Cual río imaginario que nace en Sevilla

y muere en Ciudad de México

anduviste en el mundo hasta la edad de sesenta y un años

pues la muerte te llevó tras un infarto de miocardio.

 

Aquel corazón cargado de romanticismo y sensualidad

se enamoró -sin poder evitarlo- de su solitaria soledad.

Y el amor, junto a otros sentimientos

le inspiraron a componer poemas; a componer versos.

 

Ser único, considerado maldito por su condición sexual;

hombre y poeta desdichado, todos sus demonios le abandonaron.

Incluso el mismo Dios lo haría para dejarle al amparo

de las insultantes críticas de una aburguesada e hipócrita sociedad.

 

Tras dejar la patria y todas sus raíces

como le ocurrieran a otros tantos y tantos escritores o literatos

las manos del destino -tras ponerle en los brazos del exilio-

trajo descanso al que, a mi parecer concreto, no cometió delito ni pecado.

 

Porque si pecar, es amar a una persona;

si delinquir, es no tener tus mismas ideas,

yo, igual que Luis Cernuda,

habría de dejar también, mis raíces y mi tierra.

 

He aquí que concluyo esta composición

escrita con pluma inexperta, novel y torpe:

alabada sea la Generación del 27

admirado por siglos, será tú, artista y caballero noble.

 

Y como a bien temprana edad descubriste:

“las luces siempre van acompañadas de sombras”.

De ti, asimismo aprendí,

que la muerte es la eterna compañera en el viaje de la vida.

 

          9enélope 6arlos