En la calle Mayor. Alcorcón. Madrid. España. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Ahora, la ausencia,
hace acto de presencia:
hoy, curiosamente hoy, te siento.
Que caprichoso es mi sentimiento…
… Hace largo tiempo que partiste
al lugar designado -por los que soñamos con otros mundos de fantasía- como Nunca Jamás.

Todos los recuerdos que conservo de ti
están aglutinados en uno solo.
Forma una acuarela donde predominan el verde y los tonos carmesí.
Lo llamé: las flores de mi jardín doloroso.

Todas las flores que pinté para ti
me las tatué hace largo tiempo en el alma.

Sus gamas y su cromatismo infantil
simbolizan a la esperanza y al irreal rey de las hadas.

Ayer, en ese intervalo que separa la vida de la muerte,
tuve que existir en un mundo que estuvo matándome.
Mañana, cuando haya sobrepasado la antesala y me libere
despertaré al sueño eterno solo para poder volver a vivir sabiendo que tú,
eternamente estarás abrazándome.

(Dedicada a mi abuelo Antonio.
Mi abuelo fue una de las personas que más quise; una de las más importantes y que más me influenció. Fue policía y fallecería a la edad de 59 años a consecuencia de sufrir cáncer de pulmón).