Bombilla con un barquito.

Como todas las semanas el domingo fuimos al cine.
No sé cuánto tiempo hará que vosotros no vais, pero desde hace una temporada en los minutos previos al inicio de la película -entre los trailers- sale un anuncio, idea de algún iluminado.

Resulta que ahora, mientras estás en la sala viendo los trailers, puedes pedir que te traigan una hamburguesa y un refresco o una tabla de ibéricos y una copa de vino tinto.
Poneros en situación: estáis esperando que comience la película y danzando entre las butacas, unos siete u ocho camareros con bandejas en la mano, van hacia la voz que dice: “camarero, tráigame una hamburguesa con extra de queso sin pepinillos y una Coca-Cola Zero”. O hacia esa otra que pide: “mozo, haga el favor, pongamos a mi marido y a mí una tabla de patés y otra de quesos, y una botella de Tío Pepe.
Pero al ratuco, cuando la película está a un tris de empezar, o incluso cuando ha empezado ya, se oye:
-¡Camarero, le pedí una tabla de ibéricos y esto es una tabla de planchar!
-Mozo, a ver si estamos a lo que estamos que en vez de una Coca-Cola Zero ha traído una light.

Ante esto yo pregunto: ¿os imagináis que estuviera en la sala de cine el camarero ese…? Sí hombre, el que trabaja en el restaurante malagueño de El Tintero y va gritando a viva voz: ¡y yo cobro oiga, y yo cobro!
Lo dicho, que al iluminado que tuvo la idea de servir comida y bebida en las salas de cine se le debió fundir la bombilla.
A la vista está que tiene menos luces que el barco de un contrabandista.