Alcorcón. Madrid. España. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

¡Que alguien apague el sol,
por amor de Dios!
Los calores sofocantes van a quemarme viva, así, sin ton ni son.

No se duerme ni de noche ni de día…
… De noche y de día, vagando por ahí… (Uy la leche ¡Pues no voy y me pongo a cantar gitanadas! Mira que lo estoy diciendo, el calor no es nada bueno; desorienta y hace que desvariemos).

… Y a lo que iba
me ahogo, siento que desfallezco
¿Esto es el verano?
¡Que se lo metan por el ano!

Estoy harta de escuchar la frasecita:
qué ganas tengo de que llegue el buen tiempo
¡Toma y yo!
Que se está haciendo de rogar de lo lindo,
que estoy esperando que llegue
para que se va a los infiernos el maldito calor.

¡Qué apaguen el sol, por favor!
Lo han dejado encendido y hay que ahorrar energía.
No están los tiempos para derrochar.
(Ah, claro claro, como luego se arregla todo con el dinero de la ciudadanía…)

No hay necesidad de pasar calor a lo tonto
porque esos, los que miran a otro lado,
rehúsen tomar medidas contra en cambio climático.
No, si… Lo estoy viendo ¿A que nos da un patatús sin haberlo buscado?

Repito, por amor de Dios o del Diablo
que ya no sé a quién dirigir mis plegarias:
váyase a la porra “la calo”
y venga el veranito (pero el de verdad, no este que mata a los muertos).