Carátula del disco de Los Mojinos Escozíos SEMOS UNOS MONSTRUOS.

(Por petición de Chiqui, os dejo el enlace que lleva AL CARAJO, que es la canción que más le gusta).

https://www.youtube.com/watch?v=drI5XPOuxCU&index=11&list=PL1DrQJKLew5bjIKU97SAkYdENCT80Aojj

“Habíase” una vez una anchoa llamada Anchoíta que tenía una amiga trabajando de policía.
Una mañana -vivita y coleando- Anchoíta fue a visitar a su amiga a la Comisaría.
La policía, a la que le decían Chiqui, trabajaba en el puesto fronterizo de Barajas. Y como sabía que a Anchoíta le gusta el mismo grupo de música que a ella (que no es otro más que Los Mojinos Escozíos) para darle un sorpresón le dijo de sopetón: en menos de cinco minutos El Sevilla pasará por mi control policial con su característico panzón… (¡No no no, que no tiene panzón! Lo que tiene es un tipín que no se lo salta un gitano pues no hay una miaja de grasa en el cuerpo del gachó). Y tras pronunciar las palabras la policía tuvo que sostener a su amiga pues poco faltó para que cayera al suelo ya que El Sevilla es el gran amor de su vida.
Cuando Anchoíta se compuso del descompuesto le preguntó a Chiqui: ¿cómo sabes tú que el cantante y líder de los Mojinos va a pasar por aquí? Porque soy policía y la Policía no es tonta, respondió su amiga con salero y retintín.
Entonces, tal y como había dicho Chiqui, El Sevilla, documentación en mano y acompañado de los restantes componentes del grupo musical español, se personaron en el mostrador del control aduanero… (Ante la sorpresa de la propia Chiqui ya que lo que le había dicho a su amiga había sido así, a voleo) …Diciendo que venían de un vuelo procedente de Teruel.
Porque Teruel -que es una provincia de Aragón- también existe y aunque las malas lenguas dicen que por no estar, no está ni en los mapas de carretera, eso es una mentira cochina; una infamia y una vileza muy gorda -tanto o más gorda que las estatuas esas que esculpe el tal Botero- porque unos de “paí” versionaron una canción de los “acedece” que se llama Highway to the Hell. Y precisamente estos de, de… ¡De donde sea carajo que ahora no me acuerdo! Dijeron eso de donde dije digo, digo Diego, pues en vez de cantar “Yo soy de Teruel” cantaron “Autopista al infierno”. Así que a ver ¿Está o no está Teruel en los mapas de carreteras? Y además, me ha dicho un pajarito que a estos otros les mola más que un mojón pues “paeso” a guasa no les gana ni el tío que le puso al vino ese del tetrabrik el nombre de Don Simón… Esa es otra, que me hablen los pajaritos a mí, que cuando lo cuento me dicen que si bebo del vino peleón este de marras… Pero vamos a ver, al caso que me pierdo.
Anchoíta, que ya no sabía si estaba sorprendida o impactada, no acertó a decir palabra. Solo miraba al Sevilla como quien acaba de ser alertada con el aviso: ni se te ocurra comer un plato de alubias traídas de Galapagar, que te peerás malamente varias horas antes de ir a cagar.
El Sevilla, que es más listo que el hambre y es más cuco que el que vende cartones de tabaco y garrafas de whisky a granel, se dio cuenta de inmediato que la amiga de Chiqui estaba coladita por él; sin embargo mientras que Anchoíta perdía el culo por él, él lo perdía por la policía Chiqui, que para más señas reside en Aranjuez.
Entonces Chiqui, que era muy buena policía (y como bien se ha dicho con anterioridad la Policía no es tonta porque si ven una colilla saben que han “fumao”) igual que le había ocurrido al Sevilla, se dio cuenta de inmediato que este hombre bebía los vientos por ella.
Y aunque le gustan mucho Los Mojinos Escozíos y El Sevilla, no estaba por la labor de tener amoríos, ni con él ni con ninguno de los otros pues no le ponen los machos que tienen tanta maraña de pelos. Porque Chiqui no está muy de acuerdo con la frase esa que dice donde hay pelo hay alegría. Y prefiere ir bien depiladita y no tocar cuerpos peludos que le dan algo de grima. Así que ante tal batiburrillo Chiqui -guardando mucho las formas- preguntó: ¿cómo es que están pasando ustedes un control documental viniendo como vienen de la ciudad de Teruel? A lo que uno de ellos, como si le hubieran pinchado con una aguja en el mismísimo centro del mojón, exclamó: ¡”pos” eso mismo quisiéramos saber nosotros cinco que aún no sabemos el por qué de tanto circo y pastel!
Total, que el asunto quedó en… ¡Qué sé yo cómo terminó si todo esto lo soñé y justo cuando más interesante se puso la cosa me desperté!
Ay qué joderse que mala suerte la mía, soñar con mi grupo de música favorito y despertarme cuando la cosa mejor se ponía.
Pero bueno, aún podemos lanzar cohetes al aire para festejar un encuentro. Porque la que suscribe y escribe todo esto tuvo la fortuna de pasar los documentos de El Sevilla, Chicho, El Puto, Vidalito y Zippy, una mañana cualquiera en el puesto fronterizo de Madrid – Barajas, pues los Mojinos venían desde Tel Aviv…
… Qué Tel Aviv ni te la vi, si venían de Barcelona y estaban más mosqueados que un gato dentro de una fábrica de sifones… Porque vamos a ver ¿Cómo es eso de tener que pasar control fronterizo si Barcelona está en Cataluña, y Cataluña sigue siendo territorio “españolizo”? (Tengo que ponerlo así “paque” me salga la rima coño).
En fin, lo creáis o no, yo fui la policía que pasó los “deneis” a Los Mojinos Escozíos cuando vinieron de la ciudad Condal por ser un vuelo de los llamados con escala internacional.
Y nada más verles dije emocionada: anda, pero si sois Los Mojinos Escozíos. Con lo que me gustáis a mí. Y El Sevilla exclamó: ¡”osti” si le gustamos a una poli!
Y pasados todos los trámites, aquí, una servidora, les dio un par de besos a todos los Mojinos y me quedé más a gusto que al que le llevan en brazos, y ya de paso le llevan también a que monte en la noria, la montaña rusa y el tiovivo. A continuación estuvimos de cháchara un ratito, y como de aquellas todavía no les había visto actuar en concierto les confesé las inmensas ganas que tenía de hacerlo. Entonces El Sevilla me dijo que ellos tocan para todo el mundo porque no hacen distinciones y que sus canciones están dirigidas a personas de cero a cien años.
Y sí sí, de cero a cien años de edad, y de ahí en adelante hasta el infinito y más allá.

Anastasio y La Anchoíta del Cantábrico. Anastasio es uno de los novietes que tuvo Anchoíta. Y decimos bien, es. Porque salvo que se haya “matao” por esas carreteras suponemos siga vivo.

Pues eso, que esta vez La Anchoíta del Cantábrico dedica este cuento poético a su amiga y editora Chiqui Lorenzo y a Los Mojinos Escozíos, especialmente a Miguel Ángel Rodríguez Jiménez, El Sevilla. Porque a Chiqui y a Carolina les gustan mucho las letras de sus canciones, y cuando las escuchan parece que estuvieron medio día cortando cebollas de las lloreras que pillan.

NOTA: Chiqui ni flores; pero yo al final sí les vi en concierto, y no una sino dos veces. Y como El Sevilla pide a las féminas del público asistente que enseñen las tetas a mí me alzaron para tal menester. Peeerooooo… No, no las enseñé. (Yo soy más de enseñar el culo).