Abro los ojos, de repente, tras un gran silencio.
Pero… ¿Cuánto ha durado ese silencio?
No lo sé, lo desconozco.
Creí estar en los brazos invisibles de una nebulosa.
A veces… Aun en su calidez, me sentía perdida.
No logré que el frío me abandonara.
Agradeceré siempre que intentaras darme tu calor.
Aunque debo sincerarme: fue inútil, tu benévolo intento.

 

Parece que haya despertado, de repente, de un largo sueño.
Y… ¿Cuánto tiempo he estado durmiendo?
No lo sé, lo ignoro.
Pensé que tras morir, mi alma resucitaría para juntarse con la tuya…
Sin embargo ¿Dónde estás que no te veo? ¿Por qué no te siento?
Algo que no puedo describir se ha apoderado de mi cuerpo.
Y ahora, ya no forma parte de mí.

Camino, de repente, por veredas laberínticas que nunca vi en fotografías ni postales.
¿Cuánto tiempo deberé estar encerrada aquí?
Que injusta situación:
Quise dejar la vida solo por caer rendida ante ti…
Pero tú, no has venido a darme la bienvenida a este nuevo mundo.

Llorando lágrimas que no existen, pues, de pronto, se evaporan transformándose en suspiros llenos de melancolía y nostalgia
necesito que me respondas:
¿Dónde estás que no has venido a buscarme? ¿Acaso no esperabas con ansia mi llegada?

La oscuridad se ha cernido sobre mí
y en mi corazón solo hay espacio para sombras negras.
Mis heridas jamás se convertirán en cicatrices.
Porque el dolor que me envuelve nunca podrá cerrarse.

 

Corazón: si aun queda un ápice de esperanza…
Aquí aguardo, te espero, pues yo, estoy en el limbo.