Ópera de Sídney o Casa de la Ópera de Sídney desde el barco Costa Deliziosa. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

 

Jueves, 5 de marzo de 2020. SÏDNEY – AUSTRALIA (FIN DEL CRUCERO PERO NO DEL VIAJE)

La llegada al puerto de Sídney se produjo a hora temprana (07:00 horas).
Desde el buffet subimos a los puentes superiores para ver, a ambos lados, la Ópera de Sídney o Casa de la Ópera de Sídney y Sydney Harbour Bridge (Puente de la Bahía de Sídney).

Sydney Harbour Bridge (Puente de la Bahía de Sídney) desde el barco Costa Deliziosa. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

En Sídney nos íbamos a quedar dos noches, tres días.
Después de desayunar y despedirnos de amigos como Loli y Sebas, Consu y Enrique o Blanca y Juanjo, desembarcamos del Costa Deliziosa media hora antes de la indicada (09: 00 horas).
Para ello contactamos con el Servicio de Inmigración, y la misma chica que se ofreció a acompañarnos en el puerto de Valparaíso, nos facilitó la salida.
Al cancelarnos la excursión (regalo de Costa) queríamos aprovechar el tiempo al máximo.

La chica del Servicio de Inmigración merece una mención especial. Aparte de la amabilidad, le tenemos que agradecer su simpatía y calidez.
¿Os acordáis que en el artículo de Bora Bora os dije que algunos miembros de la tripulación también se habían quedado a dormir en una Water House? Pues esta chica, junto a otra compañera, se alojaron en nuestro hotel. Y estaban en la cabañita de al lado (a nuestra izquierda).
Y tuvimos ocasión de relacionarnos más con ella.
Y lo dicho, es una persona excepcional.

Desembarcamos del barco y nos dirigimos al hotel Siesta, al que llegamos enseguida (20 minutos andando).
La verdad es que el recibimiento que nos hizo la ciudad australiana fue gris, pues estaba lloviendo. Y estuvo lloviendo, incluso de madrugada.

PRIMER DÍA EN SÍDNEY

Antes de contaros lo que hicimos y vimos os comento:
-Sídney es la capital del estado de Nueva Gales del Sur y es la una de las ciudades más grandes del país y de Oceanía.
-Sídney no es la capital de Australia. La capital es Canberra.

Tras registrarnos en el hotel Siesta, dejar la maleta y hacernos con un plano de la ciudad, salimos.

Carlos en la entrada del hotel Siesta. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Como el día no acompañaba y nos habían aconsejado no dejar de ver el Acuario nos dirigimos a Darling Harbour (Querido Puerto). Llovía, sí. Por eso era el momento ideal para verlo. No perderíamos tiempo y estaríamos resguardados.

Darling Harbour. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

En Darling Harbour compramos un ticket que incluye:
-Entrada a Sydney Aquarium o Sea Life Sydney (acuario).
-Entrada a Wild Life (pequeño zoo).
-Entrada a Madame Tussauds Sydney (Museo de Cera).
-Acceso a Sydney Tower (Torre de Sídney).
-Acceso a las dos líneas de Big Bus Sydney (autobús turístico durante 24 horas).
Y todo por unos 60 euros, por persona.

SEA LIFE SYDNEY

En Sea Life Sydney Carlitines y yo vimos un montón de bichejos. He aquí una muestra de ellos.

Sea Life Sydney. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Sea Life Sydney. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Sea Life Sydney. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Marine Nursery. Sea Life Sydney. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Marine Nursery. Sea Life Sydney. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Sea Life Sydney. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Sea Life Sydney. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Sea Life Sydney. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Sea Life Sydney. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Sea Life Sydney. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Carlos en Sea Life Sydney. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Carolina en Sea Life Sydney. Sídney. Australia. Foto tomada por Carlos Llorente Peláez.

Sea Life Sydney. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Sea Life Sydney. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Zona de los tiburones. Zona de pocas bromas.

Sea Life Sydney. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Sea Life Sydney. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Sea Life Sydney. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Sea Life Sydney. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Penguin Walk. Sea Life Sydney. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Sea Life Sydney. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Sea Life Sydney. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Moonlight Beach. Sea Life Sydney. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Sea Life Sydney. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Sea Life Sydney. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

WILD LIFE

En Wild Life Carlitines y yo vimos un montón de animalillos. He aquí una muestra de ellos.

Entrada a Wild Life. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Wild Life. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Wild Life. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

-Oh, mira qué cosita-. Ha dijo Carolina a ver un koala en un árbol.
Dice que como están todo el día durmiendo tiene dudas acerca de si haciendo aquello que cantaba Demis Roussos, el triki triki, despertarán o seguirán dormidos.
Esta mujer, piensa unas cosas…
Yo lo que sí digo es que los koalas no necesitan ir al psicólogo. Porque vamos, estresados no se les ve.

Koala en Wild Life. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Wild Life. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Wild Life. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

¿POR QUÉ AL CANGURO SE LE LLAMA CANGURO?

Una leyenda dice que cuando los europeos llegaron a Australia, al ver a los canguros -animales que nunca habían visto en la vida- preguntaron a los aborígenes acerca de qué eran aquellos animales. Y los aborígenes siempre respondieron: Kan Ghu Ru (que en su idioma significa No Te Entiendo).
Por ello los europeos llamaron a aquellos animales Kanghurus (Canguros).
Así que ya lo sabéis: el nombre real de los Canguros es No Te Entiendo.

Canguros en Wild Life. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Wild Life. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Wild Life. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

El koala Davey. Wild Life. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Cuando entramos a la zona donde están los cocodriles le dije a mi marido: con estos, como con los tiburones, no te pueden andar con bromas.
-Hombre claro-. Dijo él .-Te meten un “bocao” que te tienen que sacar de aquí con los pies por delante.
Bajo el recinto donde están los cocodrilos hay un círculo acristalado (se accede a él por un túnel pequeñito). Y desde él se los puede ver de cerca. Impresiona bastante.

Wild Life. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

MADAME TUSSAUDS SYDNEY

Carlos en la entrada de Madame Tussauds Sydney. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Carolina en la entrada de Madame Tussauds Sydney. Sídney. Australia. Foto tomada por Carlos Llorente Peláez.

Estatua de cera de Mahatma Gandhi. Madame Tussauds Sydney. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

La familia real de Inglaterra en cera. Madame Tussauds Sydney. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Estatuas de cera de músicos. Madame Tussauds Sydney. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Estatua de cera de Mickael Jackson. Madame Tussauds Sydney. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Estatua de cera de Lady Gaga. Madame Tussauds Sydney. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Carlos con la estatua de cera de Rihanna. Madame Tussauds Sydney. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Estatua de cera de Spider-Man. Madame Tussauds Sydney. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Al pasar junto a la estatua de cera de E.T. el extraterrestre la Carola comenzó a decir:
-Carlitines, hazme una foto con él, hazme una foto con él.
Así que nada, le tuve que hacer la foto con el muchacho este.
Y es que ella, es así. Siempre está en su mundo. Y como no tiene poco con estar en su mundo se mete en los mundos de otros, porque, ¿habéis si adivináis con quién me ha dicho que se quiere ir de viaje la próxima vez?

Carolina con la estatua de cera de E.T. el extraterrestre. Madame Tussauds Sydney. Sídney. Australia. Foto tomada por Carlos Llorente Peláez.

Estatua de cera de Marilyn Monroe. Madame Tussauds Sydney. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Estatua de cera de Alfred Hitchcock. Madame Tussauds Sydney. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Carlos con la estatua de cera de Barack Obama. Madame Tussauds Sydney. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Carolina con la estatua de cera de Angelina Jolie. Madame Tussauds Sydney. Sídney. Australia. Foto tomada por Carlos Llorente Peláez.

Al terminar de visitar el acuario, el zoo y el museo de cera salimos a la misma tienda oficial de regalos. Deciros que si tenéis compromisos en esta tienda los precios de los productos son muy, muy bajos. Por ejemplo, los peluches de canguros o koalas me costaron (al cambio) menos de cinco euros, cada uno; en cambio en el resto de los establecimientos que miré costaban el triple.

Como seguía lloviendo decidimos ir a la parada más cercana del bus turístico. Al menos escaparíamos del agua (y veríamos algo de la ciudad).
Y a las 12: 20 horas comenzó la cuenta atrás de las veinticuatro que teníamos para subir y bajar de los autobuses turísticos.
Ir en el autobús de la línea roja fue desastroso. Los asientos estaban ocupados, teníamos que estar de pie y no veíamos nada. Así que nos bajamos para entrar en la Catedral de Santa María de Sídney o Catedral Metropolitana de Santa María.

Catedral Metropolitana de Santa María. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

En la Catedral Metropolitana de Santa María. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

En la Catedral Metropolitana de Santa María. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

En la Catedral Metropolitana de Santa María. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

La lluvia no daba tregua y no tuvimos más alternativa que volver a la parada y montar en otro autobús (eso, o mojarnos).
Ya en el autobús recorrimos la línea azul. Y de verdad, fue una pena porque es la más larga y la que va a los lugares más apartados y bonitos, como Bondi Beach (Playa Bondi).
Sobre la una y media de la tarde estábamos en el puerto. Y como podíamos regresar al Costa Deliziosa (teníamos como hora límite hasta las 17:30 horas para seguir disfrutando del barco) nos dirigimos al control de seguridad.
Y allí vivimos la PRIMERA Y ÚNICA EXPERIENCIA DESAGRADABLE EN AUSTRALIA. Porque de todos los habitantes del país dimos con la persona más tonta e impertinente.
A la entrada del acceso un hombre joven (26 o 28 años) de barba pelirroja -cuyos antepasados debieron de ser vikingos- al mostrarle las tarjetas de Costa nos dio el alto, impidiéndonos el paso. Sus argumentos para no dejarnos pasar se basaban en la fecha de las tarjetas (5 de marzo de 2020). Según él no podíamos pasar por haber rebasado la fecha. Entonces, como pudimos pues no hablamos inglés (y menos aún el ingles australiano), le explicamos que la naviera nos dejaba pasar hasta las cinco y media de la tarde. Pero el hombre nos dijo que teníamos que contactar con personal del barco para comprobar que aquello era cierto. Y que personal del barco tenía que venir a buscarnos.
Como a esa hora llegaban los grupos de excursiones de Costa, al ver a los guías y trabajadores del barco, les expliqué lo que estaba ocurriendo. Y ellos, a su vez, le explicaron al de seguridad.
Nada. Daba igual. Seguía sin dejarnos pasar.
Visto lo visto le pedí la identificación (que por cierto, no llevaba puesta) y le dije que pondría una reclamación contra su labor en España. Esto debió de resultarle muy divertido porque comenzó a reírse. Lo más curioso del caso era que a otras personas en nuestra misma situación las dejaba pasar sin problemas (me explico, pasajeros que como nosotros terminaban el crucero ese día y en sus tarjetas tenían la misma fecha porque eran IGUALES QUE LAS NUESTRAS). Y tanto alguno de ellos como amigos que habíamos hecho preguntaban: ¿qué pasa? ¿Por qué no os deja pasar?
-Eso quisiera saber yo-. Respondía yo.
-¿Por qué dejas pasar a esas personas y a nosotros no? -. Le preguntó Carlos.
Nada. Daba igual.
No lo entendía. Sobre todo porque varios pasajeros entraban y salían con maletas y nosotros no llevábamos equipaje. Y se lo hice saber.
Nada. Dio igual.
Al rato vino una compañera suya. Con ella nos pudimos entender mejor, y nos dijo lo mismo, que contactáramos con personal del barco.
Y como los guías y trabajadores a los que les habíamos puesto en antecedentes (que tampoco entendían por qué a NOSOTROS CONCRETAMENTE no nos dejaban pasar, todo hay que decirlo) se habían comunicado con el barco, vino a buscarnos una chica muy simpática de recepción.
La chica de recepción habló con la chica de seguridad, y sin más problemas nos dejó entrar.
Pero antes de irnos le pregunté por su compañero, que como por arte de magia había desaparecido.
Esta chica sí llevaba la identificación, y otros compañeros suyos también.
En fin, subimos al barco (yo más mosqueada que un gato en una fábrica de sifones) y comimos en el buffet.
Y para no perder tiempo, porque ya habíamos perdido bastante por culpa del hombre de barba pelirroja, salimos definitivamente del barco.

Habíamos dejado el equipaje en el hotel y desde entonces no habíamos vuelto.
Fuimos al hotel. Y al ver la habitación… A ver, no esperábamos encontrar una suite pero… La habitación era básica, básica. Eso sí, estaba limpia.
El baño es compartido y frente a la nuestra está la cocina y una salita con televisión. Y podíamos tomar todo el café y té que nos apeteciera.
Estábamos molidos y nos tumbamos en la cama a descansar un rato. Aunque no tardamos demasiado en salir de nuevo.

Regresamos a la zona del puerto para pasear por él y ver la Ópera de Sidney al atardecer.
El día culminaba.
Por favor, que no llueva mañana.

Ópera de Sídney o Casa de la Ópera de Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Sydney Harbour Bridge (Puente de la Bahía de Sídney). Australia.