Carátula del disco de Los Mojinos Escozíos MENÁ CHATRUÁ.

El 23 de agosto de este año (2019) Carlitines y yo fuimos a Toro, que es un puebluco medieval zamorano. Esa noche daba un concierto de música un dueto muy conocido en España, y parte del extranjero.
Y como yo soy fanática del dúo, le insistí e insistí a mi marido para que me llevara en coche, desde Madrid.
-Que sí, cansina, que te llevo-. Dijo. Y puntualizó .-Y no me vuelvas a decir: llévame a aquí o allá. Yo no tengo que llevarte a ninguna parte: vamos juntos y sanseacabó. Y ya que vamos, echamos el día y hacemos noche.
Y eso, que fuimos a Toro, que por cierto, fue pasar el letrero con el nombre del pueblo y oler a moñiga de vacas… Bendito sea Dios, tiraba “patrás”. Menos mal que enseguida aquella fragancia se disiparía que sino hubiéramos muerto allí mismo.
Bueno, y eso otra vez, que estuvimos en el concierto y lo pasé genial. Y Carlos también pues aunque no lo quiera reconocer es tan fanático como yo (o más) de ellos.

Finalizado el concierto teníamos dos opciones: cenar e ir a dormir al hostal, o picar y tomar algo por algún barecillo. Y eso fue lo que hicimos.
Y en esas estábamos cuando de pronto, y ante mi asombro, entraron por la puerta del garito los artistas que acabábamos de ver en concierto. Y tras pedir un par de cervezas se quedaron de pie en la barra del bar, charlando amistosamente, denotando complicidad.
Mirándoles, pensé que era la gran oportunidad de pedirles un autógrafo y que se hiciesen una foto conmigo; pero la intención se fraguó cuando un octogenario -ataviado con boina y bastón, que ya estaba en el bar antes que nosotros- se acercó a los músicos para decir al que lleva la voz cantante:
-Joven.
-Sí, dígame abuelillo-. Dijo este en tono jocoso girándose hacia él.
-¿Sabes quienes son esos dos pelagatos que han “estao” cantando y tocando hoy en la plaza de toros del pueblo?
-Sí claro: se hacen llamar “Culos Irritados”. Y lleva usted razón: son dos pelagatos, y melenudos.
-“Pos” a mí me gustan mucho-. Dijo el otro músico.
-No os ofendáis pero si me he “acercao” a vosotros a preguntar ha sido porque tenéis el mismo estilo que ellos, así con esos pelos y esas barbas que lleváis.
-Ya bueno; pero no se equivoque abuelillo, el hábito no hace al monje: aunque llevemos las mismas pintas que ellos no nos convierte en ellos-. Dijo el cantante.
-¡Pues a mí no me importa que me confundan con uno de los Culos Irritados!-. Exclamó el otro risueño, después de dar un trago a la cerveza.
-¡Pero si son unos mamarrachos! Y además, no se puede negar la evidencia, que como bien da a entender este señor son unos músicos de medio pelo que ni saben cantar ni bailar.
-¿Eso no lo decían de Lola Flores?-. Preguntó el anciano.
-Lo qué.
-Eso, que ni cantaba ni bailaba.
-¿A sí?
-Sí joven, sí.
-Ah. No sabía yo. Pues estos igual. Porque cuando cantan berrean como bestias que lleven al matadero y a la hora de bailar parece que les den con la vara de un avellano.
-“Pos” a mí me gustan mucho-. Repitió el otro .-Y seguro que a usted, si les escuchara y viera actuar, también.
-”Ozú” chiquillo, eres más simple que el asa de un cubo-. Le dijo el cantante riendo.
-Qué pasa, a mí me gustan mucho-. Volvió a repetir.
-Y venga el tío otra vez vuelta la burra al molino, juas, juas.
-Pues mira tú que no lo descarto, porque no creas, me pica la curiosidad-. Dijo el viejecín .-La próxima vez que vengan a Toro iré a verles, sino me muero antes, que tengo más años que el mear de pie.
-No diga esas cosas abuelillo-. Dijo el cantante .-Si se ve que está usted fuerte como un toro.
-Claro, porque soy de este pueblo, je, je, je. Pero qué majos sois. Y mira que es verdad, que las apariencias engañan, porque quién me iba a decir a mí que iba a entablar conversación con un par de melenudos como vosotros. Vosotros no sabéis pero luego aquí la gente… Uf, habla mucho-. Dijo sacando la lengua y tocándosela con un dedo .-Pero a mí ya todo me da igual, je, je, je-. Entonces sacó un teléfono móvil y mirando a Carlitines, que venía del lavabo, dijo .-Joven ¿Haces el favor y nos sacas unas fotografías?
Y ante mi asombro, mi marido pasó por delante de nuestra mesa para liarse a sacar fotos. Y también se liaría a tomar cañas con ellos, porque el octogenario se empeñó y empeñó en invitarles a los tres…
-Eso, y a mí que me zurzan-. Murmuré .-Le parecerá bonito dejarme aquí, más sola que la una, viendo y oyendo lo bien que se lo pasan. Después dirá: es que me liaron. Ya ya, me liaron.
Hombres.

(Relato tributo a Los Mojinos Escozíos).