Emoticono, carita de ángel santo.

La cuñada de un primo mío -íntima amiga mía, por cierto- está en una edad muy peligrosa. No solo por tener cuarenta años, sino por tener la libido por las nubes. Y como no ha conocido varón, por cuestiones religiosas, veo que se queda “pa” vestir santos.
Y es digno de admirar como la muchacha, camino de los cincuenta, esté virgen (pues como digo, está más salida que el pico de una plancha y anda como los gatos cuando están en celo, que cuando les pica lo suyo se restriegan con el primer cojín que pillan por banda).
-Lo que no entiendo es cómo haces tú, porque si tienes las hormonas disparadas…
-Soy virgen, pero no tonta, Anchoíta. Y me compré por Amazon un pito de plástico.
-Amiiiga, algo era ello.
-Sí. Y no veas qué bien me apaño con el chisme ese. Pero… Ay, deja que te cuente lo que me pasó un día.
Estaba en casa, haciendo el amor con Casimiro…
-¿Casimiro?
-El pito de plástico, mujer.
-Ah, que le has puesto nombre y todo.
-Toma, pues claro.
-Tú como los hombres, muchos le ponen nombre a su pene.
-Sí, ya lo sé. Pero como son más simples que el mecanismo de un botijo casi todos llaman a sus pitos Manolito. Yo soy más original, y como también tengo uno, le he puesto Casimiro.
-Qué razón llevas, maja. No son nada originales.
-Nada, nada. Bueno, te sigo contando. Estábamos dándolo todo y cuando terminamos cogí a Casimiro y me fui al baño a lavarme en el bidé y lo dejé dentro del lavabo para… Bueno, para darle un aguilla, ¿Comprendes, no?
-No voy a comprender…
-Bueno. Pues de la que estaba yo dándome un baño “Checo” en el bidé, oía un goteo continuo que venía del interior del armarito que tengo debajo del lavabo.
-Había una fuga, supongo.
-Sí. Así que llamé por teléfono a un vecino, que es fontanero. Y como es muy servicial al cuarto de hora ya le tenía llamando a la puerta de casa. Pasa, hijo. Y mira a ver la fuga en el baño. Le dije, abriéndole. Y el hombre pasó. Pero fue entrar al baño y salir de mi casa a los pocos segundos, haciéndose cruces, como alma que lleva el diablo, y diciendo “bais, bais”.
-¿Y eso? ¿Qué pasó?
-Que, qué pasó. Lo tuve que adivinar.
-¿Y qué adivinaste?
-Que vio al Diablo en mi cuarto de baño.
-¡Qué dices, mujer!
-Te explico: el fontanero es más religioso que yo y no falta a misa por nada del mundo. Y al parecer también es virgen. Y claro, debió ver el consolador en el lavabo y…
-¡Acabáramos!
-Pues eso. Y desde entonces cada vez que me cruzó con el…
-Se hace cruces.
-¡Qué va! ¡Me guiña el ojo y se saca el pito diciéndome obscenidades!
-¿Pero no dices que es muy religioso y que no falta a misa?
-Sí, sí. Eso creía yo ¡Es un depravado!
-Pero entonces, ¿A qué va a misa?
-Ay, amiga, a ver al cura. Bebe los vientos por él.
-Uy, qué lío,
-¡No lo sabes tú bien! Y me he enterado que de virgen nada. Y que estuvo casado con un mujer que fue monja ¿Qué te parece?
-Madre mía. Ya puedes tener cuidado con él.
-Nooo, descuida. Ya encontré el modo de espantarle.
-¿Ah, sí?
-Sí.
-¿Y cómo hiciste?
-Te lo cuento otro día y así te quedas con la intriga, ji, ji, ji.
-Jolines con las vírgenes, Carlitines-. Le dije a mi marido .-Las matan callando, ¿Eh?
-No, Carolineta.
-¿Ah, no?
-No. Quienes las matáis callando sois las mujeres. Ya lo dice la expresión: fíate de la virgen y no corras.
-También es verdad.