Carolina queriendo abrazar al globo terráqueo que hay justo a la entrada del Prater (el parque de atracciones más antiguo del mundo). Viena. Austria. Foto tomada por Carlos Llorente Peláez.

No planifico nada a largo plazo porque ¿Hasta dónde llegará mi futuro?
Prefiero vivir hoy, el presente, que curiosamente tras decir presente se ha hecho pasado.
Estamos en constante periodo de transición.
Necesitas tiempo. Yo lo sé desde hace años: hoy estás aquí, quizá mañana no.
Yerras viviendo como si fueras inmortal. También cuando piensas que no enfermarás. Desde el instante que el contador de tu vida se pone en funcionamiento con su mudo y sordo tic tac, está restando tiempo de tu existencia carnal.

Reloj Astronómico. Praga. República Checa. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

El reloj que marca las horas acaba de hacer tic… Pero ¿Y si no hiciera tac?
Tú no sabes cuando parara.
Con suerte estamos envejeciendo. De no ser así, tal vez algo nefasto ocurrió.
Cada día y cada noche que pasa no volverá.
No debemos olvidar que la vida es una incógnita. Aprovéchala. Exprime las horas, los minutos y segundos. Aprende a discernir, aprende a no perder las oportunidades que se presenten. Y ante la cuestión: qué hubiera sido si hubiese… Procura no quedarte con dudas. Quizá las arrastres de por vida.
Ójala sepas elegir bien la alternativa, así evitarás sentir arrepentimiento. Para ello ten en cuenta lo siguiente: entre el sí y el no ¿Qué puedes perder? El no siempre lo tienes. Así que para dar la vuelta a la situación atrévete a jugar y apuesta. El que no apuesta no pierde; tampoco ganará.
Cuando la muerte venga a buscarte -desde las tinieblas- para llevarte consigo, será demasiado tarde.
No habrá vuelta atrás.
El mejor juez que hay en tu vida eres tú mismo. Tú debes juzgar tus acciones y actos.
Haz lo que consideres, pero por favor: procura no herir a los demás; procura no hacerte daño a ti mismo.

Pareja de muñecos de trapo enamorados. Bratislava. Eslovaquia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Personalmente voy a dedicarme a viajar; a cuidar de mi amor y de los míos.
Voy a ir al gimnasio, al cine, a conciertos de música; a eventos literarios. Y por supuesto: escribiré y seguiré publicando libros.
Hay que experimentar. Desecha filosofías cuyos propósitos te alejen o impidan llegar a tus objetivos.
A la espera del fin -yo gusto asociarlo con los conceptos de decadencia y ocaso- hay que intentar vivir dando importancia a lo que realmente importa.
Así, cuando la muerte venga a mi encuentro, no opondré resistencia ¿Para qué hacerlo? Supongo habrá que luchar contra los miedos y dejarse llevar. Y digo supongo porque ¿Acaso hay otra opción?