No hago demasiados planes futuros, porque ¿Hasta dónde llegará mi futuro?

Prefiero vivir el hoy, el presente (que, curiosamente, tras decir presente se hizo pasado).

Estoy en periodo de transición. Ahora la vida va a ser distinta.

Yo necesito Tiempo (lo sé desde hace unos años) por eso no planifico demasiado. Hoy estoy, quizá mañana no.

Te equivocas si crees que eres inmortal, que no envejecerás, que nunca enfermarás. Cada día, cada noche que pasa, no volverá. Y te quedará una noche, un día menos (eso sí, todos ellos vividos, por supuesto).

Mi vida es una incógnita, así que como no sé el tiempo que me resta, intentaré decir y hacer lo que quiera. Siempre y cuando no hiera a nadie.

Voy a dedicarme a viajar, a cuidar de mi amor, a cuidarme yo; a ir al gimnasio, al cine, a conciertos de música. Iré a actos literarios, escribiré y seguiré publicando libros.

Haré lo que considere, no dejaré pasar oportunidades; experimentaré.

Exprimiré las horas, lo minutos, los segundos para no tener que arrepentirme de nada.

Mientras espero el instante final, la decadencia, mi ocaso, viviré dando importancia a las cosas que realmente son importantes. Y desecharé filosofías que puedan entorpecer que logre alcanzar las metas propuestas.

Una cosa aprendí a lo largo de los años: cuando vengas -desde las tinieblas- para llevarte mi cuerpo, espero no tener que preguntarme ¿Por qué no dije o hice aquello?

No te buscaré, pero cuando vengas a por mí no pondré resistencia. Y dejaré que me lleves, contigo, sin sentir miedo, donde quiera que tengas que llevarme.