Carolina en la Casa Museo de la Magia. Poliñá de Júcar. Valencia. Comunidad valenciana. España. Foto tomada por Carlos Llorente Peláez.

Una vez alguien me dijo: en la vida hay dos problemas, los de matemáticas y los de la vida.
Y sí. La persona que me dijo esto tenía razón.

Y por hablar de problemas, he querido comenzar de un modo jocoso, pues todos, tarde o temprano, en algún momento de nuestra vida, vamos a tener que enfrentarlos.
Pero el problema presenta muchos problemas.
Es más, algunos creen que jamás los tendrán; y cuando alguien le habla de los suyos, huyen como de la peste.
La falta de empatía queda patente, obviamente.
Y ahora viene otro pero.
Y es que, el que habla acerca de su problema no debe olvidar que los demás también los tienen.
Si estás con alguien que solo habla de problemas -no de los de matemáticas, sino de los otros-, puede llegar a saturar.
Entonces, ¿Cómo enfrentar este “problema”?
Supongo que de primeras hay que usar el sentido común y la humanidad… Sin embargo… Como el ser humano tiende al egoísmo, la tarea se complica.
Además, nadie nació “aprendido”. Y todo lo tenemos que aprender.

Mi conclusión a los problemas, tras mi experiencia personal y haber madurado, se resumen en:
-Ante un problema, desahógate solo con aquellos a los que les interesas y/o tengan buenos sentimientos hacia ti. Y aun así, es posible que sufras rechazo (repito, somos demasiado egoístas y vamos a lo nuestro).
-Si le cuentas un problema a un desconocido pueden suceder dos cosas: que te escuche pacientemente o que te rechace.
Aquí encaja a la perfección la frase, “La vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te va a tocar”.

-Sé paciente con el que te cuenta su problema.
-No abuses de la persona que te escucha.
O simplemente piensa: de encontrarme en estas situaciones, ¿Cómo me gustaría que se comportaran contigo?

Y recuerda que los problemas, o se solventan o no tienen solución.
Y si el problema no tiene solución… ¡Olvídate de él! (O al menos, inténtalo).