Tres Cantos. Madrid. España. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

El ser humano puede elegir entre la bondad y la maldad. Por tanto puede ser bondadoso o miserable.

Hoy voy a relataros actos que no se ven; pero que no se vean no significa que no estén ocurriendo.
Desde hace meses un miembro de mi familia está en una residencia. Hace años fue diagnosticado con demencia senil y llegó un momento que la convivencia era imposible: no solo ponía su vida en riesgo de continuo, también peligraba la de los que convivían con ella.

Salvo los profesionales, nadie está preparado para asumir -tanto a nivel físico como psíquico- el papel de cuidador. El cuidador necesitará ser cuidado. Verá mermada su salud, incluso podría caer en depresión.
Querer o tener que ejercer de cuidador con un familiar no siempre es una decisión acertada (lo digo por experiencia personal).

Tras sufrimiento y meditación mi familiar fue ingresado en una residencia de ancianos de la Comunidad de Madrid. Desde entonces le visitamos semanalmente.
Las primeras semanas todo parecía estar en regla. Se adaptó bien, estaba alegre, había engordado… Verle tranquilo nos dio tranquilidad.
Sin embargo según fueron sucediéndose los meses nos percatamos de que en la residencia pasaban cosas que no concuerdan con la ética y moral de personas civilizadas. Y comenzamos a ver detalles que nos pusieron sobre aviso de que algunos trabajadores abusan de los que han perdido la memoria por culpa de la enfermedad y no tienen capacidad de defensa.
En visitas posteriores descubrimos como le desaparecieron objetos personales. En concreto su hermana le había comprado un frasco de colonia “de la buena” y el frasco -como por arte de magia- se evaporó. En cambio otro baratito, comprado en los chinos, permanecía intacto donde se dejó.
Entre las actividades de los residentes está jugar al bingo. Mi familiar en dos ocasiones ganó y como premio le dieron un par de botes de gel. (De esto nos enteramos por una compañera que tiene bien la cabeza. Ha hecho mucha amistad, y al verla indefensa cuida y vela por ella).
Cuando fuimos a buscar los botes no los encontramos.La ropa que era de su propiedad -prendas nuevas y bonitas- no aparecían y en su lugar había otras que no eran de ella.
Como prueba para verificar que algo no funcionaba su hermana puso en la cartera unos euros sueltos. A los siete días algunas monedas no estaban.
(Decir que los residentes no tiene gastos y no necesitan llevar dinero consigo).
Las últimas veces nos dimos cuenta de un detalle que nos alarmó: mientras estábamos con ella vimos que tenía varias pastillas ¿Acaso no se las estaba tomando o esas no eran suyas? Sí, se las tomaba, y no, esas no eran suyas.
¿Cómo era posible que las tuviera? ¿Acaso los cuidadores profesionales de la residencia no se percatan de ciertas cosas?
Tras dirigirnos al personal oportuno para quejarnos de la situación, a la semana comprobamos que el frasco de colonia “de la buena” volvía a estar en su sitio (eso sí, casi vacío cuando antes estaba lleno).
Quien cometió las acciones abusó del que no puede recordar ni defenderse. Y ello le convierte en un miserable.

Desgraciadamente están cosas pasan. Están ocurriendo hora mismo en muchas partes del mundo. (Y esto no es nada comprado con lo que los mezquinos pueden o podrían llegar a hacer).