Navegando al atardecer desde el océano Pacífico en el barco Costa Deliziosa. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Viernes, 28 de febrero de 2020. Día de navegación. A J.J. BENÍTEZ

Días atrás nos enteramos que el consagrado escritor español J.J. Benítez -autor, entre otros libros, de los Caballos de Troya y de un hermoso libro titulado Al fin libre- viajaba a bordo del Costa Deliziosa.
Y pensé: qué bueno sería coincidir con él y poder compartir impresiones del mundo literario que tanto amo.
Quien me conoce sabe que no creo en las coincidencias; incluso usando a menudo la expresión ¡Qué casualidad! No deja de ser una muletilla.

El escritor J.J. Benítez y Carolina Olivares Rodríguez. En algún lugar del mundo.

Ayer “casualmente”, y con el atrevimiento que me caracteriza, me presenté y hablamos unos minutos.
Hoy, a las doce de la mañana, Carlos y yo hemos quedado con él en un punto específico del barco.
El escritor y periodista demostró tener una rigurosa puntualidad (idéntica a la nuestra).
El señor Juan José Benítez pasó a ser Juanjo; una persona atenta, dada a conversar y a escuchar; a preguntar y a responder preguntas.
Poco más puedo y quiero decir. Quizá, en esta ocasión me reserve el momento y lo guarde en mi baúl de recuerdos especiales.
Porque tal vez, a veces, no es necesario mostrar el contenido. Y con dejar el título de la historia sea suficiente.
J.J. Benítez: gracias.
Carolina Olivares Rodríguez.

Blanca y Juanjo con Carolina Olivares Rodríguez. En algún lugar del mundo.

Posdata: no puedo dejar de mencionar a Blanca, la mujer de Juanjo.
Es una mujer, una persona muy cariñosa que se hace querer.
Lo dicho, os queremos.

TEXTO TURÍSTICO CULTURAL QUE CIERRA LA JORNADA

Por la mañana, mirando a babor, observamos en la lejanía Great Exhibicion Bay (embalse de 30 kilómetros de ancho).
La navegación continuó -rumbo noroeste- hacia el norte. Al oeste nos aproximamos a Cabo Reinga. Después, tomando rumbo suroeste, entramos en el mar de Tasmania.

Sábado, 29 de febrero de 2020.
Nota: cambio de hora. A las tres de la madrugada serán las dos.
Día de navegación. MALAS FORMAS. COMPETICIÓN Y MATERIALISMO. AUSENCIA DE CIVISMO

Huyendo del gentío he intentado refugiarme en la Biblioteca Velvet; sin embargo no era el lugar idóneo.
Y la soledad que buscaba la encontré al lado del mástil de la popa del barco.
Mientras la lluvia caía sobre mí, mi cabeza se llenaba de interrogantes.
Con la mirada, ora perdida en el horizonte, ora en la estela del barco -sintiéndome pérdida- me he perdido en algún rincón de mi ser.
Allí he permanecido durante un tiempo (no sabría decir cuánto).
En este día del año bisiesto todo lo que pensé lo he dejado escrito aquí.

Si antes de subir al barco teníamos claro que no queríamos hacer la Vuelta al Mundo del tirón, viviendo la experiencia de hacer un tramo nos reafirmamos.
No lo haríamos ni que nos lo dieran regalado ni borrachos (bueno, borrachos igual sí porque si no estamos conscientes y no nos enteramos…)
Salvo que dentro de 20 años nos cambiara la mentalidad, esta es nuestra opinión.
Nos ha sorprendido enormemente el mal ambiente que se respira. Así lo hemos apreciado nosotros (y es extensible a otros pasajeros, pues así nos lo han transmitido).
Es comprensible que el pasaje esté desanimado porque les hayan cambiado el itinerario; pero lo que no es de recibo es:
-Que saludes y no te devuelvan el saludo.
-Que tengas gestos educados, como sujetar la puerta para que salga alguien a quien no conoces de nada, y no te den ni las gracias.
-Que vayas a entrar al ascensor y una persona, desde dentro -que te duplica el peso- te impida el paso habiendo hueco (no sea que al entrar tú se vaya a caer el ascensor).
-Que estés comiendo y venga uno a coger el salero y no pida permiso (ni diga hola).
-Que vayas a coger con las pinzas patatas fritas y uno que se ha colado te monte un pollo porque no llega a las pinzas de las aceitunas (están detrás de las de las patatas fritas).
-Que estés de pie en la fila del comedor y venga un bigardo (desde atrás) y te meta el codo en las dorsales. Y de la mala leche que lleva -al meterte el codo- se le vierta la leche de la taza que lleva en la mano.
-Que la noche del Carnaval te llamen “maricona” por haberte disfrazado de mujer.
-Que al capitán, máxima autoridad del barco -responsable del bienestar y salvaguardar la seguridad tanto de los pasajeros como de la tripulación- sea descalificado con la palabra “pollito”.

Luego está la rivalidad y el materialismo.
-Qué bien, el nuevo itinerario va a Madagascar.
-¿Vosotros habéis estado en Madagascar?
-Sí.
-Nosotros también, nosotros también.

-Mirad el reloj que compré. Es de la marca (equis).
-Rogelio también compró uno. Le costó 300 euros.

-Qué suerte quedarnos dos días en Isla de Pascua.
-Ay, sí. Nosotros nos quedaremos a dormir en un hotel. La noche nos ha salido a 1800 euros.

-Manuela y yo hemos viajado muchísimo.
-Eso es estupendo. Carlitines y yo también.
-Nosotros llevamos cuarenta años viajando. Mi marido tiene cinco pasaportes y yo… Uf, no veas la de sellos que tengo en los míos.
Cuando termine la Vuelta al Mundo, es la segunda que hacemos y ya hemos reservado la del año que viene, nos vamos diez días a Nueva York.
-Anda, es la ciudad favorita de Carlos.
-Nosotros hemos estado cinco veces.
(Si aquí les recomendáis: ya que vais, hacer una excursión en tren a… A… A… No sé, a dónde sea, automáticamente exclamarán: ¡ya estuvimos!
Y si tú dijiste que estuviste una o dos veces, ellos dirán que estuvieron ochenta días).

Lo de la falta de civismo clama al cielo.
Es comprensible que personas discapacitadas o enfermas no puedan ayudar a los demás, pero lo que no entiendo -ni aunque me abrieran la cabeza y me lo metiesen a martillazos- es que pasajeros de mediada edad, o mayores, sean incapaces de retirar un par de centímetros la silla en la asientan sus posaderas para que pase un anciano que va en silla de ruedas. Y que tras retirarse, se molesten por ello.
Damas y caballeros: cada cual compré lo que quiera al precio que guste. Cada cual dé todas las vueltas al mundo que le plazca y permita su economía, ahora, la mala baba, los insultos, los comentarios homólogos; y sobre todo, la falta de empatía… Cómo diría el otro: un poquito de por favor.

LLUVIA Y MAR

Oyendo el sonido del agua
la lluvia cae sobre mí.
Nunca había reparado en ello pero la estela del barco es obra del gigantesco pincel que pinta de blanco y turquesa el mar.
Dentro, los murmullos dan a entender que el día lluvioso es sinónimo de tristeza. En cambio, para mí, lo que es triste es no saber disfrutar de la lluvia.
Dentro, no hallo soledad.
Al menos fuera la soledad es mi mejor compañía.

Navegando por el mar de Tasmania desde el barco Costa Deliziosa. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

“No quiero que me compres cosas materiales. Quiero que viajemos juntos y me regales tu tiempo”.

Sábado, 29 de febrero de 2020. Día de navegación. BUENAS PERSONAS

A lo largo del día nos hemos encontrado varias veces con Benedicta y Manuel (el entrañable matrimonio de viejecines canarios).
-Si os buscáramos seguro que no os encontraríamos-. Ha dicho ella con una sonrisa .-Si no nos vemos más, nos vemos a la “nolle”. Ahora voy a ir al casino a ver si me toca algo. Ayer me tocó un piquito.
-Sí. Le tocó un piquito-. Ha dicho Manuel .-Pero lo que no dice mi mujer es lo que lleva “perdio”.

Domingo, 1 de marzo de 2020. Día de navegación. “QUEJAS”

Nos hemos percatado de un pequeño detalle, una tontería.
Veréis: cuando el capitán da el anuncio por megafonía -a las doce del mediodía- informando de los datos de navegación, millas recorridas, previsión meteorológica y frase del día, ha pasado de decir “la previsión meteorológica ES” a “la previsión meteorológica PREVISTA es”.
Intuimos que el matiz es debido al estado del tiempo, que está siendo inestable. Y como no siempre ha sido el previsto los tiquismiquis habrán ido a quejarse a la recepción:
-Oiga, el capitán dijo que haría sol y está nublado. Este hombre no hace bien su trabajo y veníamos a poner una queja.
¿Qué no? Ya te digo yo que sí.

Tierras australianas. Navegando por el mar de Tasmania desde el barco Costa Deliziosa. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Domingo, 1 de marzo de 2020. Día de navegación. DORMIR

Desde hace unos días dormimos como marmotas.
-¿Nos estarán echando algo en la comida o en la bebida?
-Eso, o nos ha picado algún bicho cuya picadura provoque sueño-. Ha dicho Carolina.
(Qué sueño, vamos a dormir la siesta).

Lunes, 2 de marzo de 2020.
Nota: cambio de hora. A las tres de la madrugada serán las dos.
Día de navegación. INCENDIO: LO PEOR QUE PUEDE SUCEDER EN UN BARCO

Caminando por la cubierta superior, viendo el amanecer y luchando contra un viento feroz como el lobo de Caperucita Roja, al pasar por una zona de fumadores ¡Veo rodar una colilla encendida!
Yendo deprisa tras ella la he pisado preguntándome: ¿quién habrá sido el insensato que ha tirado una colilla encendida al suelo?

Lunes, 2 de marzo de 2020. Día de navegación. ALARMA POR EL COVID-19

A ver, no estamos tocando mucho el tema del COVID-19 porque no queremos que los comentarios alarmistas que circulan entre los pasajeros -más las noticias que leemos en Twitter- nos chafen la vacaciones. Pero la cosa se está poniendo chunguilla.

Advertencias para la prevención del coronavirus COVID-19.

Controlando en las pantallas táctiles la flota de Costa hemos observado que tres barcos están atracados en el puerto japonés de Nagasaki desde ni sé sabe (y a saber cuánto tiempo tendrán que seguir allí).
Vaya, que cuando regresen a sus países y/o lugares de residencia (si regresan) y les digan: qué tal Japón ¿Es bonito? Van a contestar:
-Precioso. Sobre todo el barco ¡Nos lo recorrimos entero!
Esto por una parte, por la otra está esto otro:
Ayer por la mañana, conversando en el descansillo que está frente a la puerta de nuestro camarote con Consu y Enrique (un matrimonio amigo español) vimos salir del pasillo al médico y a una enfermera. Iban con mascarillas.
Después, en el buffet, leímos una advertencia en los paneles informativos con normas para prevenir el contagio. Y al ir a coger los platos, cubiertos y servilletas, los camareros, en guantes, te los daban, no sin antes pedirte que te lavaras las manos con jabón desinfectante. (Y esto anteriormente no se hacía).
El 5 de marzo desembarcamos en Sídney. A ver qué nos depara la vida.
Nos vemos sisando una lancha salvavidas -con premeditación, nocturnidad, y no descarto en cuadrilla- para poder llegar a España y desembarcar en la playa de nuestro pueblo… Que lo mismo ni llegamos, porque como esto siga así se acaba el mundo.
Posdata: y encima la máquina desalinizadora se ha debido estropear, tanto el agua como el café saben a rayos.
No hay mal que por bien no venga, así cagamos mejor.
Y puestos a contar deciros que vamos a tener que hacer de guardaespaldas con el capitán porque vemos que le tiran por la borda o le pasan por la quilla. (Ayer dijo que haría un día esplendoroso y hace un día de perros).

TEXTO CULTURAL LITERARIO QUE CIERRA LA JORNADA

Por la tarde atravesamos el Estrecho de Bass, la entrada que separa el sur de Australia (la isla más grande del mundo) de la isla de Tasmania. Su anchura está en torno a los 240 kilómetros (punto más angosto) y tiene 50 metros de profundidad.
Durante la última edad de hielo el Estrecho de Bass estuvo prácticamente seco.
Las aguas del estrecho son bastante agitadas. Muchos barcos de hundieron en sus peligrosas costas (siglo XIX).
Durante la navegación divisamos la isla Rodondo y el Wilson Promontory Lighthouse. El faro se construyó en 1859 y hacía de guía a los marineros para evitar que las naves se estrellaran.

Navegando al atardecer por el mar de Tasmania desde el barco Costa Deliziosa. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.