Plaza de Mayo. Buenos Aires. Argentina. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Dicen que el paso del tiempo cierra las heridas y todo lo cura;
sin embargo, aun estando todas las heridas cerradas
el dolor nunca, jamás, desaparece.

De las 15 cicatrices que conservo de ti
tres, cuando menos lo espero, se vuelven a abrir
para transportarme a un tiempo que no quiero recordar.

En una vida las historias cuentan su propia historia.
En mi vida, mis tres historias tienen su propia banda sonora.

De mis tres estancias en Buenos Aires
la que más añoro es la tercera.
El recuerdo más bonito revive cuando escucho la voz de Abel Pintos cantar:
Vas a verme llegar
y vas a oír mi canción
vas a entrar sin pedirme La Llave.
La distancia y el tiempo no saben
la falta que le haces a mi corazón.

Como dice Sabina:
No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca, jamás, sucedió.

Y fue en mi último viaje a Cuba
y de forma inesperada,
donde una de las tres canciones,
en alguna arte…
Sonó.
Y pensé:
no hay peor dolor
que el que nunca, jamás, se sintió.
Y no hay peor canción
que la que nunca existió
pues, jamás, nadie la imaginó ni escribió.

Pero de imaginarse
no tendría que escribirse
porque ya se escribió…

Es entonces cuando La Distancia se pregunta:
¿cuántas veces yo pensé volver?
y decir que de mi amor, nada cambió
pero mi silencio fue mayor
y en la distancia muero, día a día sin saberlo.