Cuando el tiempo ya giraba en las esferas del omnipresente reloj universal
y su tic tac era dirigido, con diligencia, por sus perfectas manecillas…
El mundo -sin preguntar- decidió que yo debía nacer.

 

Desde muy pequeña descubrí que lo que me rodeaba
difería mucho del resto de personas que tenían, más o menos, mi misma edad.
Y a mi alrededor, en vez de equilibrio, había un absoluto caos.

 

Sabía que era diferente a las otras niñas.
Salvo raras excepciones, su proceder me aburría.
Ellas intuían algo porque no me aceptaban.
Jamás me sentí integrada en ningún lugar.
Y solo me fascinaron las que sobresalían en materias artísticas;
también las que eran más inteligentes que yo.

 

Mientras los días, semanas y meses pasaban
el hastío en la adolescencia se apoderó de mi atormentado corazón.
Un corazón que se enamoró del que por aquel entonces no le correspondió.
Y solo cuando la muerte vino al encuentro del joven cuerpo que -años atrás- tanto desconsuelo me causó
en sus ojos, ausentes ya de toda vida, me pareció leer un:
“amiga, fuiste importante para mí, y a mi manera, te quise”.

 

Algunas personas somos de naturaleza artística.
Y nos caracterizamos por estar perpetuamente atormentadas;
incluso en situaciones que deberían proporcionarnos felicidad…
Sabemos que estamos en una dimensión inaccesible a los que cohabitan con nosotros, en nuestro propio entorno.
En mi caso soy afortunada:
pude identificarme con un ser humano;
pero ahora… Ya no siento lo mismo por él.

 

La vida, vista como adulta y desde la madurez,
se compone de épocas.
Y nosotros, los que poseemos naturalezas artísticas,
precisamos constantemente sacar, a flote, nuestra creatividad en forma de arte.
Porque tenemos la capacidad de fabricar un todo que parte de la nada.
… De lo contrario, simplemente nos ahogaríamos.
Por tanto, es fácil comprender nuestro proceder:
lo hacemos para sobrevivir a una sociedad que nos impone modos de vida que no nos satisfacen.

 

Los comunes, bien por desinformación, bien por ignorancia,
confunden los temperamentos
y cuelgan el cartel de “persona tóxica” al que es de “naturaleza artística”.

Es al revés, con lo cual:

deshazte de los que portan almas tóxicas.

Los que tienen tendencia depresiva o dolencias mentales no tienen por qué ser tóxicos.

Suele ocurrir que el negativo tilda de negativo al que -por circunstancias personales- no puede estar positivo.

Cuídate de ellos; pero sobretodo cuídate de ti mismo.

Y evita, por favor, caer en la negatividad.

 

A ti, que tienes un alma creativa como yo;

nuestras almas son más vulnerables porque son más sensibles.

Pero eso no significa que tengas que quebrarte como el cristal…

Aunque, puntualmente, sientas que tu corazón se rompe irremediablemente y para siempre

en algún lugar desconocido e inalcanzable

… De tu ser.