Fuente de Cacho. Santander. Cantabria. España. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Como buena cántabra que soy voy a hablaros de la fuente más famosa de Cantabria: La Fuente de Cacho.
La Fuente de Cacho tiene una canción, que se titula igual, La fuente de Cacho, y es el himno no oficial del Real Racing Club de Santander.
Y llegados a este punto digo yo: si algún seguidor del Racing no ha visto la fuente, como la vea te digo yo que deja de cantarla.

Bueno, yo os voy a hablar de la letra de la canción de La Fuente de Cacho y de la fuente en sí. Y voy a ir alternando los temas, es decir, hablaré de la canción y de la fuente, de la fuente y de la canción.

Veamos qué dice la letra de La fuente de Cacho… Por cierto, no hay santanderino que no se la sepa (yo creo que a mí me la enseñaron en el colegio de monjas al que fui).

Y dice así:

Ayer te vi que subías
por la Alameda primera
luciendo la saya blanca
y el pañueluco de seda…

Dime, dónde vas morena
dime, dónde vas salada.
Dime, dónde vas morena
a las dos de la mañana.

Vamos a ver: ¿qué hace una chavala a las dos de la mañana en la Alameda primera? ¿Y qué hace el otro también en la calle que la ve a esas horas?
Porque no lo sabrá el padre de la morena y salada, que si no, la corre a ostias. Y con razón. Oye, ¡No son horas!
A esas horas hay mucho desaprensivo, y de no ir acompañada de una pareja de los grises (de aquellas), le puede pasar a una cualquier cosa.

Sigamos con la letra de la canción:

Voy a la Fuente de Cacho
a beber un vaso de agua
que me han dicho que es muy buena
beberla por la mañana…

Dime, dónde vas morena
dime, dónde vas salada.
Dime, dónde vas morena
a las dos de la mañana.

Vamos a ver otra vez: ¿qué hace la del pañueluco de seda en la Alameda si va a la Fuente de Cacho?
Si vemos un mapa de Santander comprobamos que es alargada y muy estrechita, y que la Alameda primera está en la otra punta de la ciudad.

Y dice la canción que son las dos de la mañana y que la de la saya blanca va a beber un vaso de agua a la Fuente de Cacho porque le han dicho que es muy buena beberla por la mañana.
Veamos: ir andando desde la Alameda primera hasta la Fuente de Cacho llevará unas cuatro o cinco horas. Así que si a las dos de la mañana estás en la Alameda, llegarás a la fuente a las seis o a las siete de la mañana. Y ya te digo yo que a esas horas llegas la primera a la fuente porque no habrá ni Dios. Entonces, ¿A dónde vas con tanta prisa, mujer?
Y esa es otra, ¿El vaso? ¿Lo llevaba la paisana o estaba en la fuente?
Pero muchacha, la próxima vez, aparte de ir a una hora decente, llévate una garrafa de cinco kilos -o de dos, no sea que pese mucho y no puedas con ella- y te la llevas “pa” tu casa. Y bebes agua cada vez que quieras hasta que te hartes. Porque ya me dirás, ir a la Fuente de Cacho “pa” beber un vaso de agua…

Y ahora vamos a hablar de la Fuente de Cacho… ¡Que a mí casi me cuesta el divorcio!
Resulta que Carlitines y yo fuimos una semana de vacaciones a Santander. Y el primer día le dije de ir a ver la fuente… ¡Pues maldito el día que le dije de ir!
La verdad, nunca la había visto.
Fuimos un día de sol radiante. Y cuando la vio mi marido… Y la vi yo también… Qué desilusión, (no sabía dónde meterme).
-¿¡Y para ver esto me has hecho perder un día de vacaciones, que me he quedado sin poder ir a la playa a tomar el sol!?-. Dijo (es que en Santander, de siete días, llueve seis. Y así pasó, que los otros días estuvo llueve que te llueve) .-Coño, que me la vendiste como si fuera las reliquias de San Bartolomeo y es un puto grifo, que no llega a caño. Porque vaya fuente… ¡Si es un caño mohoso y roñoso! ¿Quién va a venir aquí? Nadie. El cura del Exorcista a coger agua, si acaso. Y de venir, no vendrá un día soleado, sino uno lluvioso.

Y no le faltaba razón.
Yo soy cántabra, santanderina, y ya os digo que la Fuente de Cacho es una mierda.
La tienen enrejada, con horario de apertura y cierre. Pues es una mierda. Hacedme caso, que yo nunca miento.
Y si alguien se enfada, que se enfade. Las verdades duelen.
¡Es una mierda!
Y ya pueda venir un crítico de arte o quien sea que a mí no me convencen. Como no me convencen los cuadros abstractos al que, por ejemplo, le ponen de nombre Niño comiendo un plátano a la sombra de los pinos. Y tú la única sombra que se ves es la que hace el cuadro.

Pero bueno, si vais a Santander… Oye, ya que estáis allí, id a verla. Y como hice yo, bebed, bebed un vaso de agua.

Sigamos con la letra de la canción:

Voy al Jardín de Valencia
a decirle al jardinero
que me dé una rosa blanca
que en mi jardín no las tengo…

Dime, dónde vas morena
dime, dónde vas salada.
Dime, dónde vas morena
a las dos de la mañana.

Mira que he estado buscando… Pues en la ciudad de Santander no hay ningún jardín que se llame Jardín de Valencia. Y también es casualidad que en España haya 17 comunidades autónomas -y dos ciudades- y yo esté viviendo en Valencia.

Y me dice Carlitines cuando me oye cantar La fuente de Cacho:
-Carolineta, me estás volviendo loco con la letra de La Fuente de Cacho, porque cuando te da por algo, te da. Y estoy de la fuente del demonio… Que ya no sé si hay que ir a la Fuente de Cacho a por una rosa blanca o al Jardín de Valencia a beber un vaso de agua.
Además, puta cagalera te dio por beber el agua… Pues no has escarmentado porque aún quieres ir a beber… Lo demuestras con tanto canta que te canta.

Y a la morena y salada: anda y tira “pa” tu casa y no se te ocurra volver a ir a la fuente a las dos de la mañana que hasta yo, que no soy tu padre (ni tu madre), estoy preocupada, no te vaya a pasar algo.

Ah, se me olvidaba: La Fuente de Cacho es una canción montañesa -de origen incierto- y la cantan Los Calatrava…
-Los Carabelas, Carola, Los Carabelas-. Me ha corregido Carlos.
-Eso, que me he equivocado: Los Carabelas.
Y cantan una cuarta estrofa que dice así:

Son las dos de la mañana
y mi marido no viene
quién sera la picarona
que a mi marido entretiene…

Dime, dónde vas morena
dime, dónde vas salada.
Dime, dónde vas morena
a las dos de la mañana.

(Hola, soy Carlos. Y quiero deciros que a la Carola, tras el confinamiento le ha “quedao” un trastornamiento. Y le ha dado por el cante y el baile. Tiene un sincio… Ni come ni cena (así se ha quedado, delgaduca, delgaduca).
No quiere ir a la playa, y me deja solo… Así que, qué luego no le extrañe que a mí, que soy su marido, me ande entreteniendo alguna picarona a las dos de la mañana).