Playa de Cullera. Valencia. Comunidad valenciana. España. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Aquella mañana, mientras daba mi matutino paseo por la orilla de la playa, me topé -junto a unas rocas con algas- con los restos de un castillo de arena.
Sin darlos mayor importancia continué caminando.
Si bajaba la vista al suelo veía como las olas del mar rompían en mis tobillos llenándolos de granitos de arena. Por el contrario, si alzaba los ojos al cielo la bruma marina me impedía ver los tesoros que oculta el cosmos.
Tesoros, cuántos guardarán los océanos en sus profundidades. Tantos como secretos hay almacenados en los corazones de la humanidad.
Al llegar al final de la playa me giré para andar lo desandado. Y busqué las huellas hundidas de mis pies en la arena húmeda. Ya no estaban.
Apenada reanudé la marcha.
Lo tenía todo; y sin embargo tenía la sensación de que me faltaba algo.
En mi interior el silencio se rompía. Lo rompía el ruidoso movimiento que iban haciendo los engranajes invisibles de mi fantasía…
Y por el horizonte vi asomar una ballena gigantesca. De ella salió un chorro de agua, que al contactar con el aire, se convirtió en espuma. Y por ella surgieron un caballito y una estrella de mar que, cual cohetes, salieron disparados hacia arriba.
Mientras viajaban hacia el firmamento dejaron una bonita estela. La estela imitaba ser una nube más… Pero realmente era un camino mágico con el que poder llegar a la Tierra. Y por él vi cabalgar al caballito de mar.
En su lomo iba la estrella. Venían hacia mí.
Cuando el caballito llegó a la playa yo me encontraba junto a las ruinas del castillo de arena.
-Soy el arquitecto de los sueños-. Dijo el caballito de mar .-Y quiero que construyas un castillo de arena para que en él pueda vivir mi estrella.
Ella está buscando la casa de sus sueños.
-Yo nunca hice castillos de arena-. Acerté a decir .-Solo fabrico castillos de fantasía.
-No importa que nunca hayas hecho castillos con arena-. Habló la estrellita .-Quien fabrica castillos de fantasía también puede hacerlos de arena.
-Pero ¿Por qué de arena?-. Le pregunté al caballito.
Cuando se vive en un castillo construido con arena aquello que se desea se hace realidad.
-¿Cómo te llamas?-. Preguntó la estrella de mar.
-Estrella-. Respondí yo .-Me llamo Estrella.
-Te llamas como yo.
-Sí. Me llamo como tú.
-No es que se llame como tú: ella eres tú-. Aclaró el caballito de mar.
Estaba perpleja. Y antes de que me dejara hablar añadió .-He de decirte algo importante. Todos tenemos deseos y sueños, y si los pedimos de corazón se cumplen. Y a veces no nos damos cuenta que lo que seguimos deseando, una y otra vez, se materializó hace tiempo.
Era verdad.

Yo era arquitecta. Buscando el hogar perfecto había realizado docenas de diseños y había dibujado cientos de planos. Pero siempre los desechaba. Y seguía soñando.
Hace años vine a vivir junto al mar, junto a la playa. Era lo que quería.
Cuando quise reparar el caballito de mar y la estrella ya no estaban.
En la arena no había rastro del castillo de arena.
No importaba. Yo tenía mi particular castillo. El que siempre soñé.