Cristo de las Campanas (Albalat de la Ribera).

Anoche, como no podía dormir por haber una jauría de perros que no paraban de ladrar y ladrar, puse la radio. Y como no acostumbro a escucharla -porque salvo esta noche, duermo como un niño de teta- puse una emisora al azar. Y el azar tuvo a bien que escuchara la voz de un hombre, que como yo no podía dormir; pero a diferencia de mí, él llevaba años sin poder hacerlo, culpa de un episodio pasado en su vida.
Y el hombre contó así:
-Ni suegra tuvo Alzheimer. Y como mi mujer es hija única y no quería meterla en una residencia, no nos quedó más remedio que quedarnos con ella para cuidarla. Y como se le iba la cabeza, un día, al descuido, se marchó de casa en camisón. Y la estuvimos buscando y no dimos con ella. Y ya por la noche, a las diez o así, llamaron a la puerta de casa. Era una pareja de la Policía Local que nos traían a mi suegra ¿Dónde andabas? Le preguntó mi mujer. La hemos encontrado en la calle, desorientada. Nos dijeron ellos ¡Ay, Madre mía! ¡Ay, qué disgusto madre, qué disgusto! Exclamamos nosotros.
Y esto volvió a pasar varias veces. Y como con esta angustia no se puede vivir a mi mujer se le ocurrió una idea. Clemente, me dijo, mañana pasa el cristo de las Campanas por nuestra calle… Decir que vivimos en una calle muy estrecha y cuando es la fiesta sacan al Cristo. Y al ser un primero, es salir al balcón y estirar un poco el brazo y poder tocarle con la mano sin problema.
Y como mi suegra era muy devota, en esas quedamos.
E incluso con Alzheimer, fue sacarla al balcón y ver pasar al Cristo y faltarle tiempo para sacar la mano y tocarle. Y oye, fue mano de santo; revivió y se puso buena y casi todo un año el Alzheimer no dio señales de vida.
Viendo que faltaban unos pocos de días para que volvieran a sacar al cristo de las Campanas mi mujer y yo volvimos a repetir la operación. Y otra vez mi suegra, al tocarle, revivió.
Sin embargo, al tercer año, no la saqué al balcón, y eso que mi suegra me lo pidió. Y esto es un misterio para nosotros. Teniendo la cabeza como la tenía no me digáis cómo pudo acordarse del día exacto que pasa el Cristo.
¡Pues a los tres meses se murió!
Y desde entonces no soy capaz de conciliar el sueño porque los remordimientos no me dejan en paz. Y las pocas veces que he logrado pegar ojo mi suegra se me ha aparecido en sueños -como si fuera un fantasma- diciendo:
Yerno, por no haberme sacado aquella noche al balcón
para poder tocar al cristo de las Campanas
no dormirás ni en catre ni en colchón.
Así que, corre: ahora vas y lo cascas.

Y por eso he llamado corriendo al programa de radio, para cascar esto que me dice mi suegra en sueños. A ver si viendo que esta vez hago caso a su petición se apiada de mí y me deja descansar. Porque así, ni descanso yo vivo, ni descansa ella muerta.