Chiquito de la Calzada.

-Toc toc toc-. Llamaron unos nudillos con insistencia.
-¿Sí? ¿Quién llama?
-“Hase” el “favo” de abrirme la puerta, que soy yo, el pecador de la pradera.
-¿Pecador?-. Preguntó extrañada la persona que custodiaba la puerta .-Perdone usted, pero no le voy a poder abrir…
-¿“Comóoooor”?-. Interrumpió el buen hombre al tiempo que moviéndose nervioso agitaba manos y brazos levantando las piernas .-¡“Uste” es un “fistro”! Y por la gloria de mi madre me va a abrir.
-Pero vamos a ver, explíquese mejor caballero.
-Estoy aquí por culpa de unos dolores en el duodeno… Ese caballo que viene de Bonanza-. Canturreaba mientras se explicaba, a su manera.
-A no, aquí no se pueden meter caballos señor. Esto es la entrada al cielo: la puerta del paraíso para los animales está un poquito más adelante.
-Caguen tus muelas, déjame entrar por “favo”. Que tengo más peligro que un mono con una escopeta de feria y me pongo a “canta” y a dar palmas y no veas la que lío-. Y San Pedro, contagiado por el nerviosismo de Chiquito de la Calzada y por qué no decirlo, también de su buen humor, dijo:
-Espera un momento, a ver si estás en la lista de las personas catalogadas como buenas-. Y tras mirar en el listado, allí estaba el nombre de Gregorio Esteban Sánchez Fernández .-Sí, estás. Pasa. Además… Hay una persona que lleva esperándote desde hace unos años: se llama Pepita-. Y Gregorio, al oír el nombre de su amada esposa se colmó de emoción.
Y así, emocionado y feliz -entre carcajadas y grititos- simplemente entró al cielo exclamando:
-¡Al “ataqueeer”!