Pollas.

LA FOTO INAPROPIADA QUE MANDAN ALGUNOS HOMBRES

Una amiga mía, que tiene 69 años y no ha catado varón, me ha confesado que desde hace unos meses (cinco o seis) habla por mesenguer con un hombre de Jaén.
Anda que… A esa edad y aún virgen. Ya le vale a esta mujer.
-Lo tuyo no es un pecado, ¡Es un milagro, hija mía!-. Le dije yo.

El caso, que anda en conversaciones con un andaluz, Pancracio dice que se llama. Tiene 71 años, varias fincas y unas ganas locas de… De… Pues de eso.
-Ay, Anchoíta, este hombre es un indiscreto, no hace más que hablarme de… Ay, unas cosas me dice… Yo estoy escandalizada. Y me ha mandado una foto… Ay, Anchoíta, qué foto.
-A ver, mujer, ¿A qué viene tanto lamento? ¿Por una foto?
-¡Por una foto de su picha!
-Bueno, mujer, no le eches cuenta. Los hombres, hombres son. Es el defecto que tienen, que…
-Qué defecto, ni qué defecto-. Me ha interrumpido ella .-Por Dios, Anchoíta, que me ha preguntado que qué me parece y que qué tal la veo ¡Y yo qué sé si nunca había visto una! Y me pregunta: ¿ves qué bonita es? ¿A que es como la de un joven? ¡Y yo que sé si es como la de un joven!
-Pues a ver, mándame la foto…
-¿Y vas a saber tú si es de un joven o de un viejo?
-Yo no, pero se la enseño a mi marido y que nos saque de dudas.
-A ver que te la mando…

Y así lo hizo. Y yo le enseñé la foto de la picha del tal Pancracio a Carlitines:
-Carlitines, mira esta foto y dime si es de un joven o de un viejo-. Y fue enseñársela y exclamar:
-¡“Bais” por ahí e iros a freír espárragos, tú y la picha esa!
-Pero hombre, no te pongas así-. Y entonces le tuve que contar, porque se puso…
-¿Y yo qué sé cómo es la picha de un viejo, Carolineta?
-La que no lo sé soy yo. Y mi amiga ni te cuento.
-Pues pregúntale a algún amigo de la misma edad del amigo de tu amiga y sales de dudas, no te joroba…
-Bueno, pues ya averiguaré yo…
-Eso. Y cuando averigües me dices, que me has dejado con la duda.

TRIBUTO A ELENA FRANCIS

Estoy cogiendo un complejo de Elena Francis…
Sí, sí, de Elena Francis.
El Consultorio de Elena Francis fue un programa de radio de hace muchos años. Las mujeres llamaban para contar confidencias, y ella les escuchaba y daba consejos…
¡Y que resulta que luego Elena Francis era un tío! (O eso decían).
Bueno, pues yo no soy un tío, soy una mujer y me pasa como a la consultora, que me vienen las amigas a contarme unas cosas…

Hace justo una semana -sin ir más lejos- mi amiga Nisiuca (que está a punto de jubilarse) me contó que está harta de un señor que se llama Poldo.
Al parecer, Poldo es el padre de Lara, una mujer que trabaja en la panadería donde Nisiuca compra el pan.
-Oye, le he cogido un miedo… No te haces a la idea, Anchoíta-. Me dijo angustiadísima .-Es verme y empezar: Nisiuca, deja que te compre unas napolitanas de crema o unas palmeras. Si es que… Mira que estás guapa. Y qué simpática eres. Los sábados, cuando me voy a duchar, siempre me acuerdo de ti. Y se me pone el pito duro y todo. Es que eres guapísima y tienes unos pechos… Caguen la mar, si en vez de 86 años tuviera veinte menos, te cogería… No te escapabas, no. Y mira que te haría yo feliz…
-Calle, calle, que tonterías dice usted, don Poldo.
-Nisiuca, estoy deseando que llegue el día de la ducha porque me acuerdo de ti porque…
-Ya, ya. Si me lo acaba de decir.
-Ay, la memoria, Nisiuca. Me falla, me falla; pero lo otro no me falla. Es pensar en lo guapa que eres y ponérseme aquello… Porque mira que estás guapa.
-Y más guapa que me voy a poner, don Poldo. Porque esta tarde me voy de entierro. Y ya sabe usted que a esos sitios hay que ir bien arreglado.
-Ah, sí. Pues si quieres te acompaño.
-No, no, que son cosas de familia, muy privadas.
-Bueno, pues mañana si quieres tomamos algo.
-Calle, calle.
-Que sí, mujer ¿Por qué no vienes a mi casa y tomamos un café?
-Pero qué dice usted, hombre… Voy a ir yo a su casa a tomar café.
-Bueno, mujer, pues vamos a la cafetería Rosaura, ponen un chocolate… Está riquísimo. Vamos un día que te invito yo y tomamos chocolate con churros.
-Chocolate con churros, dice. Que no, que no, don Poldo.
-Nisiuca, ojo con el señor Poldo, que está más caliente que el chocolate ese al que te quiere invitar-. Le he dicho yo.
-Pues que meta su churro en el chocolate. Y a ver si e le quema y se deja de gaitas, Anchoíta.
Y me dice la hija que a ver si llamo por teléfono a su padre, que el pobre, desde que enviudó hará un par de años, está triste y se encuentra muy solo. Le voy a llamar yo… Ni por teléfono ni a voces; que le llame Rita. Es que no veas que matraca, y tiene la mano más larga… Como le tenga cerca, en cuanto me descuido me echa mano a la pantorrilla…
De esto la hija no sabe nada. Y claro, ¿Cómo le voy a contar yo? ¿Te imaginas? ¡Qué vergüenza! Y la hija venga a insistir: Nisiuca, ¿Llamaste a mi padre? Llámale, mujer. Llámale, que cuando habla contigo se pone muy contento.

Y mi amiga Nisiuca ha estado contándome lo mismo media mañana. Ya le he dicho: la próxima vez que le veas, le dices que me llame, que ya le diré yo cuatro cosas. Veras cómo deja de decirte nada.
-Es que me falta el respeto. Yo a él, no, ¿Eh? Yo me aguanto, le esquivo…
-Tú dale mi teléfono y que me llame.

Y bueno, desde entonces, en esas estoy, esperando que don Poldo me llame. Y cuando me llame… Le voy a cantar las cuarenta pero bien cantadas, al cansino, que para tener 86 años, tendría que estar cansado. Y no, no lo está, el cansino.
Tener acobardada a mi amiga… Y que la cogería, dice… Verás cuando le coja yo a él… Se le van a quitar de golpe las calenturas y los cansineos. Coño, ya.

RAYOS, TRUENOS Y LA LOTERÍA

Esta mañana hemos salido de nuestro pueblo, Tavernes de la Valldigna, hacia Valencia.
Y por el camino hemos pasado por todos los cambios climatológicos posibles: sol, viento, niebla, lluvia; hizo calor, hizo frío, salió el arco iris… Y ha sido entrar a la capital de la Comunidad valenciana y comenzar a caer chuzos del cielo.

Fotograma de uno de los capítulos de la serie de televisión The Simpsons (Los Simpson).

-Madre mía, cómo llueve, Carola-. Ha dicho Carletes-. Mira qué relámpagos. Verás tú, se nos cae el cielo encima.
-Ya, ya-. He dicho yo .-Pues escucha los truenos. Como caiga un rayo encima del coche terminamos como los dibujos animados cuando les cae uno encima, ¿Sabes los que te digo?
-Sí. Es lo único que nos faltaba.
-Pues no lo descartes.
-No, no. Porque nos pasa cada cosa, Carolineta…
-Sí. De todo. Menos tocarnos la Lotería, nos pasa de todo.
-Carola, la Lotería no nos puede tocar porque no la echamos.
-Ya. Pero como nos pasa de todo, lo mismo nos toca sin echar, ¿No?
-Visto lo visto, todo puede ser. Aunque la mejor Lotería que nos puede tocar hoy es que se pase la tormenta y lleguemos sanos y salvos a casa.

Con suerte hemos llegado bien a casa. Y como aún era pronto para comer hemos ido a la zona de la piscina climatizada para darnos un bañito y meternos un rato en el jacuzzi. Por cierto, granizaba… Pelotas de ping-pong golpeaban el techo de la instalación.
Allí nos hemos encontrado con amigos como Juan y “Los Pepes, un matrimonio formado por José y Josefa. También estaban dos vecinas (amigas) y un alemán, que como buen alemán, es cuadriculado y disciplinado y no falla a su cita diaria con la natación.
Y entre nados y charlas, una de las vecinas amigas, al momento de marcharse, me ha enseñado el par de zapatillas azules que llevaba en la mano, diciendo:
-Mira con qué he venido a la piscina, con las zapatillas de andar por casa.
-Bueno, mujer, no pasa rex-. Le he dicho yo.
-Mare de Déu, cómo tengo la cabeza, cómo tengo la cabeza-. Ha dicho mientras se iba.
-Aquí estamos todos fatal-. Les he dicho yo a Carlitines y a Juan.
-Ah, sí, sí, sí. Estamos todos… -Ha dicho Juan.
-Es por el Levante-. Ha dicho Carlos.
-Ah, sí, sí, sí. El Levante hace estragos-. Y entonces, el alemán, que nos había oído, dijo:
-El Levante no se si hace estrragos, pero que las cabezas no están bien, es verrrdad. Porrrque el año pasado, porrr estas fechas, el señorrr que vive debajo de mí…
-¿El peruano?-. Preguntó Juan, que parece la vieja del visillo ya que conoce la vida y obra de todos los vecinos.
-Sí, el perruano. Vino un día a mi casa diciéndome que si le comprraba un boleto. Y cuando yo le prrregunté que qué errra un boleto, me dijo que erra una parrrticipación parrra que me tocarrra la polla. Y al decirrrme esa palabrrra tan malsonante, no le mandé a la mierrrda de purrro milagrrro.
(Risas).

Publicidad de la Lotería La Polla. Lima. Perú. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Y como en ese momento estaba por allí -haciendo funciones de mantenimiento- uno de los conserjes, que es de origen peruano, dijo:
-Menos mal que no le mandaste a la mierda.
-¿Porrr qué?
-Porque en mi país a la Lotería le llaman La Polla.
-Aaah. Bueno, pues si este año llama a la puerrrta de mi casa le dirre que estarría encantado de que me tocarra La Polla.
(Risas).
-Eso, eso-. Dije yo .-Y ya de paso, a ver si me la toca también a mí… Esto, quiero decir, que a ver si me tocara, que buena falta nos iba a hacer a Carlitines y a mí.