Póster de la película Nueve semanas y media.

-¿Cómo has tardado tanto en subir-. Le he preguntado a Carlitines, mientras esperaba sentada en casa, después de haber guardado la compra que hemos hecho (y haber hecho pipí; haber guardado los zapatos y la chaqueta, y haber puesto la mesa “pa” comer).
-Me he encontrado con Joan y los amigos y me he entretenido un rato.
-¿Y qué te han contado?
-Nada, hemos estado arreglando el mundo. Y luego, como se han ido todos menos Joan, me ha preguntado:
-¿Te gusta la miel?
-La verdad que no.
-¿Y a tu mujer? Es que he traído cuatro kilos de la granja.
-Creo que tampoco.
-Pues sí me gusta-. Le he dicho yo.
-A mí solo me gusta si es para hacer lo de la película de 9 semanas y media.
-Déjate de tontunas que siempre estás con lo mismo.
-No, si… Eso se lo he dicho a Joan.
-Ah, ¿Y qué te ha dicho él?
-“Na”. Le he preguntado si sabía qué película era.
-¿Y qué ha dicho?
-Que sí.
-¿Y no le has preguntado si también le gusta lo que hacen en la película con la miel?
-No. Pero a raíz de mencionar la película me ha dicho que hace cuarenta años tuvo dos puticlubs.
-¿Dos puticlubs?
-Ay, no, me he equivocado: videoclubs, quise decir videoclubs.
-En qué estarás pensando, Carletes. Y bueno, a ver, qué más te ha contado Joan.
-Que con los puti… Esto, con los videoclubs ganó mucho dinero; pero que de la misma manera que lo ganaba, lo gastaba.
-Muy bien hecho.
-Y que las películas que más le rentaban eran las porno.
-¿Y tú no le has contado nada de lo tuyo?
-Sí.
-¿Y qué le has contado en concreto?
-Pues eso, que a los veinte años fui gigoló.
-¿Fuiste gigoló?-. Me ha preguntado medio “asustao”.
-Sí. Y me pasaba como al rey Midas: todo lo que tocaba lo convertía en oro.
-¿Y lo dejaste?
-Sí. Lo dejé cuando conocí a la Carola.
-No querías que se enterara…
-No, no. Además, al conocerla, tenía miedo…
-Ah, sí, sí. Lo creo, lo creo. Las mujeres son tremendas-. Me ha interrumpido Joan.
-Ya. Pero mi miedo no era por eso. Era porque quería tocarla y claro, como todo lo que tocaba se convertía en oro…
-Aaah, ya, ya. Comprendo, comprendo. Tú querías que fuera de carne y hueso para hacer lo de la miel, como en 9 semanas y media.
-Claaarooooo.
-¿¡Y tú por qué no me contaste que fuiste puto, eh!?-. Le he preguntado, hecha un basilisco.
-Para que no te pusieras como te estás poniendo. Además, que es mentira, que no he sido gigoló.
-¿Entonces “paqué” le has dicho a Joan que sí lo has sido?
-Coño, porque si él tuvo dos puticlubs, ¡No voy a ser yo menos!
-¡Videoclubs, Carlos! ¡Videoclubs!
-Como sea, que me pones nervioso y no sé ni lo que digo. Y mira que venía yo tranquilo y más contento pensando en la miel y en 9 semanas y media. Y, y, y te iba a decir que si después de comer hacíamos como en la película…
-¿Lo de la película vamos a hacer, Carlitines? ¿Sin la miel?

Y el tío, ha cogido la puerta y se ha marchado corriendo, que no se ha matado de milagro porque al salir, con tanta prisa, se ha tropezado con el felpudo y, y, y…
Y eso, que me juego el pescuezo y no lo pierdo a que ha ido a casa de Joan a pedirle la miel.

(FINAL ALTERNATIVO)

-Cómo lo sabía… -. Le he dicho a mi marido, al verle regresar a los pocos minutos con un tarro de miel en las manos y una sonrisa de oreja a oreja.
-Venga, que te voy a embadurnar…
-Ir a pedirle la miel al vecino-. He dicho yo, cabeceando .-Si estaría comiendo y lo mismo se ha molestado.
-Qué se va a molestar, él me entiende.
-Ya, ya. Y tú a él.
-Pues claro. Venga, prepárate que te voy a embadurnar…
-Anda qué, si tanto os entendéis ya os podrías embadurnar el uno al otro con la miel y me dejabas a mí de tanta pamplinería. Y encima se va a poner todo hecho un cisco… Claro, como a ti te da igual y me tocará limpiarlo…
Dios, puta película y puta miel.