Fotograma de la película Groundhog Day – Atrapado en el tiempo.

El confinamiento, que suena muy bien pero a fin de cuentas es un encierro en toda regla provocado por el COVID-19, ha transformado la vida ajetreada que tenía en una monótona.
Desde que comenzó el confinamiento todos los días de mi vida han pasado a llamarse Día de la Marmota. Y no precisamente por ser granjera, vivir en Estados Unidos y celebrar el 2 de febrero una fiesta popular consistente en predecir el final de la estación invernal en base al comportamiento de una marmota.

Desde el 14 de marzo de 2020 Carlitines y yo (y toda España) estamos atrapados en el día de la marmota como si fuera un déjà vu (y encima sin marmota). Porque nos hemos quedado como el título de la película pero en plural. Sí, Atrapado en el tiempo es la misma película que la del “día de la marmota” dicho así, para andar por casa. (Y no he hecho más que comenzar a escribir y ya estoy de la marmota hasta el cogote. Y ahora que he dicho lo de andar por casa… En la vida pensé que iba a andar tanto por casa).
Y para que podáis empatizar conmigo voy a mostraros cómo es mi día a día desde entonces:
Me levanto, me visto a oscuras para no despertar a mi marido, salgo de la habitación y voy al baño a mear. Enciendo la luz y la primera en la frente porque la tapa del váter no está bajada y eso me saca de quicio. Y antes subirme el vestido y bajarme las bragas para sentarme a mear me he cagado en no sé cuántas cosas ya. Me siento en el váter, meo (al mismo tiempo me tiro unos pedos mañaneros), me levanto, me subo las bragas y me bajo el vestido. Y bajando la maldita tapa del váter tiro de la cisterna mascullando:
-Siempre igual, esto parece el retrete de una taberna. Dios, no se enteran, que la tapa no muerde coño y tirando de la cisterna se van los olores. Y esa es otra, cuando ves la foto de un tío en plan rompedor como si estuviera diciendo: bueno, bueno, bueno, pero mira qué bueno estoy. Y sí, sí, mucha pose sexy y la tapa del váter levantada, que si no se ve una moñiga flotando en el fondo con los orines es de milagro. Pero como bien he dicho, esa es otra. Continúo: salgo del baño y apagó la luz. Voy a la cocina, abro la puerta de la nevera, cojo un brick de leche semidesnatada, cierro la puerta de la nevera y dejo el brick sobre la encimera. Abro un armario y cuando voy a coger mi taza de porcelana favorita… ¿Pero dónde está la taza en la pone recuerdo de Constantinopla que me trajo mi primo el tatuador que vive en una aldea gallega y a saber de dónde la sacó?
-Qué puta casa, de verdad. Qué desastre, parecemos ocupas. No hay manera de que haya orden y organización-. Vuelvo a mascullar.
Visto lo visto cojo otra taza y cierro el armario…
Bueno a ver, voy a abreviar un poco porque si no veo que escribo diecinueve páginas sin ni siquiera haber desayunado.
Tras el chute de leche caliente y un culín de descafeinado me cepillo los dientes y la lengua para quitarme el aliento a cabra, y hala, toca hacer la cama, pasar el polvo y el aspirador.
(Aquí me vuelvo a cagar en no sé cuántas cosas porque de tirar del aspirador me duele el lumbago que vamos, me llevan los demonios).
Me ducho, y en el caso de que nadie se vaya a duchar, lo limpio.
Sentada en una silla del salón, con el ordenador portátil puesto sobre la mesa, le doy al teclado dos o tres horas. Comemos en el cuarto de estar viendo las noticias (la comida siempre la hace Carlitines). Terminamos de comer, recogemos y limpiamos el cuarto de estar. Y otra vez “pal” salón. Con la televisión encendida me pongo a dar vueltas como un molino. Y entre vuelta y vuelta le dijo a Carlitines:
-Ay qué joderse lo que hay que hacer “paque” a uno no se le ponga el culo cuadrado porque como me quedé en el sofá termino mimetizada con él.
Después de andar lo equivalente al mínimo de pasos diarios que me he propuesto (8000 pasos, 500 vueltas) me siento y ojeo un ratuco el móvil. Y me pongo un par de horas más a darle a las teclas del ordenador. Cenamos, vemos alguna chorrada en la tele, como por ejemplo las cenas en cuatro, y “pa” la cama y a dormir.
Y esto así un día, y otro día, y otro día…
Por eso para mí, mis días son como el de la marmota.

Y al día siguiente volvemos a empezar como el programa Un, dos, tres… responda otra vez. Porque eso es lo que me gustaría a mí, que alguien me contestara a las preguntas, ¿cuánto vamos a estar atrapados en el tiempo? ¿Cuándo se dejará de repetir en mi vida el día de la marmota?
Pero mientras espero sigo en bucle porque:
-La tapa del váter vuelve a estar abierta y nadie a tirado de la cisterna.
-Los pedos mañaneros tienen en mismo soniquete.
-Los brick de leche semidesnatada se han terminado y solo hay unos que pone “leite gorda”. Lo que me faltaba, si encima de no estar haciendo deporte tomo una leche que me va a poner gorda…
-La taza sigue desaparecida en combate.
-A la misma hora he hecho la cama, pasado el polvo, aspirado (y me ha dolido el lumbago).
-A la misma hora me he duchado.
-A la misma hora me he sentado en la misma silla del sofá para darle a las teclas del mismo ordenador.
-A la misma hora he comido en el mismo cuarto de estar viendo dar las mismas noticias al mismo presentador en la misma cadena y en la misma televisión.
-A la misma hora he ido al salón andar los mismos pasos y dar las mismas vueltas.
-A la misma hora me he puesto a darle a las mismas teclas del ordenador las mismas horas.
-A la misma hora he cenado.
-A la misma hora me he acostado.
-A la misma hora me he dormido.
¿Y esto es lo que me espera hasta que finalice el confinamiento?
-Menos mal que hay dos cosas que son distintas a cuando comenzó-. Le he dicho a Carlitines.
-¿A sí? ¿Cuáles?
-La primera es la mala leche que tengo ahora mismo, que yo creo que la estoy acumulando y cuando reviente se va a liar una más gorda que la leite esa portuguesa del brick. Y la otra es que esta mañana me he levantado más pronto de lo normal, a las cinco y media, y me ha dado por poner la radio, que nunca la pongo. Y cuando eran justo las 06:00 horas ha sonado la canción I got you babe.
-Bueno, eso está bien.
-No Carlitines, no está bien. I got you babe es la misma canción que se oye en la película del día de la marmota a la misma hora, las seis de la mañana.
-Pues mira, partir de mañana yo también voy a hacer un cambio en mi día a día hasta la vuelta a la normalidad.
-¿A sí? ¿Cuál?
-Como nunca echo la siesta desde mañana la voy a echar para dormir como una marmota.