Jacuzzi y aparato de aire acondicionado de un hotel en Zanzibar. Tanzania. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Ahora que estoy preparando la maleta, porque en diez días nos vamos de viaje, me ha venido a la memoria la última escapada.
Hará mes y medio que Carlitines y yo vinimos de África. Fuimos a Tanzania, a visitar a la madre de Teodora. Y para los que estéis pensando, quién es Teodora. Teodora, o Teo, es mi hermanastra, que parece que me vaya el rollo de dar explicaciones de todo (que me va, que me va). Aunque los que leen mis ocurrencias deberían saber que mi padre fue algo mujeriego, y de ese ir y venir con mujeres… Pues eso, que tampoco hay que ser ingeniero “pa” hilar la historia.
Y hablando de historias, a ver si me centro en la que quiero contar.

Mi marido y yo decidimos que ya que íbamos a tierras africanas, además de visitar a Teodora, podíamos aprovechar y quedarnos una semana más y andar por allí a nuestra bola. Así que tras la estancia de siete días en la casa de la madre de mi hermana cogimos un vuelo a Zanzibar -que es una isla de Tanzania- para estar en un hotel paradisíaco y hacer turismo por esa isla conocida como La isla de las Especies.
Hasta aquí el viaje a Tanzania había ido de perlas; pero fue llegar a Zanzibar y todo se torció.

De verdad, pasa cada cosa. Yo que iba con más miedo que un “nublao” pues llevaba la idea preconcebida de que me encontraría un gitanerío… ¡Nada más lejos de la realidad! La mujer vive en un palacio. Porque tras romper relaciones con mi padre se casó con uno de los hombres más poderosos del planeta y nos recibieron y trataron como a maharajás.
-Jolines Anchoíta, qué callado te tenías esto ¿No?-. Me dijo Carlos al ver llegar al aeropuerto una carroza dorada en la que un chófer -vestido hecho un pincel y con una planta que ya la quiera para mí- nos pidió que subiéramos.
-¡La que se lo tenía bien calladito era ella!-. Exclamé. Y añadí .-Con que esas tenemos, ocultándome la herencia “jodía”. Muy bonito, ocultar esto a tu hermana. Muy bonito.
-Chica, estás en la vida porque tiene que haber de todo ¡No te enteras de nada! ¿Qué herencia te toca a ti de esto si es por parte de madre?
-Y yo qué sé Carlitines.
-Pues si no sabes para qué hablas. Agradecida tendrás que estar, a fin de cuentas la madre de tu hermana no te toca nada y ha tenido el detalle de invitarte. Qué digo de invitarte, invitarnos, porque nos ha invitado a los dos. Así que de callar, tenemos que callar nosotros.
-Llevas razón.
-Hombre claro que la llevo. A ver, piensa un poco: la mujer no tiene obligaciones contigo y mira. Esto ha venido caído del cielo, regalado.
-Y a caballo regalado no le mires el diente.
-Así mismo.

Pero como iba diciendo, la tortilla se dio la vuelta en Zanzibar.
El hotel era de todo menos paradisíaco. Y la primera decepción nos la llevamos al entrar en la cabaña y descubrir que no salía agua caliente de la ducha del baño y que no funcionaba el jacuzzi del jardín… Esa es otra, si aquello era un jacuzzi que venga Dios y lo vea. Más bien parecía un macetero gigante. Por ello me faltó el canto de un duro para ir a recepción a reclamar a la señora que atendía: oiga, vamos a ver… Y le solté la retahíla y regresé a la habitación.
A los diez minutos unos nudillos llamaron a la puerta. Abrí, eran dos negritos. Mientras que uno fue directo a ver el jacuzzi el otro entró, y agarrando los mandos del aire acondicionado y del televisor los encendió. Al poco, el que revisaba el jacuzzi entró al baño con un grifo y en un par de minutos salió con la alcachofa de la ducha. A todo esto el muchacho que tenía los mandos apagaba la tele y encendía el aire. Y entre apagado y encendido regresó el otro con un par de alicates, y dándole uno a su compañero, salieron.
-Esto no es serio-. Le dije a Carlos, que feliz de la vida estaba tumbado en la cama mirando al techo, pensando en sus cosas, supuestamente ajeno a lo que acontecía.
En esto el muchachuco que andaba con los mandos volvió a la habitación, y como si de don Erre que Erre se tratara, continuó, está vez, encendiendo y apagando el aire. Le miré, me miró; y preguntó:
-¿Algún problema?
-Hombre, tú sabrás-. Dije más mosqueada que un pavo en Navidad .-He avisado para que vengan a solucionar el problema del jacuzzi y lo del baño y te veo ahí, con una fijación con el aire…
-Okey-. Contestó. Y salió.
-¡Carlitines, haz algo coño!
-Eh, qué -.Dijo distraído.
-Nada nada. Tú a lo tuyo.
Salí. Y ahí les veo a los dos -mano a mano- uno liado con la alcachofa del jacuzzi y el otro con el aparato del aire acondicionado. Al rato el que estaba con el jacuzzi se marchó. Y el otro dijo:
-Ya está.
-¿Ya?-. Preguntó Carlos, que se había levantado de la cama.
-Sí-. Dijo el negrito.
-¿Entonces ya puedo usar el jacuzzi y ducharme con agua caliente?-. Pregunté yo.
-No.
-¿Y eso?
-No hay agua caliente.
-¿Y cuándo habrá?-. Preguntó Carlos.
-Mañana.
-Algo me dice que se toman las cosas con calma. Pues yo estos arreglos no los entiendo, pero bueno, voy a ver cómo ha quedado el baño-. Le dije a Carlos cuando nos quedamos a solas.
-De paso ve a ver también el jacuzzi-. Dijo .-Y mira si dentro está el mando de la tele porque ha desaparecido.
-Cómo que ha desaparecido el mando.
-Pues que ha desaparecido.
-¿A sí, por las buenas?
-Nooo. Por arte de magia: de magia negra.