El pajarillo y su dildo.

Hará un par de semanas recibí una llamada telefónica de una tía abuela que tengo viviendo en un pueblo de la meseta, allá por Castilla, en Covarrubias.
Hacía tiempo que no hablábamos. Y es que me da rabia que me llame porque entre que está algo sorda y que ya de por sí no se entera bien de las cosas, tengo que andar a voces explicándole.

Unos días antes de la llamada anduvimos en el trabajo con la cosa de la broma. Y unos compañeros -que son unos cachondos- estuvieron vacilándome:
-¿Tú sabes lo que es un dildo?-. Preguntaron. La verdad, no tenía ni pajolera idea, y cuando me lo dijeron después de burlarse de mí un rato, dudé entre liarme a palos con ellos hasta hacerles bailar o mearme de risa. Al final decidí que ni palos “pa” bailar ni dejarlo todo “encharcao” de orines.
Pero al caso, cuando recibí la llamada de mi tía abuela no sé por qué me vino a la cabeza lo del dildo. Y en mitad de la conversación solté de sopetón:
-Tía, me dijiste que la semana que viene vas a ver a la prima. Tiene que venir a la capital, a unas compras ¿No?
-Sí. Tiene que comprar un regalo para su padre ¿Por qué no le llamas y quedáis? Dice que no sabe qué comprar.
-Pues un dildo tía: le tiene que comprar un dildo.
-¿Un qué?
-Un dildo. Yo tengo uno. Lo tengo guardado para luego, para la noche.
-Anda ¡Qué buena idea has tenido! ¿Y podríais comprar otro para mí?
-¡Claro mujer! Sin problema, pero… Mira que eres caprichosa tía: culo quiero, culo veo.
-Buuueno, ya sabes como soy. Oye que te pregunte ¿Durará? Es que no quiero que se estropee.
-Tranquila que durar, dura. Y no se estropea así como así.
-Qué bien, qué alegría me das. En siete días tu tío y yo hacemos cincuenta años de “casaos” y había pensado que podíamos cenar fuera. No sé, me apetece hacer algo diferente con él ¡No todos los días se celebran las bodas de oro!
-Pues con un dildo entre manos, ya te digo yo que hacer, sí haréis algo diferente.
-¿Seguro?
-Vamos: te lo garantizo.
-Ay hija, qué impaciente estoy. Qué ganas tengo ya de que tu prima lo traiga.
La misma noche que llegue se lo enseñaré a tu tío. Esa noche pondré merluza rebozada con ensalada. Siempre cena “pescao”, como ha de vigilar el colesterol…-. Y tras emitir un hondo suspiro añadió .-Pobre, se ha quitado todo lo que le perjudica.
-Tía, quédate tranquila que el dildo no le hará ningún mal.

Dildo modelo Supermán.

-Ay hija mía, cuándo ha abusado este hombre. Creía que era Supermán y que lo resistiría todo. Y ahora mírale, comiendo hierbas como un pajarillo está. Y hablando de pajarillos, ha sido un pájaro… Pero dime ¿Será buena cosa sacar el dildo a la hora del postre? ¿Crees que a tu tío le gustará?
-Fijo que sí tía, fijo que sí-. Respondí a duras penas, conteniendo la risa .-Es más: igual que si fuera una tarta especial buscaré yo uno personalizado, expreso para vosotros.
-Qué buena eres; y qué detallista. Porque mira, aunque sea un regalo para mí, lo mío también es de él.
-Como debe ser tía, como debe ser.
Tras esto mi tía -loca de contenta y desbordada por la emoción- colgó el teléfono. Y yo me puse a cenar -feliz de la vida- una hamburguesa completa con un plato de patatas fritas a rebosar pues, a diferencia de mi tío abuelo, no tengo problemas de colesterol… Al menos de momento.

(Lo sé, no tengo perdón. Pero la broma ha merecido la pena porque… ¿Os imagináis el careto que pondrá mi tía abuela cuando descubra qué es un dildo?
Yo sí, yo sí lo he imaginado).