Naturaleza salvaje y misterios por desvelar, todo esto y más es lo que ofrece este país insular llamado Madagascar, oficialmente República de Madagascar.

En contraposición a tanta belleza y fascinación, Madagascar ofrece otra cara a un mundo que permanece ajeno, no solo a su cultura e idiosincrasia, sino a la extrema pobreza que reina entre sus habitantes (el 90 por ciento de la población ingresa menos de dos dólares diarios). A este alarmante dato hay que añadir la falta de seguridad o a la precariedad de sus medios de transporte.

Recuerda lo privilegiado que eres, y cada vez que vayas a quejarte por nimiedades, no olvides que en este mismo planeta viven muchísimas personas que no tienen cubiertas sus necesidades básicas.

Con esta perspectiva, emprende rumbo hacia lo desconocido. Ten presente que dentro de tu odisea te enfrentarás a otras odiseas (por ejemplo: consecuencia directa del estado del transporte).

 

Situémonos: África, océano Índico. Frente a costa sureste del continente, al este de Mozambique. Es la isla más grande del continente africano y la cuarta más grande del Mundo. El país está compuesto, a su vez, por un importante número de islas pequeñas. Antaño estuvo unida al continente, del cual, se desprendió. El aislamiento dio lugar a que prevalezcan en sus territorios una multitud de especies únicas (80 por ciento endémicas). Destaca el lémur (infraorden de los primates) cinco familias de aves endémicas, fosa carnívoro y seis especies de baobabs endémicas.

 

     Datos para tu interés referentes al idioma, moneda; vacunas y visados.

 

El malgache es la lengua oficial del país. Como segundo idioma está el francés.

No tendrás ningún problema a la hora de comunicarte -al menos en el tipo de viaje que estás realizando (crucero) pues la mayoría de los guías que te asignarán hablan inglés (incluso se defienden en otros idiomas como el italiano).

Su moneda oficial es el ariary malgache (MGA) pero admiten el euro.

 

Como podrás observar, al redactar os artículos, intento que sean “diferentes”. Por ello voy cambiando su forma y modo para que no resulten monótonos.

En lo referente a Madagascar sí creo necesario informaros acerca de las vacunas y visados (aunque lo haya omitido para Mauricio y Seychelles). Y bueno, ya puestos, como crucerista no precisas vacunarte; sin embargo, habrás de informante muy bien al respecto. En cuanto al visado, tres cuartos de lo mismo, en la época que se realizó este viaje no fue exigido. Pero es aconsejable te informes si precisas o no visa. (El viaje que estoy desglosando data de los meses de diciembre y enero, años 2016 – 2017).

 

     Excursiones por el país.

 

El circuito de nuestro barco por Madagascar tendría programado atracar en tres puertos: puerto de Nosy Be, puerto de Diego – Suarez y puerto de Tamatave.

Nosotros hicimos dos excursiones en Madagascar, las contratamos con la naviera. Es lo aconsejado porque, como ya indiqué, no es un país seguro y no es recomendable moverse en él por cuenta y riesgo.

 

     Primera excursión: playa Coco Beach.

 

El primer día en Madagascar, al asomarte a la borda, comprobarás que el barco ha quedado retirado del puerto. Esto querrá decir que ha fondeado (está amarrado al fondo marino con el ancla). Para llegar a tierra deberás tomar una lancha (en la naviera y propiedad de la misma). Con ella realizarás el desplazamiento de ida (barco – puerto de Nosy Be) y el de vuelta (puerto de Nosy Be – barco).

En puerto nos estaban esperando, personal responsable de organizar la excursión, que consistía en disfrutar un día completo en una paradisiaca playa, sita en otra isla. De allí nos trasladaron hasta otra pequeña embarcación y emprendimos rumbo al esperado destino que está a una hora de distancia…

…Y aquí sobrevino la primera odisea. A los veinte minutos, aproximadamente, ya mar adentro, el motor del barco se estropeó y nos quedamos tirados, literalmente hablando, en algún punto del universo marítimo que compone esta parte del Mundo. Al principio uno de los guías (el que llevaba el mando de la excursión) pareció no dar demasiada importancia al hecho de que el motor hubiera dejado de funcionar; pero cuando los minutos fueron pasando la preocupación fue apoderándose de él, cosa que pudimos ver reflejada en su rostro y manera de proceder. Para no extenderme termino diciendo, que, después de casi una hora fuimos recatados por otra embarcación y finalmente, aun con retraso, llegamos a la playa. Estábamos de vacaciones, y aunque algunas personas (cruceristas) no se tomaran nada bien lo sucedido, nosotros preferimos no dar vueltas a un hecho que “se escapaba de nuestras manos”. Con lo cual olvidamos el percance y nos dedicamos, en cuerpo y alma, a disfrutar a tutiplén de una magnífica jornada de sol y mar.

 

En la playa la señalización Coco Beach insta a que te relajes y evadas. El cielo, totalmente despejado, nos invitaba a zambullirnos en un agua calmada y tremendamente agradable. La playa tiene una arena finísima y es interminable. Pasear por ella junto a los seres que amas, perderte entre la vegetación interior… La experiencia fue un maravilloso regalo.

La zona donde nos dejaron estaba en construcción. Posiblemente aun estén acondicionándola y en un futuro sea un completo hostelero. Hay un restaurante y en él almorzamos un espléndida comida repleta de arroz, carne, pescado a la brasa; ensalada, fruta; bebidas y café.

Saciados, continuamos explorando las inmediaciones: descubrimos bonitas cabañitas  cerca de la orilla del mar; y otras construidas encima de los árboles… Incluso nos topamos con alguna que otra serpiente… Ufff ¡Eso sí que nos asustó!

También vimos caballos y nos fotografiamos entre palmeras. Más tarde abandonamos el recóndito lugar para ir a otro. Así que tras subirnos de nuevo al barco nos dirigimos a un peñasco que está frente a la playa.

Bajar y subir de la embarcación era toda una peripecia: cada vez que había que hacerlo nos mojábamos por encima de las rodillas. Remojarse fue de agradecer porque las altas temperaturas nos acompañaron durante todo el día.

La pequeña isla nos tenía reservada una gran sorpresa: está habitada por lémures.  Son unos animales típicos de Madagascar, muy simpáticos y divertidos… ¿Visteis la película de dibujos animados titulada Madagascar? Pues sus protagonistas son estos animalitos. Allí tuvimos la oportunidad de ver unos negros y otros de color blanco. Les pudimos acariciar su pelaje tan suavecito y les dimos de comer trocitos redonditos de plátanos; y nos fotografiamos con ellos. Parecían estar totalmente acostumbrados a la presencia del ser humano. A decir verdad, son una ricura.

Poco antes de la puesta de sol estaríamos regresando a la civilización.

 

De noche cerrada, observando el cosmos, el esplendor de las infinitas estrellas nos encaminaba al próximo destino: el puerto de Diego – Suarez.

 

NAVEGANDO POR EL OCÉANO ÍNDICO. PAÍS INSULAR MADAGASCAR. Segunda parte.

 

Esta es la segunda parte de nuestra visita a Madagascar. Como regla general al que le gusta viajar, le gusta de toda la vida. Al menos, en mí caso, es así. Todos los que tenemos un corazón aventurero solemos dedicar tiempo a indagar y recopilar información acerca de ciudades y países que anhelamos visitar. Actualmente la herramienta de Internet facilita mucho la localización de nuevos destinos. Esto es de agradecer porque hace años la referencia solo se podía encontrar en alguna que otra revista, en programas de televisión dedicados a esta materia; y poco más.

Antes de realizar el viaje que, artículo tras artículo, estoy desgranando (crucero por el océano Índico) apenas encontré información. Por ello creo necesario la confección de artículos viajeros: su redacción ayudará a otras personas (hablo por mí misma, ya que particularmente, me resultan de gran utilidad).

Jungla, playas y reservas naturales es lo que ofrece el país africano al turista intrépido que desee descubrirlo.

Madagascar oculta grandes maravillas, y en el segundo puerto, Diego Suarez, nos aguardaba vivir una apasionante aventura.

 

     Unas pequeñas pinceladas de información acerca del puerto y su ciudad.

 

El puerto de Diego Suarez abre las puertas a la ciudad de Antsiranana. Antsiranana o Diego Suarez es la capital de la región de Diana. Alojado al extremo noreste (NE) de Madagascar, Diego Suarez es el tercer puerto más importante del país insular. Y cabe destacar que la bahía de Antsiranana es la segunda más grande del planeta.

Antsiranana fue colonia francesa (finales S.XIX). Hasta el año 1975 la ciudad de Antsiranana tenía el mismo nombre que el navegante que la visitó en el año 1543: Diego Suarez (Diego Soares en portugués). Aunque la ciudad es calificada como agradable y pintoresca, con franqueza, no la recorrimos. Nuestro objetivo al llegar a puerto era aventurarnos al interior para visitar el parque Tsingy Rouge (Tsingy Rouge Park). Por tanto nada más bajar del barco nos dirigimos hacia la zona donde estaban aparcados los todoterrenos 4×4 que nos conducirían al parque. La mañana amaneció muy calurosa y optamos por llevar ropa ligera. Como íbamos a pasar casi todo el día de excursión (y el hambre y la sed se adueñarían de nuestros cuerpos) la naviera nos proporcionó comida y bebida para llevar (picnic).

La capacidad de nuestro todoterreno era para unas seis personas. La excursión era guiada e incluía el trayecto de ida y vuelta. También incluyó una peripecia que, valga la redundancia, no estaba incluida: el instante en que el transporte sufrió un percance y…

…Eh ¡Un momento! No adelantemos acontecimientos.

Como bien anticipé en la primera parte del artículo dedicado a Madagascar sus trasportes no son precisamente estables. Y bueno, no nos precipitemos, y contemos las cosas a su debido tiempo.

 

Tsingy Rouge Park (o Red Tsingy) está situado a unos 60 kilómetros de distancia (al sur de Antsiranana) cercano a la ciudad de Sadjoavato. Aquí no caigas en el error de pensar que, en menos de lo que canta un gallo, llegarás a él. Recuerda que la infraestructura de las carreteras de Madagascar distan años luz de las autovías o autopistas europeas. Ármate de paciencia: caminos sin asfaltar, que más bien se asemejan a caminos de cabras, es por donde transitará tu medio de transporte ¿Cuántas horas tardarás en llegar a Tsingy Rouge Park? Un par de horas, como mínimo; más las horas de regreso. Ahora, ten seguro: el viaje habrá merecido la pena. Al menos ese será tu pensamiento al término de la jornada.

 

     ¿Qué encontrarás en el trayecto de ida y vuelta?

 

Pobreza, pobreza y pobreza; y más pobreza. A ambos lados de la carretera verás poblaciones de gente. Y digo poblaciones por llamarlo de algún modo ya que lo que realmente hay -en lo largo y ancho del país- son conjuntos de chabolas fabricadas con contrachapado donde malviven mujeres y hombres que mueren de hambre. Allí, ahora mismo, mientras estás leyendo este artículo, cientos de personas integradas por bebés desnutridos, niños y ancianos esqueléticos y adultos, subsisten sin más. Y al tiempo que tú te quejas porque no tienes conexión wifi ellos tratan de sobrevivir (que no vivir) en un mundo carente de algo tan básico como poder ir a la escuela o tener asistencia sanitaria. Y voy más allá porque estas chabolas no disponen de agua, luz o gas; ni de las comodidades que disfrutamos nosotros. Los más pequeños juegan en tierras secas y resquebrajadas; y en las sucias aguas de los ríos algunos adolescentes se bañan desnudos. En otros mujeres afanosas lavan ropa como antaño lo hacían nuestras abuelas: a mano, restregando las prendas una y otra vez. Solo que en África, escasea el jabón… No, no solo escasea el jabón: escasea todo, menos el hambre.

Como contrapunto a lo expuesto, decir que el trayecto, en tramos y a nivel panorámico, proporciona increíbles vistas montañosas.

 

     Parque Tsingy Rouge.

 

Es un conjunto de formaciones rocosas de piedra de la laterita roja, consecuencia de la erosión del río Irodo. Son chimeneas naturales creadas por arcilla y arena. Y allí estará, en modo perpetuo -ante ti y en tu presente efímero- una impresionante maravilla visual, donde el sorprendente poder de la Naturaleza se impone, afortunadamente, a la mano destructiva del ser humano. El recorrido en el todoterreno hasta el punto final es de una belleza subliminal. Donde quiera que mires, verás prodigios naturales. No pierdas la oportunidad y explora un paisaje rocoso lleno de colorido. Abajo, está el gran tesoro de Tsingy Rouge: sus altas columnas blancas (también de arcilla y arena).

Recuerda: no debes atravesar la línea prohibitiva, menos aún tocar las formaciones rocosas.

No olvides: haz foto, y vídeos.

Arriba, y algo cansados, era el momento idóneo para hidratarnos e hincarle el diente al tentempié. No tardaríamos en poner rumbo a Diego Suarez. Ni en sufrir el percance con el 4×4.

Habíamos abandonado el punto final para retomar el camino de vuelta. El sol unido a un calor abrasador habían sido nuestros compañeros de viaje… Hasta ese momento, puesto que, de pronto, el cielo se encapotó y comenzó a llover. La lluvia nos cogió de improvisto, tanto como lo que ocurrió a continuación: el camino por el que transitábamos era de tierra, había pequeños montículos por los que debía circular el todoterreno. Debido a la abundante lluvia el suelo se había reblandecido y todo estaba lleno de agua y barro. Y en una de las subidas a uno de los varios montículos al 4×4 “se le salió la caja de cambios” (literalmente hablando). Tras bajarnos todos los que íbamos subidos a él, el conductor, un muchacho muy joven y bastante experto en la conducción, se tiró al suelo y se metió debajo del todoterreno, justamente donde estaba la caja de cambios. Y aquí sí puedo aplicar la frase hecha “en menos de lo que canta un gallo” porque en un abrir y cerrar de ojos el chico solucionó el problema y emprendimos de nuevo en dirección al barco.

Realmente me impresionó, no solo la rapidez con la que subsanó la situación, sino el temple y buen hacer de una persona tan joven. Se había llenado de lodo, estaba empapado de agua; sin embargo en ningún momento protestó ni mostró signos de malestar.

Mucho tendríamos que aprender, de aquellos a los que creemos que debemos enseñar.

Algo doloridos debido al traqueteo divisamos nuestra embarcación. Y al ratito, ya está, la excursión había concluido. Ahora tocaba ducharse e ir a cenar. Y luego tomar algo en una de las salas de baile.

Mientras, el barco iba en navegación hacia el último puerto en Madagascar: Tamatave.

 

NAVEGANDO POR EL OCÉANO ÍNDICO. PAÍS INSULAR MADAGASCAR. Tercera parte.

 

Tamatave (puerto de) encuadrado en la ciudad de Toamasina está situado al este de Madagascar.

Tamatave (o Toamasina) es el puerto más importante del país.

Aquel día, a primeros de enero (año 2017) nuestro barco atracó en el puerto de la ciudad de Toamasina. No dispondríamos de demasiado tiempo ya que a las 13:00 horas el barco se adentraría otra vez en el océano Índico rumbo al último puerto del crucero en la isla de la Reunión. En este tercer puerto de Madagascar no contratamos ninguna excursión. Y como tampoco queríamos movernos por la ciudad solos por cuestiones de seguridad (como expliqué en el primer artículo dedicado a este país insular) decidimos pensar con calma qué hacer.

En un viaje de estas características vas a conocer a mucha gente. Incluso coincidirás con personas de tu misma nacionalidad, país o ciudad. Este dato siempre es positivo porque podrás comunicarte en tu idioma e intercambiar información de los destinos a conocer.

 

     Buscando alternativas en Madagascar.

 

Nosotros entablamos amistad con españoles. Fue así como nos enteramos que – para los que no quisieran embarcarse en excursiones en Tamatave- había una alternativa bastante interesante. Desde el puerto se podía tomar un autobús (o lanzadera) que por un módico precio (en torno a los tres euros, ida y vuelta, por persona) te acercaba hasta la ciudad para dejarte en la misma puerta del mercado artesanal. El mercado es grande y se puede adquirir todo tipo de artículos: artesanía, comida, ropa… Llama la atención la cantidad de policías que verás en los alrededores. Tras largo rato de deambular por esta especie de laberinto regresamos al barco en autobús.

Arriba de la embarcación -tanto desde babor como estribor- obviamente se contempla tierra y mar. Tendrás una panorámica de Toamasina: hoteles y restaurantes; y una inmejorable visualización de la playa. Aunque nadie puede disfrutar de ella como debiera por culpa de la contaminación y por estar infestada de tiburones. Del otro lado la grandeza del océano te dejará sin respiración. Nosotros, al frente, descubrimos un pequeño atolón.

Fenoarivo, Mahambo y Mahavelona son otras playas que están cercanas a Tamatave. Pero sin duda, la que posee el litoral más bello es la de Toamasina.

Para los que anhelen realizar este crucero en un futuro pueden contratar excursiones directamente con la naviera. No es que haya mucha oferta pero si te apetece puedes reservar una excursión que te llevará a navegar por el canal de los Pangalanes. Está calificada como una de las mejores excursiones.

Eso sí, ten en cuenta la climatología: un matrimonio español que la contrató nos contó que apenas disfrutaron porque se calaron hasta los huesos. Y es que no solo se mojaron por ir navegando, no. Por lo visto llovió a mares.

Poco más puedo decir. El barco, puntual cual reloj inglés, partió rumbo al siguiente destino a la una de la tarde: La isla de La Reunión.

En fin, ahora sí que sí, nos vemos allí.