Réplica del cuadro de Salvador Dalí La persistencia de la memoria. Alicante. Comunidad valenciana. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Genaro era santanderino y relojero
también gran aventurero y viajero.
Y recorriendo el mundo en velero
conoció a Felisa, la mujer de sus sueños.

Harto de tanto viaje
se estableció con su mujer en la provincia de Alicante.

Al año de conocerse Felisa y Genaro se casaron
y en una bonita localidad costera
abrieron una relojería llamada La Casa del reloj cántabro
sita en la calle de la Sal y la Pimienta.

La vida, como el tiempo, fluía y fluía
y al hogar del feliz matrimonio
no tardó en llegar un risueño niñito
para llenarlo todo de alegría.

Los días fueron pasaron…
Y los meses… Y los años.

El niñito de nombre Próspero
que hasta entonces había crecido sano y contento
amaneció un sábado otoñal con síntomas de estar muy enfermo
por lo que sus padres, sin demora, pidieron que viniera un curandero.

El curandero, tras ver al hijo de Felisa y Genaro
anunció con tristeza: de este domingo el niño no pasa.
Y entre dolores, suspiros y llantos
al relojero Genaro se le ocurrió una idea para salvar a su niño del alma.

Carátula de la película El hombre mosca. (Y no olvides que un sábado del mes de octubre a las 02: 00 horas serán las 03: 00).

Y pensando para sus adentros llegó a la siguiente conclusión:
si atraso una hora el reloj esta madrugada y a las tres son las dos de la mañana
quizá Próspero salve la vida y gane la batalla al hombre de la guadaña.
Así fue como el relojero creyó dar con la solución.

Los segundos y los minutos fueron pasando
y aun retrasado el tiempo en el mundo
nada pudo salvar al hijo de Felisa y Genaro
y el hombre de la guadaña se llevó consigo a Próspero sin esperanzas y moribundo.

Desde entonces y en señal de duelo
el relojero Genaro cambia la hora a todos los relojes
en memoria del niño que no llegó a ser hombre
porque está viviendo eternamente en el mundo de los muertos.

Por ello un día del mes de octubre
se cambia la hora en los relojes.
Acuérdate de Próspero esa noche
y dale las gracias, pues por él, sesenta minutos de más tú duermes.

(Esta poesía la escribí el sábado, 27 de octubre de 2018. Y está dedicada a Chema).