Mural en Pisco. Chile. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Cuando el tiempo ya giraba en las esferas del omnipresente reloj universal
y su tic tac era dirigido, con diligencia, por sus perfectas manecillas
el mundo -sin preguntar- decidió que yo debía nacer.

Desde muy pequeña descubrí que lo que me rodeaba
difería mucho del resto de personas que tenían, más o menos, mi misma edad.
Y a mi alrededor, en vez de equilibrio, había un absoluto caos.

Sabía que era diferente a las otras niñas.
Salvo raras excepciones, su proceder me aburría.
Ellas intuían algo porque no me aceptaban.
Jamás me sentí integrada en ningún lugar.
Y solo me fascinaron las que sobresalían en materias artísticas;
también las que eran más inteligentes que yo.

Mientras los días, semanas y meses pasaban
el hastío en la adolescencia se apoderó de mi atormentado corazón.
Un corazón que se enamoró del que por aquel entonces no le correspondió.
Y solo cuando la muerte vino al encuentro del joven cuerpo
que -años atrás- tanto desconsuelo me causó
en sus ojos, ausentes ya de toda vida, me pareció leer un:
amiga, fuiste importante para mí, y a mi manera, te quise.

Algunas personas somos de naturaleza artística.
Y nos caracterizamos por estar perpetuamente atormentadas;
incluso en situaciones que deberían proporcionarnos felicidad…
Sabemos que estamos en una dimensión inaccesible a los que cohabitan con nosotros,
en nuestro propio entorno.
En mi caso soy afortunada:
pude identificarme con un ser humano;
pero ahora… Ya no siento lo mismo por él.

La vida, vista como adulta y desde la madurez,
se compone de épocas.
Y nosotros, los que poseemos naturalezas artísticas,
precisamos constantemente sacar, a flote, nuestra creatividad en forma de arte.
Porque tenemos la capacidad de fabricar un todo que parte de la nada.
De no hacerlo nos ahogaríamos.
Por tanto, es fácil comprender nuestro proceder:
sobrevivimos en una sociedad que nos impone modos de vida que no nos satisfacen.

La gente, bien por desinformación, bien por ignorancia,
confunden los temperamentos
y cuelgan el cartel de “persona tóxica” al que es de “naturaleza artística”.
Es al revés, con lo cual:
deshazte de los que portan almas tóxicas.
Los que tienen tendencia depresiva o dolencias mentales no tienen por qué
ser tóxicos.
Suele ocurrir que el negativo tilda de negativo al que, por circunstancias personales,
no puede estar positivo.
Cuídate de ellos; pero sobre todo cuídate de ti mismo.
Y evita, por favor, caer en la negatividad.

A ti que tienes un alma creativa como yo
nuestras almas son más vulnerables porque son más sensibles.
Pero eso no significa que tengas que quebrarte como el cristal…
Aunque, puntualmente, sientas que tu corazón se rompe irremediablemente y para siempre
en algún lugar desconocido e inalcanzable
… De tu ser.