La sonrisa de un niño lleva color donde solo hay sombra e inunda de alegría todos los espacios.

Si te topas con su mirada verás cómo son los ojos de la felicidad. Unos ojos que, en ocasiones, los adultos hemos dejado de mirar.

La sonrisa de un niño muestra uno de los mejores dibujos que ha pintado Dios. Puede venir acompañada de risas estruendosas, otras serán silenciosas; pero todas son únicas. Son el verdadero milagro, una mágica maravilla, el regalo perfecto con el que un ser humano puede obsequiar a otro… Cualquier día, en cualquier época del año.
No hay mayor luz que la que emana de la sonrisa de un niño. Cuando te veas envuelto en el Mundo de los Mayores, recuerda que tú, también fuiste niño.

No olvides que sigues llevando uno dentro de tu alma.

Y sobre todo: cuando un niño te sonría, devuélvesela, y dale las gracias. Porque te habrá dado un pedacito de su tierno corazón.