Espantapájaros en el Real Jardín Botánico. Madrid. España. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

El martes 9 de julio Carlitines y yo fuimos al botánico de Madrid. Después de llevar más de 20 años viviendo en la capital de España no lo conocía.
Diréis: ya está bien, ya le vale. Pues sí.
Pero bueno, como nunca es tarde si la dicha es buena… Ahora ya puedo decir que he estado en él.
Decidimos ir un martes porque después de las 14:00 horas no hay que pagar por entrar. Y claro, como somos algo gitanos… (Y qué leches, que la vida está muy “achucha” y hay que recortar gastos como sea) a las cuatro de la tarde nos plantamos en la puerta. A ver, no me mal interpretéis: no nos plantamos, que aunque íbamos a ver plantas no tenemos complejo de flor (aunque no creáis porque harta estoy yo de que me llamen cardo borriquero). Y eso, que nos presentamos. Y tampoco porque nadie nos preguntó por nuestros nombres…
-Arrancas a contar lo que pasó o qué-. Se entrometería Carlos mientras redactaba este relato.
-Arranco, arranco-. Contesté.

Y estando en la puerta principal del Real Jardín Botánico nos adelantaron una pareja de extranjeros, cosa esta que no nos molestó, ya que tras disculparse, dijeron que solo querían hacer una pregunta a la muchacha que atendía en ventanilla. Pero entonces, la muchacha, sacudiendo la mano se adelantó a la pregunta diciendo en un inglés vallecano:
-Nooo. “Tudei nocin pei. Nau entrar is fri. Así que canpas. Comon, comon. Tudei ol pipol is fri. Canpas plis, canpas”-. Sin embargo, aun así, el hombre le preguntó en un castellano con acento germánico:
-¿Cuánto cuesta la entrrada?
-Nada, los martes por la tarde es “fri” y es gratis.
-Okey señorrita. Perro mi mujerr y yo querremos pagarr.
-Ya caballero. Pero hoy no hace falta, ya se lo he dicho-. Y gritando volvió a informar .-¡Ahora es gratis!
-Okey, perro nosotrros querremos pagarr la entrrada porrque querremos contrribuirr en la sostenibilidad del parrque.
-Ya. Pero le acabo de decir que ahora no se paga porque es gratis-. Y elevando el tono de voz, advirtió .-O entran gratis o llamo a la Policía. Porque si quieren entrar no hay otra: los martes, a partir de las dos de la tarde, al Jardín Botánico o se entra gratis o nada. Así que a ver: o entran sin pagar o dejen pasar al resto.
-¿No podrría hacerr una excepción?
-Mire usted, le ruego no insista más en entrar pagando porque me va a buscar la ruina y no me va a quedar más remedio que llamar a los guardias.
-Disculpen ¿Nos dejarían pasar a mi marido y a mí?-. Pregunté a los forasteros. Y sin esperar un sí o un no por respuesta, entramos.
-No me jodas ¡Esa mujer es más cuadriculada que los alemanes!-. Exclamó Carlos una vez que pasamos.

Cuando llevábamos en el botánico un ratillo recordé el título de una canción del que fuera el grupo de música de rock español Radio Futura.
-Carlitines ¿Dónde estará la estatua de Radio Futura?
-¿Qué estatua?-. Preguntó.
-La estatua del jardín botánico.
-¿Cuál, la de Carlos III?
-No, la que cantaban Radio Futura.
-A ver si es esa de ahí-. Dijo señalando a la derecha, en medio de un huerto-. Y mirando hacia donde señalaba dije:
-No, esa no es la estatua.
-¿Seguro?
-Espera a ver-. Y girando a la derecha para mirar de frente dije .-No, esta no es.
-¿Seguro?
-Segurísimo.
Con la misma, y tras recorrer un poquillo más los jardines, salimos y fuimos a merendar chocolate con churros.
-Oye Anchoíta ¿Por qué estabas tan segura de que esa no era la estatua?-. Me preguntó mi marido después.
-Porque lo que tú señalaste era un espantapájaros.
-Pues qué mal estoy de la vista ¿No? Veo menos que Pepe Leches.
-Eso parece. Por cierto, ese muñeco de paja ha de ser el único que haya en Madrid. Y para más coña, le han puesto gafas de sol.
-Vaya por Dios, qué mal repartido está el mundo: el espantajo ese con gafas de sol sin necesitarlas y yo a falta de unas graduadas.
-Pues nada, mañana mismo vamos al oculista y que te eche un ojo.
-O dos.