Viernes, 31 de enero de 2020.
¡Hola!
En unos días la Carola y yo vamos a dar la vuelta al mundo, literalmente hablando.
Sí. Vamos a hacer realidad el viaje que solo se hace una vez en la vida (al menos, el común de los mortales… O eso creíamos nosotros).

El martes, 4 de febrero, saldremos a las 23:55 horas en vuelo directo Madrid – Santiago de Chile del Satélite de la Terminal T4 (T4S) del aeropuerto Adolfo Suárez Madrid – Barajas.
El vuelo dura trece horas, 35 minutos.
Llegaremos al aeropuerto internacional Comodoro Arturo Merino Benítez (SCL) el miércoles, 5 de febrero, sobre las nueve y media de la mañana.
El vuelo es pesadísimo. Carolina lo ha hecho cuatro veces, yo una.

Tras pasar el puesto fronterizo y el trámite aduanero iremos en taxi al puerto de San Antonio. Es una localidad costera chilena que dista una hora y media por carretera.
Al llegar, una vez dejemos el equipaje, visitaremos San Antonio (la capital de Chile ya la conocemos).
A las 20:00 horas zarparemos en uno de los barcos de la compañía y/o naviera italiana Costa: el Costa Deliziosa.
El Costa Deliziosa está dando la Vuelta al Mundo.
La Vuelta al Mundo se puede hacer completa o por tramos (tres o cuatro). Nosotros hemos reservado el segundo ¡Reservarlo nos ha llevado dos años!
Hay otra opción más económica: dar la vuelta al mundo en cruceros de posicionamiento.
Nosotros vamos a hacer el tramo que atraviesa el océano Pacífico ¿Por qué? Por estas cuestiones:
-No hay otras opciones que nos interesen.
-Los destinos y puertos son de difícil acceso y muy costosos, como viajes independientes. Ejemplo de esto son los que consideramos puertos estrellas: Rapa Nui (Isla de Pascua) y Bora Bora.
Nota: tras pedir presupuesto en la agencia de viajes para irnos nueve días a la Polinesia Francesa (tres días de traslados, seis en Bora Bora y otro en Papeete en Tahití) nos costaba a los dos lo mismo que el tramo de la Vuelta al Mundo. Con el hándicap de no llevar bebida ni comida ni cena. Y si cada comida está en torno a los treinta euros por persona y una botella de agua de medio litro podría costar de dos a cuatro euros, el precio final se dispara una barbaridad.
-Este tipo de viaje es cómodo, te olvidas de los bultos, tienes pensión completa…
-La naviera regala tres excursiones. Aunque esta travesía no tiene ningún misterio a la hora de moverse por los destinos. Y quitando algún destino, nosotros no vemos necesidad de contratar excursiones con el barco.

El jueves, 5 de marzo, llegaremos a la capital de Australia (Sídney). Allí estaremos tres días y dos noches.
En Sídney tomaremos un vuelo a Madrid, con escala en Doha (Qatar).
Como la conexión es cortita, en caso de perder el vuelo, la compañía aérea (Qatar Airways) nos reubicaría en otro. Esto ya nos pasó el año pasado cuando fuimos a Zanzíbar (Tanzania). La compañía nos alojó día y medio en un hotel de no sé cuántas estrellas.
De los siete días y medio que íbamos a estar en Zanzíbar perdimos uno; pero no nos importó. Pudimos conocer la capital de Qatar y estar a cuerpo de rey, a gastos pagados (traslados incluidos). Y fuimos indemnizados por la compañía aérea, por el seguro de viaje que contratamos…. Y la agencia de viajes -Halcón Viajes- nos compensó con un 7 por ciento de descuento en un próximo viaje (poniendo como condición que no rebasara los dos años).
Ese 7 por ciento de descuento lo hemos usado, obviamente, en este viaje. Por tanto daremos la Vuelta al Mundo, de una parte en avión, de otra en barco.
Y estaremos en el único continente que nos queda por pisar y visitar juntos: Oceanía. (Digo juntos ya que Carolina estuvo en Isla de Pascua en 2010).

Este ha sido nuestro regalo de aniversario.
Solo se nos ha chafado en un punto: desde Australia queríamos haber prolongado el viaje cuatro o cinco días más a Islas Fiyi; sin embargo hay un brote de dengue y lo hemos pospuesto.
Sobre decir que este tipo de viaje precisa Sí o Sí contratar un seguro de cancelación y/o médico.

Ya lo tenemos todo preparado: visados, pasaportes, documentación, información… Ahora nos queda meter en la maleta lo necesario para tantos días (y noches). Tampoco necesitamos mucho: medicinas, neceser, cámara de fotos, calzado apropiado y ropa. Lo que sí meteremos es la intensa gana de vivir con intensidad esta experiencia.

De nuevo en España nos quedarán pendientes dos itinerarios. Me explico: cuando naveguemos de Dubái a Sídney y de Buenos Aires a Puerto de San Antonio habremos circunnavegado la Tierra.
Pero esas aventuras habrán de ser narradas en otra ocasión.

Martes, 4 de febrero de 2020. INCIDENCIA

Selfie de Carolina y Carlos.

En el aeropuerto madrileño, tras facturar la maleta y darnos las tarjetas de embarque (Madrid – Santiago de Chile), Costa manda un mensaje al móvil de Carlos con el siguiente texto:
“Estimado huésped, debido a las últimas condiciones meteorológicas pronosticadas que podrán obligar a la autoridad portuaria local a cerrar el puerto de San Antonio para garantizar una adecuada seguridad, Costa Deliziosa se ve obligado a modificar su itinerario programado originariamente, moviendo la parada prevista para mañana, 5 de febrero de 2020, desde San Antonio hasta el puerto de Valparaíso. Rogamos que llegue a la terminal de San Antonio a más tardar a las 16:00 horas. Costa organizará un traslado al puerto de Valparaíso con un autobús dedicado. Gracias”.

¡Menos mal que no habíamos contratado desde España, vía online, un servicio de traslado! (Aunque, sinceramente, creo que no habría supuesto mayor inconveniente haber cambiado el destino final).
Lo dicho, nos vamos a Valparaíso.

Martes, 4 de febrero de 2020. INSTANTÁNEA PARA EL RECUERDO

En el avión, sentados en nuestros respectivos asientos, nos hemos hecho un selfie.
-Dónde iremos con estos caretos-. Ha dicho la Carola.
-¿Qué caretos? Careto tendrás tú “jodia”. Yo estoy buenísimo ¿O es que no lo estás viendo?
Pues eso: ¡nos vamos de vacaciones!