Esta mañana he estado leyendo acerca de un tema, que personalmente, me preocupa más que ir bien peinada (siempre y cuando mi cuero cabelludo y pelo esté limpio). La cuestión que ocupa mi pensamiento nada más levantarme, todos los días de mi vida, o uno de los primeros que lo ocupa es: deshacerme de la horrible halitosis que todos los humanos padecemos nada más levantarnos (incluso antes, pues al despertar y bostezar, por nuestras bocas asoma un aliento pestilente como consecuencia de las miles de colonias de microorganismos que cohabitan en nuestras cavidades bucales, donde realizan funciones vitales como comer, reproducirse, cagar o morir).
Así que, al abrir la boca, nada más despertar, yo huyo como alma que lleva el diablo de la persona que duerme conmigo (en este caso mi marido) para evitar que mi desagradable olor bucal (del que nadie puede escapar porque no hay remedio) le haga pronunciar, sin ir más lejos, un: “me caguen tu puta calavera (o estampa, os dejo elegir la que más os guste”).
Y sí, no hay modo de escapar de este despertar; sin embargo sí puedes remediarlo lavándote los dientes y cepillándote la lengua, a conciencia; y/o enjuagándote la boca.
Si tras el concienzudo lavado el mal aliento persiste quizá una visita al dentista no esté de más; incluso tengas un problema orgánico (mal aliento ajeno a la boca). Y debas hacerte un chequeo médico.
Y bueno, hábitos como tomar café, fumar (no digo ya tomar drogas, beber alcohol, ciertos medicamentos, etc.) La ingesta de determinados alimentos…

El aliento (una vez lavada la boca) va a ser tu carta de presentación, y puede ser reveladora de padecer enfermedades (incluído un cáncer).

Si a esto le añadimos, lo que me sucede a mí, es decir: tener hipermegasuperdesarrollado el olfato… Apaga y vámonos.
Aunque no sea más que por cortesía y civismo: coño, velemos por nuestra higiene.
Ah, y si por la mañana sois de los que os gusta empezar el día echando un caliqueño… Por amor de Dios (ambos dos; o tres o cuatro o los que seáis, que en estos tiempos tan modernos y de libertinaje nunca se sabe) darle bien al cepillado antes de meteros de lleno en los menesteres del arte amatorio.
Vamos, digo yo.
En serio, uno está divino de la muerte supermegahiper repeinadito (o con los morritos muy cuquis) pero coña… ¿De qué sirve si por tu boca sale la llamarada de un dragón con aroma a azufre?