Poema de Luis Cernuda.

Cual río imaginario que nace en Sevilla
y muere en Ciudad de México
anduviste en el mundo hasta la edad de sesenta y un años
pues la muerte te llevó tras un infarto de miocardio.

Aquel corazón cargado de romanticismo y sensualidad
se enamoró -sin poder evitarlo- de su solitaria soledad.
Y el amor, junto a otros sentimientos
le inspiraron a componer poemas; a componer versos.

Ser único, considerado maldito por su condición sexual;
hombre y poeta desdichado, todos sus demonios le abandonaron.
Incluso el mismo Dios lo haría para dejarle al amparo
de las insultantes críticas de una aburguesada e hipócrita sociedad.

Tras dejar la patria y todas sus raíces
como le ocurrieran a otros tantos y tantos escritores o literatos
las manos del destino -tras ponerle en los brazos del exilio-
trajo descanso al que, a mi parecer concreto, no cometió delito ni pecado.

Porque si pecar, es amar a una persona;
si delinquir, es no tener tus mismas ideas,
yo, igual que Luis Cernuda,
habría de dejar también, mis raíces y mi tierra.

He aquí que concluyo esta composición
escrita con pluma inexperta, novel y torpe:
alabada sea la Generación del 27
admirado por siglos, seas tú, artista y caballero noble.

Y como a bien temprana edad descubriste:
“las luces siempre van acompañadas de sombras”.
De ti, asimismo aprendí,
que la muerte es la eterna compañera en el viaje de la vida.

(Con esta poesía participé en la Slam Poética (año 2018) del programa de radio El Rincón de las Letras de Libertad F.M. Madrid).