Calabaza grandísima.

Para los que no lo sepan, aquí, en la Comunidad valenciana, raro es el que no tiene huerto.
Y nosotros, no íbamos a ser menos, por lo que compramos una parceluca muy maja. “Naaa”, cinco metros “cuadraos”, tampoco hay que abusar. Porque no tenemos mucha idea de cómo funciona el mundo de las hortalizas y para empezar Carlitines sembró calabazas.
Y oye, fue todo un acierto porque ¡Vaya calabazas! Bueno, vaya calabazas, no: vaya calabaza, en singular. De las cincuenta semillas que sembró solo salió una; pero esa una vale por doscientas. Porque salió grandísima y medio pueblo fue a verla; y ella sola ha ocupado toda la parcela, y parte de las cuatro parcelas colindantes. Y los dueños ya nos pidieron explicación de a ver qué pasaba con la calabaza, pues aplastaba a las lechugas y a los tomates y a todo lo que pillaba.
Y ahora tenemos un dilema, tan grande (o más) que la calabaza. Y es que nos ha dado una de cal y otra de arena.
De una parte nos escribieron los del Libro Guinness de los récords- que no sé cómo se enteraron de este asunto- para informarnos que iban a venir a pesar y medir la calabaza. Y vinieron a nuestro pueblo dos tíos de “paí”, de Las Américas, muy bien vestidos y oliendo a Pachuli, con una carreta y una grúa. Y tras poner unos enganches en la calabaza y alzarla, la pusieron encima de un peso que había en la carreta y la midieron. Y como la calabaza pesa 357 kilos y tiene una circunferencia de 15 metros, nos han metido en los Guinness, por ser nuestra calabaza la más grande del mundo.
De la otra parte los dueños de las parcelas se quejaron al alcalde del pueblo y quieren que les demos un chacho de calabaza a cada uno, porque dicen que los cachos que estaban en sus parcelas son de ellos. Y yo ya estaba dispuesta a darles los cachos cuando Carlitines me dijo:
-A ver hija, piensa bien las cosas, ¿A cuento de que les vamos a dar nosotros trozos de nuestra calabaza?
-Ay, ché, Carletes. Si no se los damos son capaces de quemarnos el huerto.
-Sí, hombre, lo van a quemar… Ellos sí que están quemándose; pero de la enviada que nos tienen. Llevan años y años echando semillas y solo les salen cuatro plantuchas de poca monta. Y como a nosotros, a la primera, el huerto nos ha dado esta calabaza…
-Ya, pero…
-No hay peros que valgan, Carolineta. Además, que en tres semanas nos plantamos en Halloween y con el pedazo de calabaza que tenemos, vamos, nos hacemos de oro.
-¿Tú crees?
-Ya lo verás.

Pues nada, a ver si es verdad que lo veo. Porque de momento lo único que vemos son las malas caras de estos cuatro hombres.
Y esa es otra, como Carlitines tenga razón y vean que nos hacemos de oro con la calabaza, en vez de la fiesta de Halloween se arma la Marimorena.