Atardecer en el océano Pacífico. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Aquel sábado, tras el funeral de su marido, Claudia se fue sola a casa.
-¿Estás segura? ¿No quieres que te acompañemos?-. Le había preguntado su querida prima Manoli.
-No, tranquila.

Claudia necesitaba estar sola. Debía aprender a asimilar que la compañía de Ángel iba a ser sustituida por una aplastante soledad…

En otra parte del país -en su residencia de verano-, el grupo de vecinas, envidiosas y faltas de cuidado personal, comentaban entre sí:
-¿Dónde habrá ido Claudia?
-vete tú a saber.
-Seguro que se ha ido de vacaciones con alguna amiga y ha dejado sola al marido.
-Seguro. Porque tiene una pinta de pendón. Alta, delgada, morena… Qué esperas.
-La de cuernos que no tendrá el marido…
-Sí. Es una caza fortunas. Al parecer el marido está montado en el dólar.
-Sí, sí. Es la típica mosquita muerta. Cuando está aquí, ¿No veis cómo la miran nuestros maridos? Se la comen viva con los ojos.
-¡Es una buscona!
-A ver si venden el apartamento y no la volvemos a ver.

Las gotas de lluvia golpeaban los cristales de la ventana. Porque el cielo lloraba.
Claudia también lloraba. Y mientras sus ojos se vaciaban, su corazón se inundaba de dolor.
Nada importaba ya. De nada servía la belleza, la inteligencia; su situación privilegiada…
Claudia vendió sus propiedades y donó la mitad de lo obtenido a una fundación.
Y se marchó del país para no regresar.
Sabía que las vecinas, desde la ignorancia, la criticaban y juzgaban. Estaban equivocadas, no solo por criticarla y juzgarla, sino por centrar su energía en vidas ajenas, descuidando las suyas; y a sus maridos.
Ahora vive en una isla, sita en el océano Pacífico, rodeada de su otro gran amor: el mar.
Todo lo que poseyó, quedó atrás.
Y de la vida que compartió con su marido, solo se llevó el inmenso amor que le profesó. Y que sigue profesándole.
Cada atardecer, contempla la puesta de sol. Y entre las nubes, y las estrellas, al anochecer, busca a su Ángel.
La única esperanza que le queda es saber que él la espera… Y que un día… Se encontrarán y se fusionarán para ser dos luces en una sola.