Portada del libro de Carolina Olivares Rodríguez ALFONSO, EL HÉROE DE LA LUCHA INTERMINABLE.

Cuando era niño se suponía que la vida debía estar libre de dolor. De noche, los Ángeles que me visitaban, nunca me contaron que a veces las sentencias no se cumplen. Y la vida más tarde me enseñó que no todos los sueños se hacen realidad.

Sabía que tarde o temprano las personas… Nos vamos; sin embargo, siempre estuve en contra de esa opinión y, aun siendo solo un infante, me negué a creerlo.

Yo nunca me iba a ir, nunca. Solo me ausentaría de este mundo para reencontrarme contigo en otro lugar.

No pienses ni por un solo momento que te dejo sola. Me fui pero no te abandono: jamás lo hice, nunca lo haré.

¿Te confesé que me encanta viajar? ¿Sabes? Me fui de viaje a un sitio al que tú también irás… Algún día. Estoy en un paraíso, rodeado de almas igual que yo.

No puedo escribirte una carta de Amor porque no tengo con qué. Tampoco puedo mostrarte imágenes de donde estoy,  aquí no hay cámaras de fotos.

¿Me dejas que sea yo esta cálida madrugada, desde Madrid, el que te cante una canción a ti para variar? Eras tú quien me contaba cuentos antes de dormir ¿Lo recuerdas? Deja que sea yo esta noche quien te diga que ya no hace falta que me leas un libro, puesto que en este preciso instante anhelo leerte uno a ti: EL QUE TÚ ESCRIBAS PARA MÍ.

Estoy en un país donde mi historia no termina nunca; estoy viéndote – desde lo alto- todos los días de mi nueva vida. Algo murió para volver a nacer y no desaparecer más…

… No llores, pues, las flores que tanto te recuerdan a mí sufren cuando ven aflorar lágrimas en tus cristalinos ojos.

Quiero que me recuerdes con mi eterna sonrisa. Hasta en mis momentos de máxima pena traté de alejar a la tristeza de mi lado. Muchas veces me acechó, pero yo la espanté con el pensamiento.

En todos y cada uno de mis sueños la oscuridad se tornaba blanca. Los colores invadían mi cuerpo, como quien se pone un disfraz de payaso multicolor porque desea hacer feliz a un niño enfermo que está postrado a perpetuidad sobre la cama de un hospital. Y cada momento que pasé a tu lado, cuando me besabas, cuando te abrazaba… Con tus gestos de cariño, entregándome tu incondicional amor… No lo olvides: me hiciste muy feliz.

No quería llorar y lo estoy haciendo. Y los dioses del Olimpo que me arropan están consolándome.

Mañana habrás escrito el primer capítulo de mi historia interminable. Concluye tu proyecto para mí. Hazlo en mi memoria, para que nadie me pueda olvidar. Aunque nadie queda en el olvido mientras alguien siga recordándole.

Debo despedirme pero no te diré Adiós: sabes que nunca me gustaron las despedidas. Tampoco quiero que llores… Recuerda que te llevo dentro de mi alma. Así que, querida mía, solamente te diré…
… Hasta pronto.

(Dedicado a Alfonso García-Gil Díaz.
El miércoles, 21 de agosto de 2013, Alfonso… Se marchó a las 14:35 horas.
Hoy hace seis años de la partida).

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