Seydisfjordur. Islandia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

El paso del tiempo, igual que escuchar música, apacigua el alma. Sobre todo apacigua las almas de los que están atormentados.
Algunos atormentados, mueren. Y a veces sucede que personas, que eran desconocidas, comparten un mismo dolor. Y el que murió las unirá, estableciendo entre ellas un vínculo especial que viene del otro mundo: del mundo espiritual.
Y a veces, también sucede, que una canción nos trae un recuerdo…
Cuando nacemos venimos a un mundo que contiene las lecciones que nos darán sabiduría. Algunas están escritas en libros antiguos, otras vienen directamente de palabras que salen por la boca del sabio; y otras has de aprenderlas, por ti mismo, en edades en las que no has alcanzado el suficiente desarrollo, pues por ejemplo, aún eres un niño.
Ser adulto no equivale a ser una persona madura.
Cuando vienes al mundo comienzas a decirle adiós a la vida puesto que vas hacia la muerte.
Solo cuando maduras tomas conciencia de que hay un verdadero significado en la existencia. Sin embargo esto no significa que puedas descifrarlo.
El paso del tiempo ayuda al desarrollo personal. Tu madurez crecerá si la alimentas con experiencias.
El paso del tiempo apacigua las almas; pero la música no te dará experiencia para la edad adulta.
La música, probablemente, sea la vía más bonita que nos pone la vida para que todos podamos caminar por ella en armonía. E igual que ocurre con los sueños, a veces, gracias a ella, resucitamos instantes. Porque traemos de nuevo a nuestra vida lo que ya no existe.

(Dedicado a Antonio y a Nieves).