. Y tras las palabras, mi tía, loca de contenta, colgó el teléfono desbordada por la emoción de pensar en el dildo. Y yo me fui a cenar, feliz de la vida, una hamburguesa completa con un plato de patatas fritas a rebosar porque, a diferencia de mi tío abuelo, no tengo problemas de colesterol… Al menos de momento.

(Lo sé, lo sé, soy un poco cabrona y no tengo perdón. Pero la broma ha merecido la pena porque a ver, os imagináis la cara que se le pondrá a mi tía abuela cuando descubra lo que es un dildo? Yo sí, yo sí lo he imaginado. Ja ja ja).