Hoy, al tiempo que la aurora me despertaba para darme un “buenos días” me asaltó un recuerdo que había olvidado; y lo hizo formulando la siguiente cuestión: ¿cuándo fue la última vez que diste un pedazo de amor al prójimo? ¿Cuál fue el último trozo que arrancaste de tu enamorado corazón para regalárselo a esa persona especial, que supuestamente, anida dentro de él?
La verdad, no logré recordar ni lo uno ni lo otro.
Al instante, una voz interior, dirigiéndose directamente a mi alma dijo: tú, como ser humano, tienes una máquina inagotable, es la responsable de fabricar AMOR. Y ese sentimiento que produces fue, será y es… Interminable. Como lo es la esencia que dejarán los que ayer cruzaron al otro lado sin mirar atrás. Tu máquina es la mejor máquina; y supera con creces a la que se dedica a fabricar dinero. Y tú… todavía no lo sabes.
El dinero sale de una máquina, y cuando se agota, el artilugio escupe más y más para que nunca puedas dejar de comprar las cosas materiales que tanto anhelas, cosas con las que crees que podrás adquirir Felicidad; sin embargo, olvidaste que no precisas nada de esto, tu máquina inagotable fabrica -todos los días de tu vida- AMOR. Y lo hace con un claro objetivo: es para que tú, altruistamente, lo compartas con los demás
Por más pedazos o trocitos de corazón que te arranques jamás se agotarán. Por más personas que guardes dentro de tu alma siempre seguirá teniendo espacio para más y más.

Tarde o temprano cruzarás al otro lado y solamente te llevarás contigo AMOR. Entonces ¿por qué no comenzamos TOD@S a darle más importancia a nuestra máquina inagotable y empezamos a usarla correctamente?
Yo acabo de hacer un buen uso de ella. Espero que tú también lo hagas.